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Eterna guerra del gasóleo

Fila de vehículos. EP
Fila de vehículos. EP

HABLEMOS de casta. De esa a la que casi nunca se le hinca el diente. Toquemos hueso por una vez. No hace falta salir de Galicia, a pesar de que no seamos una potencia petrolífera. Para empezar, basta con dejarse caer por la exposición del cincuenta aniversario de la refinería de Repsol, que está abierta al público en A Coruña. Allí, cualquier mortal podrá comprobar qué es lo que producen esas instalaciones que ahora celebran sus cincuenta años. Pues, básicamente, en un 50%, se trata de gásoleos, por un 15% de gasolinas. Para hacernos una idea de su magnitud, en un minuto la refinería coruñesa produce 5.000 litros de gasóleo, equivalentes al consumo de un camión durante tres viajes entre Galicia y Madrid o al consumo de un edificio de 25 pisos. Otro dato contrastable: los 3.000 litros de gasolina que genera por minuto suponen el consumo de un automóvil durante cuatro años. La cercanía de una de las nueve refinerías que existen en España no impide que Galicia tenga el combustible más caro de todas las comunidades, solo por detrás de Baleares, cuya insularidad explica en gran medida ese triste récord.

Vayamos ahora a la carretera, en un viaje imaginario desde la refinería. ¿Qué nos encontramos? Pues que Galicia está tomada por gasolineras de Repsol, propias o abanderadas, directamente controladas por la compañía o a través de sus filiales Campsa y Petronor. ¿Cuál es su peso sobre el total de las prácticamente 670 estaciones de servicio repartidas por la comunidad gallega? Pues nada menos que un 44,4% de las gasolineras gallegas tienen algo que ver con Repsol, muy por encima de ese deseable 30% de cuota al que aspira la Xunta. El caso de Lugo, con un 51,6% de estaciones de Repsol, es el más llamativo, seguido de Pontevedra, con un peso del 49,5%. Entre tres grupos (Repsol, Cepsa y Galp) se reparten siete de cada diez gasolineras abiertas en Galicia.

¿Es posible mayor nivel de concentración en el mercado del petróleo? Pues sí. Repsol y Cepsa controla el 93% de la capacidad de refino de este país, donde hay tres operadores (se suma BP) para nueve refinerías. En el caso alemán, por ejemplo, sus trece refinerías se reparten entre nueve operadores. ¿Se puede pedir más? Por supuesto. La red de transporte, como el oleoducto que une A Coruña y Vigo, es propiedad en régimen de monopolio de CLH, en cuyo consejo de administración se sientan los principales operadores, por supuesto los tres que tienen capacidad de refino: otra vez Repsol, Cepsa y BP. Estamos, pues, ante un enemigo identificado si lo que queremos es que Galicia deje de ser una de las pocas comunidades en las que el gasóleo, por ejemplo, sigue por encima del euro por litro, situación en la que también se encuentran Asturias y Baleares. Y todo ello, antes o después de impuestos, da exactamente igual.

La caída del precio de los carburantes es nueva, en consonancia con el descenso de la cotización del petróleo a escala internacional, que todo parece indicar se acentuará en los próximos meses, pero la situación (ese oligopolio que se enfatiza en Galicia frente a España) es la de siempre. Además, las grandes petroleras hacen algo similar a los bancos cuando toca trasladar una rebaja de tipos a las hipotecas: siempre llegan tarde. Y, de momento, la rebaja del precio del petróleo no se nota en absoluto en los bolsillos, excepto en las cuentas de resultados de esos mismos operadores que siguen aumentando sus márgenes.

No es nuevo este oligopolio, tampoco lo son las advertencias del Consello Galego da Competencia, que hizo el año pasado un demoledor informe revelando esta situación. A partir de ahí, en junio, la conselleira de Facenda, Elena Muñoz, entregó, a modo de denuncia, las conclusiones del estudio a la Comisión Nacional de Mercados y Competencia. Y desde entonces. En teoría, el órgano supervisor incorporó los sangrantes datos del panorama gallego a sus investigaciones sobre el pacto de precio en el sector. Todavía esperamos.

