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Domingo López de Carbajal, un emprendedor del siglo XVIII

Casa do Colexio financiada por el Marqués de Atalaya Bermeja
Casa do Colexio financiada por el Marqués de Atalaya Bermeja
Natural de Santa María de Duancos, en Castro de Rei, fue uno de los grandes exponentes del Comercio de Indias en el XVIII. Hizo fortuna y sus buenas relaciones con la Corona le reportaron un título nobiliario y el permiso para fundar la ciudad de Algar

"En nueve días del mes de marzo de 1697, bauticé a un niño legítimo de don Antonio López Carvajal y doña Mariana Freire su mujer, fueron sus padrinos de brazo, don Domingo Novo, vecino de Carazo, y doña Francisca Quintana, vecina de Frayalde. Púsele los santos óleos y crisma y nombre..." Así reza la partida de bautismo de Domingo López de Carvajal Novoa y Freire, primer Marqués de Atalaya Bermeja, un exitoso comerciante nacido en la parroquia de Santa María de Duancos, en Castro de Rei.

Primogénito de varios hermanos, emigró al sur de España -su hermano Juan seguiría sus pasos y también triunfaría como comerciante-, y vivió en Cádiz y en el Puerto de Santa María, donde se casó a los 42 años, en 1739, con una vecina del lugar, Margarita Carrión-Dávila y Benavides, joven de buena familia con la que tuvo cinco hijos.

Su legado pervive en Duancos, donde en 1776 impulsó la creación de "una suntuosa casa escuela gratuita"


Domingo, del que no se conservan retratos pero que se describía en una licencia de pasajero como "alto, delgado y trigueño", orientó sus pasos hacia el comercio con América y logró hacer fortuna como Cargador a Indias -era comerciante al por mayor, a él se le atribuyó la tercera cifra en beneficios del sector, con unos 100.000 reales de vellón-. Importaba y exportaba de Nueva España (México), donde viviría entre 1742 y 1751, logrando un gran capital con las minas de plata.

Pese a ser un gran desconocido en la actualidad, su legado pervive en Duancos, donde en 1776 impulsó la creación, junto a su casa natal, de "una suntuosa casa escuela gratuita", tal y como se recoge en su testamento, en el barrio de Abilleira. El lugar se conoce popularmente como barrio do Colexio, lo que indica la repercusión de este centro, operativo hasta el siglo XX -hoy es una casa particular- y cuyo último maestro fue Francisco Arias. Al lado del colegio erigió una capilla y, además de en Duancos, en los escritos de la época se le reconocen propiedades en Vaílle (Baílle, Pol), Vendía (Bendia, Castro de Rei) y Justás (Xustás, Cospeito), todas heredadas, al contrario que sus múltiples posesiones en el sur.

Y es que Domingo López de Carvajal apostó por comprar inmuebles y tierras. Tenía 13 casas en Cádiz y cinco en el Puerto de Santa María -sumaba al año más de 100.000 reales de vellón en rentas-, y muchas fincas rústicas, entre las que destaca la compra al Concejo de Jerez, en venta pública con licencia real, de la Dehesa de Algar y Mesa de Soto Gordo. Abonó 155.200 ducados por unas 5.220 aranzadas -medida de superficie agraria-, en 1757.

Primero, preparó las tierras y cultivó sobre todo vid y olivo hasta lograr su objetivo en 1773, fundar Santa María de Guadalupe de Algar, tras obtener el permiso de Carlos III. Según cuenta la leyenda, cumplía así una promesa hecha a la Virgen de Guadalupe de México -representada en el escudo de Algar- por salvar el navío en el que llevaba una valiosa carga de una violenta tormenta.

Carlos III, en agradecimiento a sus contribuciones a la Corona -aportaría al menos 500.000 pesos para la guerra contra Inglaterra- también le concedía en 1777 el marquesado de Atalaya Bermeja, con el vizcondado de Carrión y el señorío de Algar asociados. Su hijo Buenaventura heredó el título, que legó a su hijo José María. Tras un tiempo sin uso, la línea de sucesión se rompió, al vendérselo el Estado, en época de Alfonso XIII, a María de los Ángeles Santamarina, si bien el título volvería a la línea original con el violonchelista Juan Ruíz-Casaux, cuyos descendientes aún lo conservan.

Domingo, que también fue diputado o cónsul, dispuso ser enterrado en la capilla de Vicente Ferrer del convento de Santo Domingo, ubicado en la misma calle del Puerto de Santa María donde residió durante años. Sin embargo, es díficil precisar donde se hallan sus restos. Muchas fuentes siguen apuntando al convento, pero este fue trasformado en instituto en los años 50, lo que propició la exhumación de las tumbas.

Domingo López de Carbajal, un emprendedor del siglo XVIII
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