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Causas y consecuencias

La muerte de un padre de dos hijos en una batalla de hinchas de dos equipos de fútbol es en su valoración algo bien diferente a una cuestión absurda. Las consecuencias de fomentar y alimentar las hinchadas en fútbol, o en lo que sea, conduce a comportamientos gregarios e irracionales. E irracional es la pelea, armas blancas incluidas, entre dos grupos de aficionados. No se explica la existencia de estos grupos ultras, y violentos, en los seguidores de un club solo por la propensión a la violencia de sus integrantes. Ese argumento se escuchó ayer como origen fundamental del enfrentamiento en Madrid entre ultras del Atlético y del Deportivo de A Coruña. No parece suficiente explicación, busca del origen, sobre estos fenómenos de incivismo y violencia reiterada de algunos grupos de hinchas. ¿No se fomentan o alimentan las hinchadas de intransigentes como combustible para mantener viva la afición y la moral de grupo? Lo sucedido ayer en Madrid deja también al descubierto fallos de seguridad y de previsión por parte de quienes tienen la responsabilidad de prevenir la violencia en el deporte. Pero deja sobre todo el interrogante abierto sobre qué se mueve y quién mueve a estas pandillas.

Autismo

El profesor Antón Costas, gallego asentado en Cataluña que además de su trabajo universitario preside el Círculo de Empresarios, mandaba ayer una reflexión crítica y un mensaje sobre la cuestión catalana en La Vanguardia. Bajo el título de Autismo calificaba así el comportamiento de los políticos que tienen la primera responsabilidad en esta cuestión. Autista es ciertamente la línea que sigue Artur Mas. Pero la respuesta ha de ser bastante más que la de ir a Barcelona a transmitir moral de partido a los afiliados catalanes del PP.

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