También esperamos, ahora más que nunca, un decreto de pseudoliberalización para la instalación de estaciones de servicio. Corre a cargo de la Xunta, y lleva casi un año en el cajón. En este caso, como casi todo en la vida, el mercado va mucho más rápido que la administración. Facilitar la instalación de gasolineras independientes es un camino obligado, ahora más que nunca, como lo debería ser la creación de una central de compras entre esas mismas estaciones de servicio, y una mayor supervisión de las relaciones entre los grandes grupos con sus abanderados, por unos contratos de exclusividad que sugieren, ilegalmente, precios. Estamos ante un lobby. Y a estas alturas ya no tenemos casi nada que perder.

Inditex, a lo suyo y al margen de la familia

Como un trasatlántico, Inditex sigue su rumbo, y semeja intratable ante cualquier golpe de mar que pueda llegar a alterar, que lo ha hecho, la vida de la familia que controla su accionariado, empezando por Marta Ortega y acabando por su padre, Amancio. Ese gigante traza ahora una singladura que le llevará a entrar de lleno en el mercado norteamericano, al que en Arteixo han dado desde hace años mucha más importancia que al asiático, aunque no lo parezca. En Estados Unidos, donde la compañía gallega se ha dejado nada menos que 237 millones para adquirir otro emblemático establecimiento de Zara en pleno Soho neoyorquino, libra Inditex la batalla de futuro frente a otras multinacionales, como la japonesa Uniqlo, embarcada en un fuerte proceso de expansión. Pablo Isla, el presidente, ejerce, pero aunque públicamente no lo reconozca, mantiene un ojo puesto en todo cuanto pasa en el entorno de la familia propietaria.

La separación de Marta Ortega, propagada con mayor o menor acierto por los medios por la simple exposición que ella misma eligió cuando optó por la hípica, no altera el rumbo de Inditex, pero invita a pensar en el futuro de la primera multinacional textil del mundo, y los difíciles encajes a los que tendrá que hacer frente Amancio Ortega. No debería pasar desapercibido el reciente acercamiento, después de años, entre el fundador de Zara y su hija Sandra, fruto de su matrimonio con la fallecida Rosalía Mera. Sandra, titular de algo más del 5% de Inditex, es su segundo accionista, y apenas mantiene relaciones con su hermanastra Marta. Hasta ahora. Ambas, de alguna manera, están llamadas a entenderse.

FERNANDO RESTOY
El Frob, más rácano que nunca, revisa los fallos de preferentes

El fondo de reestructuración bancaria no da puntada sin hilo. Eso sí, cuando tiene que ganar dinero, como esperar a 2017 para lograr rentabilizar lo invertido en Novagalicia siguiendo el plácet de Bruselas, es mejor mirar para otro lado. Por ejemplo, a la calle Alcalá, sede de Economía, y a ver qué dice Luis de Guindos. Lo cierto es que, ahora, una vez subastada la entidad y garantizado al comprador el pago de cualquier eventualidad derivada de reveses judiciales, se pone estupendo y saca a concurso la revisión de las sentencias favorables a los preferentistas. Y dale con los ahorradores gallegos, que en gran medida fueron víctimas de una estafa descomunal. Fernando Restoy, presidente del Frob y subgobernador del Banco de España, decide revisar 11.000 expedientes. ¿No será que hay que rascar donde sea con la que se avecina tras el fiasco destapado con la salida a Bolsa de Bankia, que va a costar un ojo de la cara al Estado? En fin.

JOSÉ MANUEL VARGAS
Aena sale a bolsa y deja en el aire a los aeropuestos gallegos

Lo suyo son los medios de comunicación, pero el sector público empresarial, esa tierra de nadie de la política que siempre es garantía de buenos sueldos y relaciones, ha llevado a José Manuel Vargas Gómez a la presidencia de Aena, el operador aeroportuario que está en la antesala definitiva de su privatización. La operación, rocambolesca donde las haya tras las fuertes discrepancias entre Fomento y Economía sobre el rol de los auditores, se adelanta a las primeras semanas de febrero. El 28% que saldrá a la venta se suma al 21% que ya tienen en sus manos los Del Pino (Ferrovial), los March y un fondo británico. A partir de ahora, si queremos saber algo sobre la siempre pendiente coordinación aeroportuaria en Galicia ya sabemos a quien tenemos que preguntar. La Xunta y los concellos de Vigo, A Coruña y Santiago cada vez pintarán menos en el futuro de las terminales.

(Publicado en la edición impresa de El Progreso el 10 de enero de 2015)

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