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Cortocircuito inversor

A HORA que tanto se habla de sobrecostes y sus muy variopintas consecuencias, siempre negativas y que comienzan a aclararse en los juzgados, por momentos pasa desapercibido que Galicia asiste a un singular episodio que puede elevar finalmente la factura de la reforma energética, casi ya permanente, impulsada desde el Ministerio de Industria. Y ese precio que acabaremos pagando ya no se computa solo en las cuentas de resultados de las grandes compañías eléctricas, un lobby en sí mismo, y tampoco en las de los pequeños y medianos inversores, como en la éolica, donde las apuestas se cuentan por excepciones. Es la propia industria asentada en Galicia, los grandes consumidores de electricidad, quienes comienzan a hacer sonar los tambores de la espantada. Al menos, en cuanto a sus nuevas inversiones.

Galicia puede acabar pagando un peculiar sobrecoste de incalculables dimensiones si finalmente grandes grupos cumplen con sus amenazas, que en algunos casos se disfrazan de sutil arma negociadora cuando lo que hay en juego se dirime ante la propia Administración gallega. Por ello,conviene ir por partes y diferenciar.

Es una realidad que la reforma energética ha dado al traste con las retribuciones del denominado régimen especial, aquel en el que hasta ahora se cobijaba gran parte de la energía renovable. La parálisis del concurso eólico y los intentos de la Xunta por reactivarlo con bonificaciones fiscales y facilidades en los procesos de autorización de parques es un precedente claro. Solo determinados grupos apuestan por seguir, caso de Norvento, mientras que grandes adjudicatarios han pisado el freno hace meses. Sin ir más lejos, la principal beneficiaria, Gas Natural Fenosa. Salvo el proyecto del gasoducto de A Mariña para abastecer la planta de Alcoa, al que se destinan 45 millones de euros, la compañía eléctrica ha puesto en cuarentena todas sus inversiones en Galicia, incluidas las dos centrales de ciclo combinado que tiene: Meirama y Sabón. En este caso, todo depende de la resolución a ese plan de hibernación para determinadas plantas que tiene José Manuel Soria, el ministro del ramo, sobre la mesa.

Iberdrola es otro compañero de viaje que ha dicho hasta aquí. Las amenazas de su presidente, Ignacio Sánchez Galán, anunciando inversiones en otra latidudes, toman forma en Galicia con la paralización de la que iba a ser la mayor central hidroeléctrica, la de Santa Cristina, en el Sil, con 517 millones de euros presupuestados y la previsión de creación de unos 500 empleos directos. Este plan, que incorporaba una estación de bombeo de 750 megavatios (casi como uno de los grupos de la central nuclear de Almaraz) y preveía horadar el Sil, contaba además con demasiados «peros» ambientales. Según se mire, es para celebrar.

Donde no están para ninguna celebración es en los despachos de compañías como Ence o Ferroatlántica. Y aunque hay un común denominador (la reforma energética), las posiciones son ricas en matices. La papelera de Lourizán ha entrado en pérdidas este primer trimestre del año, catorce millones de euros de números rojos, dando la vuelta a la cuenta de resultados en relación al año pasado. Está en pleno conflicto con las madereras tras una rebaja unilateral y pactada con otras papeleras y sus ventas de electricidad han caído un 46%. Para que la tormenta sea perfecta y nada falte, pues lanza un órdago sobre un tema especialmente conflictivo en elecciones y recurrente durante los últimos años: su traslado.

Más alto, pero no más claro. Ence ha dicho que paraliza toda inversión en Lourizán, en favor de la planta de Navia. Hace unos meses, tras la aprobación de la nueva Ley de Costas que en gran medida blindaba su permanencia en Pontevedra más allá del 2018, celebraba sus resultados anunciando que ya estaba enfrascada en nuevos proyectos en la ría, y daba por hecha la continuidad. ¿Qué ha sucedido entre uno y otro anuncio? Los gallegos nos estamos perdiendo algo en esta historia, que mucho tiene que ver con las relaciones, prácticamente nulas, que en estos momentos mantiene con la Xunta, que no renuncia a su papel de árbitro.

