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El examen sin fin de Orozco

SI HAY UN EXAMEN que inquietaba al profesor José López Orozco era el resultado de las investigaciones ordenadas por la jueza Pilar de Lara y que permanecían secretas hasta este martes, cuando todas las partes recibieron una copia actualizada del sumario. El anuncio de que solo un día antes de Nochebuena se iban a conocer las pruebas que llevaron al alcalde de Lugo a ser imputado en la operación Pokemon por varios delitos podría interpretarse como que alguien trataba de arruinarle la Navidad a él y a su familia. Sin embargo, como quiera que no hay nuevas evidencias más allá de los testimonios y grabaciones ya conocidas, Orozco declaró, con esa euforia contenida de quien cree superado el examen, sentirse «máis aliviado».

El alcalde, seguramente influenciado por sus cotizados abogados madrileños, puede que tenga esas sensaciones tras comprobar que la jueza del caso, después de dos años de investigación, interrogatorios y análisis de documentación, solo dispone de relatos de personas que aseguran que Orozco estaría al tanto de las irregularidades en el Concello, pero a los que también les podría mover un interés por descreditar al regidor socialista. Ni siquiera dos grabaciones en las que se escucha a Orozco y con las que se intuye que el regidor habría ejercido de mediador con empresas concesionarias para facilitarles trabajo a parados parece que puedan ser contundentes y solo servirían para demostrar que el sistema de concesión de los servicios públicos tiene mucho que mejorar para evitar el conchabeo entre políticos y empresas.

El resto de las argumentaciones para inculpar a Orozco solo justificarían un castigo contra el regidor socialista por haber confiado puestos tan importantes en su gobierno como los que ejerció Francisco Fernández Liñares, quien sí se confesó autor de fechorías propias de quien accede a la política solo para lucrase.

Además, el striptease fiscal al que fue sometido por Hacienda tanto Orozco como su familia tampoco demuestra de momento un incremento patrimonial más allá del propio de un catedrático de instituto, dado que como alcalde no vio mucho más elevados sus emolumentos que si hubiera seguido como profesor. Y aunque todavía es pronto para tirar los cohetes, el regidor sabe que al menos de momento podrá afrontar su campaña para tratar de acceder a un quinto mandato sin verse salpicado más que con acusaciones de terceros o insinuaciones.

Eso sí, otra cosa es lo que piense el electorado de toda la polvoreda que ha levantado la operación Pokemon y de la imagen trasmitida de un Concello donde las empresas concesionarias lograban los contratos valiéndose de favores, que luego pagaban en sobre o colocando a dedo a recomendados y donde algunos funcionarios se valían de su puesto para hacer negocio por fuera. Todo eso puede que ocurra sin que uno se entere, como así atestigua Orozco, pero aun así, no está claro que el votante dé por buenas las explicaciones y es ahí donde incidirán los rivales del socialista para tratar de restarle crédito electoral.

El alcalde, que seguramente continuará con las tres imputaciones que acumula por este caso en el momento en el que se celebren las elecciones municipales, centrará su campaña en presentarse como un gestor con experiencia y dedicado por entero a su ciudad, unos argumentos difíciles de rebatir si se conoce a Orozco, aunque tampoco demuestran que otros no lo puedan hacer mejor.

Además, el regidor tendrá en los próximos meses la capacidad de gestión que le aportan unos presupuestos que podrá aprobar el próximo martes en junta de gobierno aunque la oposición se los tiren el lunes en el pleno. También podrá enseñar las obras aprobadas en los últimos meses con cargo al remanente de años anteriores, a pesar de que algunas como el acondicionamiento de la Ronda das Fontiñas tuvieron una dilación solo achacable a una administración que funciona a trancas y barrancas.

Todo lo bueno y lo malo de la gestión de Orozco, unido a la cuestión Pokemon, será colocado por los lucenses en una balanza en la que el contrapeso lo aportarán una oposición que durante 15 años ha tenido que convivir con el socialista y que, pese a cambiar de caras, nunca consiguió doblegarlo, y puede que también las candidaturas emergentes que se están gestando a través de mareas y que, de no cuajar pronto, solo conseguirán marear al personal.

Esas elecciones serán un examen más para Orozco, aunque nada comparable al que se ha visto sometido desde que aquel 20 de septiembre de 2012 estallase esa operación judicial que, más que pokemons en evolución, nos mostró a sinvergüenzas de todo calibre y nos hizo sospechar hasta del que pintaba ser el más honrado.

El examen sin fin de Orozco
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