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Ramón Castro, médico de familia: "Me dijeron que me quedara pero he decidido descansar"

Cumple este año los 65 y cuelga la bata en el centro de salud de A Pontenova

Ramón Castro es uno de los médicos de Primaria que pierde la provincia de Lugo. Pierde porque es difícil encontrar quien ocupe esos puestos y, si se encuentra, suele ser más fácil que lo hagan en los centros de salud urbanos que en los de los concellos rurales, como es su caso.

El de A Pontenova, que es el suyo, ya tiene una experiencia previa, cuando el doctor Castro tuvo que ser intervenido y su puesto quedó vacío. Ahora espera que "se cubra la plaza, eso es muy importante".

"Me dijeron que me quedara, pero he decidido descansar", cuenta el facultativo sobre la pregunta de la gerencia sobre su continuidad en su puesto. Las razones de su decisión son variadas, desde el cansancio hasta el temor de que la edad afectase al ejercicio de la profesión. "Nunca he tenido ningún problema, pero pienso: '¿y si me pasa algo precisamente ahora?'. Con la edad te vuelves más cauteloso y no es lo mismo ejercer a los 45 que a los 65", dice.

El doctor Castro es uno de esos médicos de la llamada Asistencia Primaria Domiciliaria, un cupo particular del que ahora quedan unas pocas decenas en la provincia. En realidad, su jornada estaba concebida para unas horas de consulta en el centro de salud y, el resto, guardias dentro del término municipal. Sin embargo, explica que su presencia en el centro se alarga a diario. Explica que A Pontenova no es un centro que tenga lista de espera y que se atiende a cualquier persona que se presente, incluso si acude sin cita.

De cualquier forma, el suyo es uno de esos casos en los que, de seguir trabajando, se tendría que incorporar al régimen general del Sergas, lo que modificaría sus condiciones. "En realidad, perdería dinero", dice.

Aunque hay días de muchísima gente, generalmente coincidiendo con el pico de gripe, en los que se ha de pasar consulta rapidísimo, cree que la situación de los médicos de Primaria ha mejorado de forma sustancial, con más medios que ha traído más capacidad diagnóstica.

Sus comienzos fueron bien distintos a su consulta actual. Empezó a ejercer en Triacastela, donde era el único médico y tenía guardias permanentes, todo el día, todos los días. Su primera consulta fue una habitación en el consistorio, con un mobiliario que tuvo que aportar él mismo. "Gracias a que mi suegro me ayudó a conseguir mobiliario clínico porque trabajaba en el sector, pude tener una camilla", dice. También la seda para las cirugías menores salía de su bolsillo. "Me hubiera dado vergüenza mandar esas heridas al hospital para que fueran cosidas", explica.

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