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Fútbol con toda su esencia

Son días de fútbol, de resacas de grandes derbis, de entrenadores mediáticos y de arbitrajes cuestionados.

Pero el fútbol tiene una cara más humilde, la que no está marcada por las grandes inversiones en fichajes y las rivalidades extremas que, a veces, rozan lo insano.

El fútbol real es el que juegan los niños en el patio del colegio desde tiempos inmemoriales, el de la pachanga de un grupo de amigos en un campo que si llueve es un barrizal y si hace sol un pleno desierto. Ese fútbol es el que une y el que practican miles de personas a lo largo de la geografía mundial. Ese fútbol es el que vale la pena porque cualquier altercado en el campo se soluciona con un bocadillo de Nocilla, unas cañas o una cena compartida y sin necesidad de ir a los tribunales.

Hace unos días, en el viejo campo de Escairón, cedido por el propio Ayuntamiento, se disputó un derbi que quedará en la memoria de sus protagonistas por el buen rato que pasaron. De un lado luchó por el balón un combinado de jóvenes que habitualmente juegan al fútbol 7 y que tienen su punto de encuentro en el bar O Molinón de Monforte. De la otra banda, estaban varios integrantes de la sociedad de caza Val de Lemos que frecuentan el mismo bar.

Aprovechando el descanso de Semana Santa organizaron una pachanga y el éxito fue rotundo. Disfrutaron en el campo como enanos y la grada vibró con las situaciones insólitas que se dieron en el terreno de juego. ¿Se imaginan un Barcelona Madrid sin árbitro?. Pues aquí fue posible, no hubo hombre de negro ni de amarillo y pese a ello fue un partido limpio, sin faltas ni agresiones y mucho menos lesionados, pese a que saltaron al campo una treintena de personas, dado que se permitió hacer varios cambios con la idea de que todos jugasen. Porque ésa es la esencia del fútbol, el juego en equipo.

Los habituales del fútbol 7 vistieron camiseta roja y del otro lado, los cazadores, cambiaron las escopetas y los perros por las bermudas y las zapatillas de deporte. Su indumentaria era cuando menos curiosa y entre sus jugadores había algún internacional.

Así las cosas, el resultado fue lo de menos. Goles hubo, y bastantes, por aquello de que en la grada no se perdiese la emoción ni un minuto. El encuentro se cerró con una comida a base de jabalí que aportaron los cazadores, cuestión de reponer fuerzas.

Los dos equipos, que quedaron muy agradecidos al Ayuntamiento y a la joven que se encargó del reportaje fotográfico, ya piensan en una fase de vuelta. En concreto, se plantean la posibilidad de jugar una partida de paint ball porque los cazadores, dicen, toca jugar en su terreno, que en el primer encuentro partieron con desventaja.

El encuentro terminó con una cena a base de jabalí y los participantes ya piensan en organizar una jornada de paint ball

Fútbol con toda su esencia
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