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El oasis que frenó el fuego en Negueira de Muñiz

Una casa en Ernes, con el monte quemado al fondo
Una casa en Ernes, con el monte quemado al fondo
Ernes. En la zona más innaccesible del despoblado ayuntamiento, esta pequeña aldea de poco más de 20 habitantes se revela como un ejemplo fehaciente de que la mejor política de prevención de incendios pasa por dotar de vida humana el medio rural

La aldea de Ernes, en el despoblado municipio de Negueira de Muñiz —215 habitantes repartidos en 72,3 kilómetros cuadrados— es un soplo de aire fresco en la Galicia más profunda, la más inaccesible, la más despoblada y la más olvidada. Ante un incendio como el que afectó a la zona desde la madrugada del domingo 15 al miércoles 18, cuando se declaró oficialmente extinguido, casi lo más normal y trágico es que las llamas hubiesen devastado las casas, pero aquí se dieron varias circunstancias que lo evitaron.

En una Galicia interior altamente envejecida, Ernes es una de las aldeas gallegas con una población joven que, mayoritariamente, se dedica a un tipo de agricultura ecológica y defensora de los bosques autóctonos.

"Se a aldea chega a estar deshabitada ou nun lugar de poboación máis avellentada, as chamas avanzarían sen control e, posiblemente, chegarían á beira do encoro", reflexionaba uno de los brigadistas que participaron en las tareas de extinción de un fuego que finalmente arrasó 1.100 hectáreas de terreno, la mayoría pinares y monte raso.

Pero para conocer la realidad de Ernes y de otras aldeas de su entorno, como Cancio, Foxo, Vilauxín o Pena da Nogueira, que suman en total a más de medio centenar de vecinos, es necesario conocer la propia historia de Negueira. En 1953, el embalse de Grandas de Salime dividió por completo el municipio, los vecinos de estas aldeas quedaron totalmente aislados y, tras ser declarada la zona como inhabitable, muchos de ellos optaron por abandonarlo todo y trasladarse a Terra Chá, donde hoy aún se les conoce como los colonos de Negueira.

En los años 80 esas casas abandonadas, a las que únicamente era posible acceder en barca, fueron poco a poco ocupadas, con el consentimiento de sus propietarios, por jóvenes procedentes de los lugares más dispares, que buscaban un modo de vida alternativo. Estos hippies se adueñaron de la zona, aunque hoy, transcurridas más de tres décadas desde la llegada de los primeros y cuando ya vive aquí la segunda generación, el término no les gusta nada ni se les ajusta en la actualidad.


Los vecinos piden que la repoblación de los terrenos quemados se haga según criterios medioambientales y no económicos

"Esto nunca foi sexo, drogas e rocanrol", dice Luz, una mujer de origen belga que es miembro de la cooperativa Ribeira do Navia, especializada en la comercialización de conservas vegetales, mermeladas o zumos, además de en la construcción ecológica. "As persoas que vivimos nesta parte do municipio non somos bichos raros, senón que apostamos por un modo de vida no rural. Rehabilitamos as casas sempre co consentemento dos donos e traballamos e cultivamos a terra para sacar o necesario para vivir, pero respectando sempre o autóctono e os ciclos naturais", explica.

Sobre la noche en la que el fuego asedió la aldea, Luz tiene claro el motivo por el que las llamas se quedaron a pocos metros de las casas. "Na parte alta do monte, repoboada con pinos, as chamas alcanzaban unha gran altura ao chegar ás copas das árbores polo que non había forma de controlalas, mentres que o bosque máis cercano ás casas estaba formado por especies autóctonas de folla caduca. Este feito fixo que as chamas avanzasen a ras do chan, polo que extinguilas era máis fácil. Ademais, está o feito de que a terra cultivada non arde e aquí nós cultivamos cerca das casas todo o que producimos", asegura.

A unos kilómetros de Ernes, en la aldea de Escanlar, en lo alto del monte Busbeirón, las ruinas de las casas que formaban el pequeño núcleo quedaron totalmente calcinadas y solo se salvó la única habitada, un pequeño albergue turístico. Flor, su propietaria, explica que la razón de este "milagro" está en el hecho de que como la calefacción y el agua caliente las obtiene a través de la energía solar, "la finca la tenemos limpia para que los paneles sean más efectivos. Eso fue lo que nos salvó, a pesar de que llegamos a estar totalmente rodeados por el fuego".

La colaboración vecinal también fue fundamental en los primeros momentos, sobre todo, cuando los servicios antiincendios, desbordados por la cantidad de frentes activos esa jornada, tardaron más de doce horas en poder llegar al de Negueira.

Ernes se libró así con mínimos daños de un incendio que pudo haber sido devastador, aunque los habitantes ven el futuro con cierta preocupación.

El monte que ardió está dividido en parcelas que son propiedad de esos colonos de Terra Chá que no viven en la zona. "Terá que ser a Administración a qué decida con que especies repoboar, pero esperemos que nesa decisión primen os intereses medioambientais sobre os económicos", afirma otro vecino de Ernes, quien, como otros muchos, asegura que este incendio, "non fará que nos vaiamos deste paraíso".

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