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El bajo nivel de la presa de Belesar deja a la vista pueblos sumergidos

Los restos de Ribó y, al fondo, A Ermida, en Taboada
Los restos de Ribó y, al fondo, A Ermida, en Taboada
En Taboada, se pueden apreciar los restos de las aldeas de Ribó y A Ermida y en Chantada, la parte alta de Castro Candaz. El embalse está por debajo del 28% de su capacidad y permite observar los antiguos viñedos de la ribera del Miño

La presa de Belesar marca habitualmente entre los meses de noviembre y diciembre las cifras más bajas de agua embalsada de todo el año. Según la media de la última década, en estas fechas suele estar al 35% de su capacidad. Sin embargo, un verano y un otoño secos provocaron que en las últimas semanas esa cifra oscilase entre el 23 y el 28% y que, en consecuencia, queden al descubierto algunos de los pueblos que fueron sepultados por el agua cuando comenzó a funcionar el salto en 1963. Es el caso de las poblaciones taboadesas de Ribó y A Ermida e incluso de las partes más altas de Castro Candaz, ya en el municipio de Chantada.

El embalse tiene una longitud de 54 kilómetros y cada año en otoño se pueden ver los pueblos inundados de la cola de la presa. En esta época es fácil avistar el Portomarín viejo y poblaciones de ese mismo municipio como Abelleira, O Barco, Seixón o Loio. Sin embargo, este año se puede localizar alguna población más porque el embalse está ligeramente más vacío que en años anteriores. El espectáculo será breve ya que la previsión es de que en los próximos días el agua comience a subir de manera muy progresiva para llegar a los máximos de capacidad en primavera, cuando se acumule el agua de las lluvias de todo el invierno y de los deshielos.

Los restos de Ribó y A Ermida están cerca de la parroquia de Xián. En el fondo de un valle formado en la desembocadura de los regatos Bieitas y Budiz en el río Miño. Eran tierras conocidas por su gran fertilidad, dedicadas al cultivo de la huerta y al viñedo en bancales. Entre las dos poblaciones albergaban una veintena de casas, siendo Ribó la localidad más grande. Los habitantes de la zona recuerdan que había un molino al que acudían los residentes de todas las poblaciones del entorno.

En un paseo a pie por los restos de estas dos aldeas inundadas todavía se puede distinguir la estructura de piedra de varias de las viviendas, los marcos de madera de puertas y ventanas, además de las terrazas en las que crecían las cepas, que daban abundantes cosechas y el esqueleto de numerosos árboles.

Algunos de los vecinos que perdieron sus residencias con la creación de la presa se instalaron en Xián o incluso en el nuevo Portomarín, donde se hicieron casas para los realojados, pero la mayoría emigraron a Barcelona, Madrid y Bilbao.

CASTRO CANDAZ. De la treintena de poblaciones que inundó el embalse una de las de mayor importancia era Castro Candaz, ya en Chantada. Estaba ubicada en una especie de península que formaban el Miño y su afluente Enviande, dentro de la parroquia de Santa Eulalia de Piedrafita, en un lugar estratégico desde el punto de vista defensivo y muy bueno para la agricultura.

El monte cónico de Castro Candaz estaba coronado por un castro al que solo se podía acceder por el poniente. También albergó una fortaleza y hasta el momento de quedar bajo las aguas, sus riberas estaban dedicadas también al viñedo. Río abajo, el agua empieza a subir y ya no se ven más poblaciones, pero sigue habiendo un desnivel que ronda los veinte metros y que pone al descubierto más viñedo abandonado. Los vecinos aseguran que quedaron más bancales inundados de los que hay en la superficie.

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