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El color cubano de Amalia Peláez llega a Lugo con una exposición

Luz Merino, del museo de La Habana, con una obra de Pelaéz (Foto: Pepe Álvez)
Luz Merino, del museo de La Habana, con una obra de Pelaéz (Foto: Pepe Álvez)

La sede de la fundación Novacaixagalicia de Lugo se viste de gala para acoger la exposición ‘Amelia Peláez. Unha mirada en retrospectiva (1928-1966)’, la primera muestra dedicada en Galicia a uno de los grandes nombres del arte latinoamericano. La exhibición llegó ayer a Lugo tras haber cosechado un gran éxito de asistentes en A Coruña, donde fue contemplada por cerca 50.000 personas.

Ahora, lucenses y visitantes tienen la oportunidad de disfrutar hasta el próximo 8 de enero de 56 obras clave en la producción plástica de la artista cubana -que abarcan 38 años de creación- , en un montaje que intenta descubrir a los espectadores el complejo, exuberante y extenso universo creativo de Amelia Peláez.

Amelia Peláez (1896-1968) es considerada hoy día una de las figuras más representativas de la pintura moderna cubana y una de las pintoras más destacadas del continente. Autora de numerosos murales, su pintura se caracteriza por un fuerte lirismo, que con el tiempo tenderá a la abstracción. De su obra se ha destacado una singular fusión de lo contemporáneo y lo folclórico, de lo universal y lo local, de lo cosmopolita y lo nativo.

Algunos críticos la etiquetan como la ‘Frida Kahlo cubana’, pero sólo hay que pasearse por Novacaixagalicia para darse cuenta de que la comparación no es más que un reclamo publicitario que no precisa la obra única y atemporal de Peláez. Kahlo es un icono contemporáneo -pósters, películas...- y la cubana, una gran desconocida a pesar de codearse con artistas como Picasso o Matisse, entre otros muchos. «Ella es el Caribe, no es europea», comentó ayer en Lugo Luz Merino, subdirectora técnica del Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana y catedrática de arte contemporáneo de la Universidad de La Habana.

París

El recorrido propuesto arranca con los primeros trazos dibujados por Amelia Peláez en el estrepitoso y fértil París de entreguerras, en 1928; continúa con su regreso a Cuba, a mediados de los años treinta, donde asume paulatinamente la criollización (término muy presente en su obra) de su pintura, hasta su dedicación casi exclusiva al tema de las naturalezas muertas en innumerables variantes que convertirá, en el transcurso de los años, en el gran tema de su obra.

Para los bodegones, Peláez construye un repertorio propio e inconfudible, como explica Merino. Rejas, vidrieras, manteles y frutas. De esta forma «evoca, por una parte, la arquitectura criolla, la arquitectura cubana, así como el espacio privado de un comedor, el ambiente intimista que la rodea», añade la experta.

Y lo hace sin caer en lo decorativo, aunque sí se trata de una pintura ornamental, en la que no ha lugar para el horror del vacío.

Una línea gruesa en negro, el equilibrio y desequilibro en el color -su paleta y trazo se manejan sin rubores- y la continuidad de la imagen son canales de producción con los que expresa, en cada una de sus obras «un mundo distinto», apunta Merino.

Su estadía en Europa -recorrió varios países- incluyó la visita a España, a centros artísticos como el Museo del Prado y a paisajes mediterráneos como el de Mallorca, «donde realizó un trabajo de gran belleza y delicadeza».

El Viejo Continente en plena eclosión de las vanguardias marcaría su regreso a Cuba en los años 30, aunque no será hasta la década de 1940 cuando alcance un estilo propio: la línea se vuelve más gruesa y el color eclosiona de manera brutal.

Estos motivos persisten en su etapa final, aunque su incursión en la cerámica, en la que también brilló, impregna el óleo de diversas texturas y deconstruye la imagen cimentando un sólido discurso plástico que empleará en grandes murales, como el del edificio Habana Libre.

¿Cómo mirar?

Como complemento a la muestra, y con el objetivo de conocer con mayor profundidad la trayectoria de Amalia Peláez, el servicio didáctico de la fundación ofrece un completo programa de talleres y actividades, en las que pueden participar desde escolares de Primaria hasta adultos. Además, los miércoles a las 19.30 horas se organizan visitas guiadas.

Las personas interesadas en participar en estas actividades pueden llamar al 982.28.90.96.

Las obras incluidas en la exposición que ahora visita Lugo han sido seleccionadas entre la extensísima colección del Museo de Bellas Artes de La Habana. El museo posee unos fondos que superan las 47.000 obras de arte de todas las épocas y lugares.

La fundación Novacaixagalicia y el Museo de Bellas Artes de La Habana firmaron en 2007 un acuerdo marco de colaboración, fruto del cual son las exitosas exposiciones ‘Sorolla y sus contemporáneos’ (en las sedes de la institución en Santiago de Compostela y Ferrol), ‘Los pintores de Artal’ (Pontevedra y Lugo, 2009) y esta que ahora se presenta.

Sin revelar nuevos proyectos, Luz Merino adelantó que esta fructífera relación proseguirá en el futuro. O al menos eso espera.

El color cubano de Amalia Peláez llega a Lugo con una exposición
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