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Economía Española 2019: entre brotes verdes y falta de innovación tecnológica

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La economía española se encuentra en un panorama desactualizado, en comparación con otras economías de Europa y del mundo. Países como Suecia y Malta, por dar un ejemplo, tienen una economía basada en compañías iGaming, que en España apenas comienzan a dar sus primeros pasos pese a que ya han pasado ocho años desde que se reguló. Un camino lento que llevará a casinos online en España como los que lista Casino Professor a competir con nuevos jugadores en el mercado. Pero la industria de iGaming no es la única que se encuentra desactualizada en España. Fácil es darse cuenta, al revisar el ránking de empresas nacional, que las industrias que lideran la economía española son industrias pesadas o comercios, como Mercadona, El Corte Inglés y Zara. Repsol Petróleo y Cepsa continúan en posiciones líderes, demostrando que la era del petróleo y los combustibles todavía no ha terminado.

Qué esperar de la economía española en el 2019

Hay motivos para el optimismo en este 2019, sin embargo, ya que nos está trayendo muy buenas noticias. Después de diez años, que se dice pronto, hemos conseguido salir del procedimiento de déficit excesivo que acuciaba a nuestra economía; pero también se ha acelerado el pib, ha aumentado el número de cotizantes de la Seguridad Social y se ha reducido la tasa de paro ―aunque esto no sea noticia en verano―. Podría decirse que nos hemos ganado a pulso las vacaciones.

España es un país con una deuda pública en aumento, como lo vemos en el siguiente gráfico.

Evolucióna

Según datos y estadísticas del Banco de España "en mayo de 2019 en 1.195.865,1 millones de euros, lo que supone una variación de 12.400,04 millones de euros en comparación con el mes anterior”.

No obstante, también nos ha caído algún cate en el boletín de notas. Una de nuestras asignaturas pendientes sigue siendo la brecha digital, que se ve agravada por la falta de inversión en I+D, que es notablemente menor que en otros países de nuestro entorno. El Consejo y la Comisión Europea señalan que España no tiene bastantes trabajadores formados en tecnologías emergentes ―inteligencia artificial, aprovechamiento del big data o internet de las cosas, entre otras―, lo cual representa un grave problema en el mundo en que vivimos.

Una de los pensamientos que se le atribuyen Steve Jobs, quien, junto con Steve Wozkiak, fundó la empresa Apple en 1976, es que "la innovación es lo que distingue al líder de sus seguidores". Y nos tememos que, al menos en la actualidad, España forma parte del segundo grupo. Europa misma se sitúa muy por detrás de Estados Unidos, pero nuestro país se queda todavía un poco más atrás. El índice de innovación Bloomberg de este año retrasa a nuestro país hasta el puesto treinta ―uno menos que en el 2018, de hecho―, lo cual nos coloca muy lejos de la posición veintitrés que alcanzamos en el 2015.

¿Una crisis se aproxima?

Parece, si atendemos al dato de que hoy hay cinco mil empresas menos que hacen I+D que cuando empezó la crisis económica, que las decisiones de España durante los años aciagos no han servido para impulsar el sector tecnológico. La brecha con el resto de la Unión Europea no ha hecho más que aumentar desde el inicio de la crisis y, según un informe redactado en el 2018 por la Confederación de Sociedades Científicas de España (Cosce), "mientras que en países como Alemania en la crisis se apostó por políticas contracíclicas para reforzar la ciencia como factor cultural y motor económico social, en España la opción política se centró en recortar recursos y establecer procedimientos y normas que han entorpecido la actividad científica y han complicado la ya de por sí ineficiente gestión".

Pero hay algunas luces en la oscuridad, y es que, según otro informe presentado a últimos del 2018 por Atomico, agencia británica de capital riesgo, la inversión en compañías tecnológicas en nuestro país superó el año pasado los 1500 millones de euros, lo cual supone el doble que en el 2017. Asimismo, España está bien posicionada en cuanto a creación de startups de índole tecnológica y ocupamos un honroso quinto puesto en Europa en cuanto a número de desarrolladores ―solo precedidos por Reino Unido, Alemania, Francia y Rusia―.

No cabe duda de que, aunque hay motivos para no perder del todo el optimismo, tenemos que ponernos las pilas ―o recargar la batería de iones de litio― en innovación tecnológica si no queremos quedarnos aún más atrás respecto a nuestro entorno y al resto del mundo.

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