Los grandes consumidores de energía, con Ferroatlántica a la cabeza, están replanteándoselo todo. La compañía de Juan Miguel Villar Mir, con plantas en Cee, Dumbría y Sabón, hace lo propio, paraliza todo en España, y destina 200 millones a una planta de silicio metal en Canadá. Ferroatlántica, como otros grandes consumidores (Alcoa, Megasa, SLG, Celsa), ve todo negro. Para este grupo, el coste de la energía parece aumentar por todos los ángulos: mercado diario, futuros, peajes, impuestos, interrumpibilidad... Habrá sorpresas.

Navantia sale a flote

AL TERCER anuncio del «buque gris» fue la vencida, y con la pompa y el oropel requeridos por ocasión y fechas. Navantia sale a flote en el instante preciso. Caprichos electorales al margen, el contrato de un buque para la Armada insufla algo más que ánimos en los astilleros públicos. Treinta meses de trabajo y una ocupación para 500 trabajadores, estimación que casi por norma en Ferrolterra los sindicatos se encargan de rebajar a la mitad. Sucedió también con el flotel de Pemex. Ambos buques son los flotadores que, desde la esfera política, y no derivados de una gestión técnica de los propios responsables del grupo público, permiten a Navantia ver el futuro sin los brazos cruzados. Es eso lo que hay que valorar.

El Estado es en este caso propietario y cliente de los astilleros de Ferrol, y también será financiador de una operación que se va a los 200 millones de euros. Navantia arrasra un pasivo de 4.600 millones de euros, de los que 3.000 millones son deudas a largo plazo contraídas con el Ministerio de Industria para financiar los encargos de Defensa, con líneas de crédito a tipo de interés cero. Pero a pesar de que como viene un barco (el buque de acción marítima) otros se van, caso del metanero para Gas Natural que se construirá en las radas de Cádiz, el hecho de que el Ministerio de Defensa acceda a desbloquear su programa es una señal que debería invitar al optimismo. Una puerta que se vuelve a abrir tras seis años. Es ahí donde Ferrol se vuelve a jugar su futuro: en demostrar a su propietario que está en forma para asumir cuanto encargo sea preciso. Pero todo esto huele mucho más a auxilio que a una apuesta real por más contratos.

ELENA MUÑOZ Revisión al alza del PIB siempre por detrás de Madrid
SI SE refrenda con hechos, quedarse corto en las promesas es una estrategia siempre ganadora. Algo así sucedió con la revisión de crecimiento del PIB gallego que, a tres días del comienzo de la campaña electoral, realizó la conselleira de Facenda. Y al margen de lo apretado de la semana en anuncios, llama la atención algo que comienza a ser recurrente. Elena Muñoz esperó en su momento a que Luis de Guindos anunciase la revisión al alza de las previsiones de PIB nacional, y ahora hace lo propio poniéndole números a esa proyección. Galicia crecerá un 1,2% este año, frente al 0,8% que reflejaban los presupuestos. Cuatro décimas arriba. Idéntica proporción que la revisión realizada por Madrid, hasta el 1,1%, y lo suficiente para decir que Galicia crecerá más este ejercicio. Todo muy justito. Esto dice mucho de una economía muy dependiente de España, y de una proyección que también ha pasado por varios hervores en cocina.

JUAN CARLOS ESCOTET ♦ Banesco paga por Novagalicia y ultima la nueva marca
APENAS había dudas que disipar, pero el gesto es más que elocuente: Banesco ha depositado en Novagalicia 403 millones de euros como primera parte del pago por la entidad, que se completará hasta 2018 con el abono de otros 600 millones. Juan Carlos Escotet, el nuevo propietario, lanza así un mensaje a aquellos perdedores de la subasta que intentaron poner palos en la ruedas del proyecto del venezolano. Mientras se formaliza el traspaso de la entidad, el nuevo equipo ya tiene ultimada la marca, que se alejará muy mucho de lo que entendemos por Novagalicia, y diseña un proyecto corporativo con el color blanco como enseña de referencia. Novagalicia cambiará de rostro integralmente en un fin de semana, y renacerá bajo una franquicia inédita. Será muy pronto. En las oficinas prácticamente está todo preparado. Ahora falta que cambie la esencia.

(Publicado en la edición impresa el 10 de mayo de 2014)

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