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El lugar donde lo complicado es elegir mal playas

Playa de Arealonga, en Barreiros.
Playa de Arealonga, en Barreiros.

QUE dios creó al hombre a su imagen y semejanza es un hecho que todavía está por comprobar, pero lo que es absolutamente innegable es que la Naturaleza lucense ideó las playas de A Mariña como un fiel reflejo de su propia esencia. La provincia concentra un marco paisajístico heterogéneo, misceláneo, más propio de un extenso país que de una región concreta. Cumbres nevadas y plácidos valles adornan su geografía, y el diseño de su costa se rige exactamente por el mismo patrón. Las playas de la costa cantábrica lucense son como detalles de un pincel que jamás tocó el agua, únicas, diferentes, como si cada una de ellas estuviese pensada exclusivamente para cada consumidor, con calas tranquilas y concurridas riberas, mares abiertos y aguas calmas, playas urbanas o monumentos remotos. Las posibilidades son variadas desde O Vicedo hasta Ribadeo, y es difícil imaginar a alguien que no encuentre su sitio en alguna de estas pequeñas fracciones de ambrosía.

Un trovador contemporáneo narraría la épica batalla entre viento, mar y rocas que desembocó en la playa de As Catedrais, o quizás el continuo desfile que tiene lugar en A Rapadoira durante los meses de julio y agosto. Estos lugares merecen cada una de las notas de estas ilusorias canciones, sin embargo la zona occidental de A Mariña esconde uno de los paraísos silenciosos de la costa lucense que podría llenar cientos de libros de partituras. Las playas de O Vicedo aún resisten a la aglomeración, y a pesar de que se encuentran ya formando parte del mapa, sus secretos todavía no han sido desvelados en la leyenda.

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