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El interés de la niebla

Cada vez me aburro más cuando estoy con gente

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ENFRENTE TENGO la permanente niebla, la niebla en Cañoles. Los jirones —y ya siento yo también usar esta expresión tan típica, pero qué quieren que haga si no parecen sino jirones— que bajan y cruzan el monte a media altura son como humo. Y lo que ocultan, extraordinario y misterioso. Y si hay alguien allí, entre los árboles, debe de ser de otro mundo o, como mínimo, de otro tiempo.

Hace ya muchos años que leí La isla de los jacintos cortados, pero creo que es en ella donde Torrente Ballester hace decir a un personaje que cuando ya no nos interesa el día a día de alguien es que lo hemos dejado de querer. Ese personaje comprende con tristeza, así, que su amor no es correspondido: cuando ella no solo deja de preguntar sino que ya no le escucha, cuando ya solo es él el que quiere saber qué ha pasado a lo largo de la jornada.

El descubrir que alguien es interesante puede conducir a la amistad, por supuesto; como al amor. Y luego puede suceder lo contrario: lo que le ocurre nos interesa por suyo, no por interesante. Hay un ejemplo aun mejor que el de los enamorados: el de los hijos. Ejemplo dolorosamente asimétrico, porque las preguntas suelen salir solo de una parte. Pero donde actúa más claramente como señal de alarma es sin duda en la pareja, en la que los detalles que resultaban encantadores pasan a ser monótonamente insulsos.

Cada vez me aburro más cuando estoy con gente. No me miren así, qué más quisiera yo que no aburrirme. No hay nada más importante que los demás, toda mi vida, mi estabilidad emocional y mental se asientan en quienes más me importan; pero, conforme pasan los años, ese núcleo fundamental lo rodeo —hablaba el otro día de la teoría de la cebolla— de un modo más peculiar, más personal, más exigente o simplemente más rallante. Será la edad. Y los que no juegan con ventaja por ser quienes son, lo hacen en desventaja. He pasado de ser alguien interesado por casi todo a que casi todo me canse. Y aun encima, cada vez me gusta más estar solo, me gusta lo que hago y cómo lleno el tiempo por mi cuenta, y cualquier alternativa tiene que competir con eso; y a menudo pierde. No es tan fácil ser más interesante que unos jirones de niebla.

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El interés de la niebla
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