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Fernando Amarelo: ''La emigración fue un beneficio enorme para Galicia''

FERNANDO AMARELO DE CASTRO fue durante tres legislaturas del Gobierno Fraga el máximo responsable de Emigración de la Xunta, lo que lo convirtió en una especie de Willy Fog en contacto con los gallegos de todo el mundo en la búsqueda de «integrar la política territorial de Galicia a la del exterior». Ahora, y tras varios años retirado, este chairego de verbo fácil y voz amable, se sumerge desde Muras, su tierra natal, en sus recuerdos.

Dice el saber popular que en cada rincón del mundo hay un gallego.  ¿Está de acuerdo?
Claro (ríe). Es muy real. Llegué a hacer casi 4.100.000 kilómetros en avión —algo así como dar cien veces la vuelta al mundo— para visitar todos los centros gallegos. Y fui porque los había.

¿Cuántos había?
En aquel entonces había 250 vivos. Hoy, entre centros y sociedades, habrá unos 200, de los que unos 40 están en España. Donde hay más es en Argentina, Uruguay, Venezuela, México, Suíza y Alemania.

¿Cuál es el futuro de los centros gallegos? ¿Hay riesgo de que desaparezcan con el paso del tiempo?
No, lo único que puede pasar es que se integren entre ellos, se fusionen, de ahí la disminución. Pero la vida de los centros continúa porque la juventud siempre existe y a continuación de un mayor siempre viene un joven que se integra. Ésa es la dinámica. Y cuando los atiendes, empiezan a explosionar. Hay tres secuencias: aparece la comunidad, el núcleo, que se hace asociación a través de las actividades para legalizarse respecto al país en el que están y respecto a Galicia, y de ahí surge la institución, que se conforma en un local y multiplica su actividad: cursos de danza, música, gallego, crean bibliotecas...

¿Qué papel jugaban y juegan estos centros?
Un papel muy importante. Están entendidos como centros gestores. Primero, sirven de unión de los gallegos en una circunscripción concreta; segundo, para realizar una serie de actividades y tercero, para establecer y mantener la identidad y la vinculación a una tierra a través de la cultura, las costumbres... Algo que ya establecía la ley de galleguidad, que reconoce no la galleguidad del individuo, sino la de la comunidad y por la que tan gallego es el que vive en Argentina como el que vive aquí.

¿Cómo definiría la galleguidad?
Es un sentimiento común en el que va unida la identidad de la persona y el sentir de un pueblo. El gallego exterior tiene un marco universalista, rompía las fronteras, no había impedimentos, ni de idioma ni de nada, y se integraba en un pueblo.

¿Qué presupuesto se destina a estos centros?
En aquel momento, alrededor de 800 millones de pesetas, para los trabajadores de aquí (un total de 18 en la Secretaría Xeral) y de allá y para poner en marcha todos los programas.

¿Galicia tiene una deuda muy grande con la emigración?
Mucho, porque cuando los gallegos salen, lo hacen forzados por la necesidad y porque hay que comer, y para Galicia fue un beneficio enorme. La emigración gallega fue de aldea, no de gente cualificada. Y en todas las familias emigraba alguien. Era el esquema de la cereza, que coges una y los ramilletes se enganchan y salen todas, porque se propagaba por imitación. Uno tiraba por otro. La emigración representó mucho. Después llegó el turismo y luego nació la industria, pero antes los emigrantes resolvieron grandes problemas y lo de Cuba, por ejemplo, fue paradigmático, porque demostraron un espíritu solidario feroz.

La comarca de Terra Chá guarda un gran legado de aquello...
En Vilalba, en 30 parroquias se hicieron 30 escuelas. Los emigrantes ayudaron a construir un total de 230 escuelas en el norte de Galicia. Pero no sólo eso, el asilo de Vilalba, granjas, traídas de agua en muchos concellos, la luz eléctrica... Muchas de esas cosas se consiguieron gracias a ellos.

La secretaría de Emigración dependía directamente del presidente de la Xunta, Manuel Fraga, vinculado a la emigración porque su propia familia estuvo en Cuba. ¿De ahí su buena relación con Fidel Castro?
Fraga fue engendrado allá, pero nació aquí. Sólo que después su familia volvió una temporada para Cuba y vivió allí cuatro años. Y se siente muy vinculado a Cuba porque sabe que pudo ser su lugar de nacimiento. Cuba es él y Cuba fue la que proporcionó el dinero y el bienestar a una familia en la que todos estudiaron carrera. Para todos esa tierra tiene algo especial y es sagrado. Por otro lado, Fidel es genéticamente gallego, calcado al padre, de Láncara. Y estaba loco por conocer sus raíces y de dónde procedía y lo conoció con Fraga. Las raíces de cada uno fueron las que los unieron.  

El pueblo gallego, donde como decía antes hubo algún emigrante en casi todas las familias, ¿acepta ahora la inmigración?
No podemos ponernos frente a las corrientes migratorias, que al fin y al cabo son movimientos de mano de obra debidas a que hay oferta de empleo y alguien necesita trabajar, por eso los gallegos íbamos a Argentina. Nos estamos encontrando con el mismo problema que teníamos nosotros y tenemos que estar de acuerdo porque lo hemos vivido en nuestras propias carnes. Pero hay que establecer un orden, hablamos de equilibrio de acuerdo a un movimiento de población. Se necesita un control y requiere que existan puestos de trabajo para absorberlos, que es como íbamos nosotros.

¿Que opina del voto exterior?
Prefiero no entrar en ese debate. Hay distintos criterios y varios problemas. Uno es la forma de voto, cómo se hace, para la que aún no hay acuerdo, y otro es el ámbito, para las municipales, las autonómicas o las estatales, donde hay distintos criterios. Lo que hay que diferenciar es que hay personas que tienen el ‘Ius soli’ o derecho del suelo, que han nacido en Galicia y siempre tienen derecho estén donde estén. El otro es el ‘Ius sanguinis’ o derecho de sangre, que son los descendientes que tienen reconocida la nacionalidad pero entre los que hay muchos que nunca vieron Galicia.

¿Podrían politizarse los centros?
No. Los centros ya funcionaban antes y seguirán haciéndolo.


EN CORTO
«Muras se ha actualizado, pero sigue siendo la misma tierra»
Si tuviera que escoger un centro gallego, ¿con cuál se quedaría?
El de La Habana, sin duda, que es el Palacio del Centro Gallego, un edificio que impresiona.  

¿Un país?
Tengo varios: Cuba, Área de Plata (Argentina y Uruguay) y Brasil.

¿Tiene contacto con los centros?
Con algunos sí, aún me carteo con gente, y otros te entregan de vez en cuando un reconocimiento que hace que mantengas el contacto, como hace 15 días en Sevilla. Es el reconocimiento a una obra bien hecha desde Galicia, no a una persona.

Fue nombrado Hijo Predilecto de Muras en el año 1997, ¿qué relación mantiene con su localidad natal?
Ejerzo de hijo predilecto. Vengo a menudo. Muras ha cambiado y se ha actualizado a los tiempos de hoy. Es como la noche y el día de lo que era, pero es la misma tierra.

Actualmente vive en Ferrol, ¿a qué dedica el tiempo libre?
Escribo alguna cosa pero me dedico a ser abuelo porque no fui buen padre. Cuarenta y pico años trabajando restaron mucho tiempo a la familia.  

¿Un grupo de música?
Fui un gran admirador de Milladoiro.

¿Una comida?
Me gusta todo, pero si tengo que elegir al final me quedo con un buen caldo y un cocido.

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