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El comercio rural se reinventa

TABERNAS TRADICIONALES A LA ÚLTIMA

El comercio tradicional del medio rural lucense, las tabernas en las que se podía encontrar de todo, se están adaptando al siglo XXI, reinventándose sin olvidar las nuevas tecnologías, pero sin perder su esencia.

un siglo de historia está labrado en las piedras de algunas tabernas tradicionales de las parroquias rurales en la provincia de Lugo.

No son muchas, porque la despoblación y el envejecimiento dificultan su pervivencia en numerosos lugares. Sin embargo, sus pilares parecen dispuestos a continuar registrando el paso de los años, adaptándose a una nueva época, el siglo de las nuevas tecnologías, de los ordenadores e internet, pero manteniendo esa esencia de lugar de reunión de los vecinos, frente a la chimenea y tomando un vino.

La red de Comercio Rural Galego, promovida desde finales de la pasada década por la Xunta, ha permitido la recuperación de antiguas tabernas, alguna de las cuales ya habían echado el cierre. Concretamente, en la provincia de Lugo forman parte de esta red nueve establecimientos, en otros tantos municipios.

Estos locales con solera han sido restaurados con ayudas públicas. Arquitectónicamente, las obras mantuvieron y resaltaron los elementos más identificativos de los edificios, evitando cambios que pudiesen alterar la originalidad de los establecimientos.

En cuanto a la filosofía del negocio, se mantiene la tradición. En estas tabernas, además de la tasca donde echar la partida o hacer la tertulia, se puede encontrar prácticamente de todo en el ámbito de la alimentación, destacando los productos autóctonos y ecológicos, y, en algunos casos, de la droguería, ferretería o mercería.

La tradición se completa con una nueva oferta. Todos los establecimientos tiene ordenadores con acceso a internet, servicio de fax y pago con tarjeta.

Además, disponen de una sección de artesanía gallega, entre la que destaca la cerámica, con piezas de maestros de distintos puntos de Galicia.

Algunos establecimientos han completado su oferta con otros servicios, como restaurantes, fundamentalmente.

Cuatro propietarios de estas tabernas, emblemáticas en sus municipios, cuentan su experiencia al frente de negocios actualizados, pero que en la mayoría de los casos ya pertenecían a su familia desde hace varias generaciones.

PROTAGONISTAS

Rocío Gasalla

Casa Zapateiro Bretoña (A Pastoriza)

''Abrimos 14 horas ó día e, por tradición, mantemos unha sección de zapatos''

Rocío Gasalla es la responsable de Casa Zapateiro, en Bretoña (A Pastoriza), una antigua taberna con más de un siglo de historia y muy conocida en la zona. Se hizo cargo hace tres años del negocio que explotaba la familia de su marido desde hace tres generaciones, después de acogerse a las ayudas de la Xunta y ejecutar un proyecto para transformar el local.

«Antiguamente, ademais da tenda e o bar, tiñan outros servicios, como a pesa á que viñan os gandeiros cos xatos e tamén había habitacións e comida, en plan fonda. Daquela, había varias na vila, pero no Zapateiro tamén tiñan unha pista de baile. Ademáis o avó era zapateiro e a tradición mantívose no tempo. Agora temos unha pequena sección, fundamentalmente zapatillas e tenis», explica Rocío.

La encargada de Casa Zapateiro se muestra satisfecha con el funcionamiento del conjunto de negocios que abarca su antigua taberna. «O peor é que son moitas horas de pé atendendo o bar, a tenda e todo o demais. Abrimos as oito e media da mañá e non pechamos hasta as dez da noite, todos os días. Só pechamos o domingo pola tarde, que falta fai», se queja con cierta resignación.

Como ocurre en la mayoría de estos establecimientos, «a clientela é casi fixa. No pobo somos poucos e moitos son os nosos clientes de toda a vida; os de sempre».

Para Rocío Gasalla, que antes de dedicarse a la taberna trabajaba en el sector ganadero, «esta e unha boa forma de afianzar a poboación nos concellos rurais, porque é unha oportunidade para vivir neste medio ó marxe da gandeiría ou a agricultura, que parecen as únicas saídas».

Manuel Lozano

Casa Paca Xermar (Cospeito)

''Resúltanos moi difícil competir cos supermercados''

Casa Paca es un establecimiento emblemático en el municipio de Cospeito. Creado hace más de cincuenta años por los padres de su actual propietario, Manuel Lozano, esta antigua taberna, ubicada en Xermar, fue rehabilitada hace dos años, con una subvención de la red de Comercio Rural.

El establecimiento dispone de bar, ultramarinos, sección de artesanía, con los trabajos de cinco ceramistas de la zona y de otras partes como Bonxe, Viveiro o A Coruña, y nuevas tecnologías.

«O local xa o tiñamos, porque era dos meus pais e, cando se convocaron as axudas, decidimos embarcarnos no proyecto», explica Lozano, que añade que «é importante manter este punto de encontro social, para que os veciños non perdan o contacto. Somos o único establecemento deste tipo que queda na parroquia, polo que Casa Paca é un pouco o local social no que se reúnen todos os días para falar e botar unhas risas».

