En el diván del psiquiatra

Hay países que ante la menor adversidad se preguntan qué les sucede y realizan gran introspección colectiva. Francia por ejemplo ha dado muchas portadas periodísticas y muchos debates de este tipo. Otros que se encierran sobre sí mismos, como cabría interpretar el pesimismo hispano del 98. En Galicia quizás fuese necesario decidir si es urgente sentarse colectivamente ahora mismo en el diván del psiquiatra y analizar el desmoronamiento de pilares fundamentales sobre los que imaginábamos el futuro. El debate con rigor, mal que les pese, no está en el Parlamento, ni lo plantea la oposición, perdida en un lenguaje radicalizado y en agitar tormentas. Las cajas han desaparecido. El Pastor está integrado en el Popular. Pescanova entra en una vía que genera grandes dudas sobre su futuro. El Banco Gallego lo adquiere un banco catalán. Habría que preguntarse qué está sucediendo aquí, qué se ha hecho mal en estas décadas de autonomía y qué posición colectiva se debe adoptar para generar esperanza real en las posibilidades del país. Los navajazos políticos de quítate tú que me pongo yo no afrontan la cuestión de fondo. El lenguaje apocalíptico nada bueno va a generar. Pero los datos están ahí. El desmoronamiento real de pilares fundamentales para la construcción económica del país desaparecen. Se los lleva este tsunami económico actual. Pero estas caídas en cadena demuestran que no se construyeron sobre bases sólidas. Probablemente nunca existió un proyecto de país, ante la primacía del corto plazo político que impone a los partidos la busca y captura del voto. Prima contratar e inaugurar antes de las elecciones, con independencia de un objetivo sostenible y a largo plazo. Prima la subvención y la ayuda que aporta votos. Ante tanto indicador negativo es tiempo de psicoanalizarse y generar una esperanza colectiva.

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