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El patinazo andaluz de Feijóo

En su apuesta por boicotear la fusión, Caballero y Pachi Vázquez aprovecharon el error del presidente de la Xunta, mientras crece la inquietud en el PSdeG.

''¿Alfonso (Rueda) estaba ya en el avión?'', preguntaba Feijóo el jueves, al final de la rueda de prensa del Consello da Xunta. La súbita suspensión de la reunión de Madrid entre la Administración gallega y el Gobierno central constituye uno de los capítulos más esperpénticos de las relaciones entre ambas instituciones desde que se instauró la autonomía en Galicia. El secretario de Estado de Cooperación Territorial, Gaspar Zarrías, avisó de la desconvocatoria de la sesión al conselleiro de Presidencia, Alfonso Rueda, cuando éste se hallaba en el ascensor para dirigirse al aeropuerto de Lavacolla.

El alcalde de Vigo, Abel Caballero, y el secretario general del PSdeG-PSOE, Pachi Vázquez, habían ganado el pulso para reventar una negociación que en los primeros días de esta semana parecía encaminarse al acuerdo. Como disculpa utilizaron la baza que les brindó el presidente de la Xunta con el error que cometió el lunes en Bilbao, cuando dijo sobre la ley de cajas que ''si a Gaspar Zarrías le gusta más la andaluza que la gallega, la podemos copiar''. Pero la norma andaluza le sirve a la Xunta para algunas cosas, como la de poder vetar alianzas con entidades foráneas, pero no para otras, como la de acometer rápidamente la renovación de los órganos de Caixanova, de modo que acepte fusionarse con Caixa Galicia.

En el PP son conscientes de la equivocación, aunque aducen que de no haberse producido, el PSOE habría buscado otra forma de reventar el diálogo. Sin embargo, lo cierto es que involuntariamente Feijóo le facilitó a Caballero y a Pachi su labor de zapa constante en contra de un pacto que propicie la retirada del recurso de inconstitucionalidad presentado por el Gobierno central.

En la Xunta, los optimistas creen que Caballero y Pachi sólo lograron retrasar lo inevitable. Y los pesimistas se preparan para ir a la guerra con el Gobierno central. La duda reside en si la posición de la Xunta, avalada por el BNG, los sindicatos y la patronal, no se estará debilitando en las negociaciones en Madrid. Y si la Xunta no debería ir ya a por todas, empezando por forzar la jubilación de Fernández Gayoso.

En el PSOE crece la inquietud, sobre todo en A Coruña, a la vista del peligro de que Caixa Galicia acabe siendo absorbida por Caja Madrid, tras no poder fusionarse con Caixanova. Y los dirigentes socialistas gallegos con más visión están muy preocupados, ante el temor de que sobre su partido caiga el estigma de aparecer como el principal responsable de que Galicia se quede sin cajas.

El BNG sucumbe ante la provocación lingüística de Pedro Arias
Fraga pedía a sus diputados que hablasen en gallego en el Parlamento. En cambio, Feijóo deja hacer a Pedro Arias, quien utiliza el castellano para provocar. El miércoles el BNG cayó en esa provocación y abandonó el pleno cuando hablaba Arias, tras sacarle carteles con el reciente acuerdo sobre el uso del gallego. El Bloque le hizo el juego a Arias, que fuerza la situación para mostrar la supuesta imposición del gallego.

UPyD se suicida en una nada propicia Galicia
Galicia ya no era un país propicio para Rosa Díez. Su partido, UPyD, sólo logró el 1,4% de los votos en las últimas autonómicas, a pesar de contar con algún apoyo influyente. Tanto en las europeas del 2009 como en las generales del 2008, UPyD obtuvo en Galicia su tercer peor resultado autonómico, sólo por encima de los de Canarias y Cataluña. Apenas en el área metropolitana coruñesa alcanzó cotas apreciables.

Con sus palabras ante un Iñaki Gabilondo impasible, Rosa Díez se retrató. Y lo hizo todavía más al profundizar en su disparate, al negarse a rectificar. El oportunismo que ha caracterizado su trayectoria desde el PSOE al ultraespañolismo populista invita a pensar que si su posición en Galicia fuese otra, su calculadora electoral le habría impulsado a buscar una salida digna. Pero le da igual.

Díez jugó un papel relevante en el alejamiento del PP de Feijóo de los postulados lingüísticos de Fraga. En los debates en el grupo parlamentario popular en la anterior legislatura, Feijóo justificó ese cambio por el temor a que UPyD le arrebatase votos decisivos. Sin embargo, la encuesta postelectoral del CIS y la propia lógica del resultado final indican que Díez le quitó más electores al PSOE que al PP, aunque se trata de un movimiento producido a una escala tan reducida que su evaluación es complicada.

Pero en el PP seguían viendo a UPyD como una amenaza, que sobre todo esgrimían los dirigentes urbanos que consideran muy blando el nuevo decreto del gallego. Advertían de que Gloria Lago, la líder de Galicia Bilingüe, podría acabar fichando por el partido de Rosa Díez. Ahora en el PP gallego creen que Díez ha desbaratado sus opciones de crecimiento.

Parlamento. El verdadero escándalo de los diputados
Lo escandaloso no es lo que cobran los diputados gallegos, sino lo que hacen por lo que cobran. El nivel de los debate es bajísimo. Sólo hay que escuchar lo que comentan ellos mismos cuando salen del hemiciclo. Salvo honrosas excepciones, allí dentro aplauden, aprietan el botón de votación, repiten las consignas que les dan y adulan al líder.  También resulta especialmente sangrante que casi la mitad de los ingresos de los diputados esté exenta de tributación fiscal. Así le dan argumentos de peso a los poderes interesados en desacreditar la actividad política.

Kilometraje. Una sucesión de despropósitos
''Soy una persona honrada'', proclama desde Madrid la socialista Laura Seara mientras la derecha intenta poner como ''ejemplo de honradez'' a Rodríguez Miranda, quien, por cierto, no habló en el último pleno por primera vez en esta legislatura. El escándalo del kilometraje es una sucesión de despropósitos que arranca de la discordancia entre lo que dice la norma, que establece el pago por kilómetro recorrido ''en vehículo propio'', y la aplicación que se hacía, como una compensación automática y generalizada.

PP-PSOE. Tiempos de disparar y después preguntar
Para derribar a Touriño Feijóo puso el listón moral muy alto, pero no se preocupó por aplicarlo a las filas populares tras ganar las elecciones. Y apareció un jefe de la oposición, Pachi Vázquez, que primero dispara y después pregunta. En este contexto el PSOE, con la destacada intervención de Ricardo Varela, se lanzó a por Miranda sin importarle que el ataque se le volviera en su contra. Así creció el escándalo del kilometraje entre PSOE y PP, con el BNG al margen, porque nadie se ha metido con él.

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