Este hostelero ha reforzado la oferta de su negocio con un restaurante, «no que ofrecemos cociña galega tradicional, con especialidades de carne e, sobre todo, de bacalao».

Por lo que se refiere al ultramarinos, Manuel Lozano se queja en cierto modo de que «temos unha forte competición cos supermercados, cos que non podemos equipararnos en canto ós prezos». En este sentido, considera que «o pobo tiña que implicarse un pouco máis con estes establecementos e mercar eiquí os productos, en lugar de ir a unha cadea de supermercados na vila ou a unha gran área comercial».

Al igual que otros negocios, este, en el que hay contratados tres trabajadores, además de la mujer del propietario, «tamén estamos notando moito a crise», explica el hostelero.

Manuel Balsa Gato

Casa Balsa (Ourol)

''Hai que manter a poboación rural e que os mozos non se vaian''

La Casa Balsa, en pleno centro de Ourol, es un ejemplo de que este tipo de negocios no solo pueden reinventarse, sino que, en este caso, ha sido ampliado. En el año 1969, los padres de Manuel Balsa Gato abrieron el bar Stop, uno de los pocos de la villa, que ya tenía también ultramarinos. Décadas después, en 1989, el negocio pasó a manos de su hijo, que hace cuatro años decidió cambiarle la cara a la taberna e incrementar los servicios que ofrece a los vecinos.

Aprovechando el local de una antiguo salón de baile, colindante con el bar, la Casa Balsa reabrió su puertas tras las obras con su tradicional tasca rehabilitada; amplió la oferta de alimentos, con la presencia de producción ecológica y autóctona; incorporó la sección de artesanía gallega, los servicios de internet y apostó por potenciar el despacho de lotería, el estanco, el quiosco de prensa, la mercería y la ferretería.

«Temos practicamente o mesmo que antes, pero máis e mellor. Deiquí, pode saír calquera perfectamente equipado con todo o que necesite», aduce Manuel Balsa.

El establecimiento se mantiene como lugar de ocio de los vecinos de la villa y de parroquias rurales del municipio, pero también es el local social de las asociaciones vecinales y culturales. Casi el epicentro de Ourol, si se exceptúa el consistorio.

«O verdadeiro problema destes negocios, ó marxe da competencia coas cadeas de supermercados, coas que non podemos competir, e a crise económica, é a despoboación do medio rural. A xente vaise. Os mozos casan e teñen fillos e aumentan as necesidades de servizos que non atopan no pobo e os maiores, cando xa non se poden valer por si mesmos, van para as cidades ou vilas máis grandes cos seus fillos».

La despoblación es preocupante en este municipio, donde hay que añadir una considerable dispersión poblacional, con más de una media docena de parroquias, situadas en algunos casos a 12 kilómetros de la villa.

María Rosa Núñez

Casa María Doncos (As Nogais)

''En Doncos, chegamos a ter nove tabernas e hoxe só quedamos nós''

«En Doncos hai moitas casas, pero poucos veciños, porque a maioría están habitadas só durante os meses de verán», comenta María Rosa Núñez, la responsable de Casa de María, ubicada en esta parroquia rural del municipio de As Nogais.

De hecho, María recuerda que «Doncos chegou a ter nove tabernas, e agora só quedamos nos».

La casa, típico ejemplo de la arquitectura popular de la zona, fue durante décadas el lugar de reunión de los vecinos de Doncos, pero también sucumbió a los efectos de la emigración y la despoblación.

Hace cuatro años, María Rosa Núñez decidió acogerse a las ayudas de la Xunta y recuperar el edificio, ofreciendo servicios, como internet o fax, para los vecinos de Doncos, que antes tenían que trasladarse a la villa más cercana, As Nogais, si querían acceder a ellos.

María se queja de que «o ultramarinos non funciona moi ben, porque a xente prefire comprar os productos ós ambulantes que veñen coas súas camionetas. É máis cómodo mercar á porta de casa, dende o pan á carne ou calquer outra cousa, sen ter que moverse e cargar cos bultos».

En cualquier caso, Casa de María devolvió a Doncos parte de su intrahistoria, de esas reuniones de vecinos que «non se podían perder», señala la propietaria. En este sentido, insiste en que «é importante que a xente teña un lugar no que falar ou botar unha partida mentras toma un viño», señala María, al tiempo que señala una baraja sobre una de las mesas de la taberna. «As cartas xa están preparadas para a partida da tarde», aclara la anfitriona.

Casa de María tiene su fuerte en juegos que ya no se encuentran en los establecimientos hosteleros comunes. El futbolín es el rey, pero la oferta incluye otros con más solera como la rana o la petanca. «Os que mellor o pasan son os pequenos, que xogan incluso mellor que eu que, en teoría, son o mestre», explica Manuel, el marido de María.

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