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Bipartidismo a ras de hierba

Barcelonistas y madridistas dan la espalda a un pacto. EFE
Barcelonistas y madridistas dan la espalda a un pacto. EFE

EL DÍA de San Esteban, 26 de diciembre, abren todos los campos de la Premier para disputar una jornada a la que acuden familias enteras, padres e hijos, nietos y abuelos. Es el Boxing Day. En España durante estos días no hay fútbol. Lo más parecido que tenemos son los partidos de selecciones autonómicas. Salvo Euskadi y Cataluña, que ayer jugaron en San Mamés con un aire más reivindicativo que festivo, para el resto semeja un remedo de aquellas añejas demostraciones de bailes regionales que cada 12 de ocutubre, día de la raza, echaban por la tele para ‘exaltar la unidad de España dentro de la diversidad de sus regiones’. «Y ahora los coros y danzas de Cariñena en representacion de la españolísima región aragonesa», decía el locutor, y se ponían a bailar de forma frenética sobre una tarima. Después la región de Murcia, la región de Navarra, la región de Castilla la Vieja..., la ‘región’ de Galicia, por lo visto, ahora ni baile ni partido.

El fútbol y la política se dan la mano desde casi sus orígenes, y la guerra, ya lo decía Von Clausewitz, no es más que la continuación de la política por otros medios. A fin de cuentas este juego consiste en invadir el campo contrario con una sección de infantería cuyo líder es un capitán. En vez de tres estrellas en la bocamanga lleva un brazalete. Un capitán manda una compañía. Es el grado más efectivo en un ejército. Salgueiro Maia y Otelo, dos capitanes portugueses, acabaron con una dictadura de 40 años sostenida por generales como Spinola. En España fueron Daoiz y Velarde los que iniciaron la Guerra de la Independencia. Como reza el dicho castrense: «Capitán, aunque sea de bandidos; ayudante, ni de Dios».

La guerra es un trasunto de la política, como esta lo es del fútbol. Si en España hay bipartidismo desde los tiempos de Sagasta y Cánovas («son españoles los que no pueden ser otra cosa») no nos tiene que extrañar que el bipartidismo se haya acentuado con el paso de tiempo también en nuestra Liga.

Madrid y Barça, al igual que PP y PSOE, cuentan con más tiempo en los resúmenes de Estudio Estadio, más portadas de As y Marca, más dinero en el reparto televisivo. De los últimos 30 campeonatos de Liga 24 se lo han repartido merengues y azulgranas. Por eso son tan aplaudidos los llamados equipos ‘revelación’, como la Real en el 81. En política puede que algún día pase algo parecido.

Uno de los habituales lugares comunes que se escuchan en la previa de cada jornada es cuando al entrenador se le pregunta por el resultado antes de un partido incierto: «No firmamos el empate, pero si a cinco minutos del final, en función de como vaya el resultado, me lo vuelve a preguntar...ya veremos». Rajoy, aficionado de puro y palco, no podía dejar de mejorar el aserto al ser preguntado por su próximo partido. ¿Firmaría un pacto con el PSOE? «Ahora no me lo planteo, pero con el resultado electoral en la mano, dentro de un año... ya tal».

A su colega rival sin embargo no le vale el empate, como a esos equipos que tienen que dar la vuelta al marcador en un partido copero. La invitación a pactar unas tablas por el adversario suena a claudicación y derrota. «No pactaremos nada. Solo aspiramos a la victoria», viene a responder Pedro Sánchez.

El problema para ambos no es solo ya el adversario exterior. El fútbol nos vuelve a dar las claves, porque el puesto de entrenador es tan inestable como envidiado, sobre todo dentro del propio club. A Mariano Rajoy le asoma en cada rueda de prensa una melena lacada y rubia recordándole que ella está ahí para lo que haga falta, por ejemplo para esa jornada a disputar el domingo 24 de mayo en Madrid. Y si gana ese partido y el resto de colegas pierden sus compromisos… ojo que ‘aún hay Liga’, que diría el utillero.

Pedro Sánchez tiene también su melena rubia echándole el aliento en el cogote cada jornada, hablando con cierta displicencia de la táctica empleada o utlizando metáforas de trenes de ida y vuelta para sugerir un cambio en el banquillo. No sé a ustedes, pero para mí que a ambas ‘lideresas’ se les está poniendo un gesto en los labios muy parecido al de Mourinho cuando habla del Madrid.

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