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Aspirando el humo de la radio

Al parecer lucir la 'cuatribarrada' es vestir como un mamarracho.
Al parecer lucir la 'cuatribarrada' es vestir como un mamarracho.

DESDE QUE los médicos le prohibieron fumar, César Luis Menotti va por las calles de Buenos Aires aspirando las estelas de humo que dejan otros que aún tienen la fortuna de no haber preguntado si el tabaco mata. Son restos volatilizados que el ex seleccionador argentino atrapa al vuelo como dando una bocanada de puro oxígeno en lo alto de una montaña. Y con eso va tirando.

Algo parecido me pasa desde que tuvieron la mala ocurrencia de hacerme articulista de El Progreso, que miren que es difícil cerrar la una crónica antes de que haya concluido la jornada, porque bien es sabido que los periodistas solo somos expertos en predecir el pasado.

Así que cuando me quedo sin inspiración hago como Meno- tti, solo que en vez de inspirar el humo ajeno abro los oídos y trato de reciclar en mi propio beneficio alguna ocurrencia. Y eso me ocurrió el sábado por la mañana cuando escuché en la radio una tertulia local.

-Yo era del Barça, pero desde que visten como mamarrachos me he hecho del Atlético.

No tuve que devanarme mucho los sesos para darme cuenta de que se refería al día que jugaron en el Camp Nou con la senyera y no con sus habituales colores blaugranas. Por si había dudas acabó apostillando.

-¡Y si no les gusta esto, que jueguen con el Palafruguell!

Hombre, pensé para mí; mamarrachos, mamarrachos, lo que se dice mamarrachos... ¡Si hasta el Deportivo juega este año con su equivalente galaico como segunda equipación e incluso Feijóo les ha felicitado! Tanto, que le regalaron una camiseta con su nombre por si un día se pone a calentar en la banda de Riazor, que no sé regateando, pero lo que es ‘recortando’... Además, tras el 2-8 del sábado ante el Madrid lo mismo deciden hacer como el Barça.

Fue también por la radio como nos enteramos de esa goleada del equipo de Ancelotti tras dos derrotas seguidas, que yo ya me hacía ilusiones de que cogiese carrerilla. Mi hijo Mario trató de animarme.

-Tranquilo papá, que de momento solo han ganado a dos recién ascendidos y han perdido con los demás.

Hice cuentas y tenía razón. Únicamente han podido derrotar al Córdoba y al Deportivo, y con un poco de suerte a lo mejor este año ya solo ganan al Éibar.

Es domingo por la mañana. Sol radiante. Yo había convencido a mi chica para aplazar el cumpleaños de Mario -ocho añitos ayer domingo- porque en teoría no estaba claro que hiciese un gran día de sol para que se pudiese bañar en la piscina con sus amigos. Bueno, en realidad era para poder ver el Ribadumia-Pontevedra, pero lo del tiempo siempre funciona. Cuando amaneció con ese sol cegador me di cuenta que se avecinaba tormenta.

-Ves, ya decía que había que celebrar hoy el cumple- me dijo.

Yo esperaba que aquello amainase, pero llamó por teléfono mi suegra, y después mi cuñada, y entonces la tormenta se reactivó;

-No fui yo, fue que Javier se empeñó porque decía que iba a llover...- respondía mientras fruncía el ceño.

Afortunadamente la radio volvió a salir en mi auxilio, porque nada más colgar emitieron una pregunta a Luis Enrique de una rueda de prensa.

-¿No tiene miedo que todos estos resultados se le suban a la cabeza?

-Podéis estar tranquilos, que ya se encarga mi mujer todos los días de recordarme que todo lo hago mal- contestó el técnico del Barça entre risas.

Puse cara de cordero, miré hacia ella y al menos le saqué una sonrisa: «Sois todos iguales». Y arrancamos hacia Ribadumia.

Al final hubo tormenta

A MEDIA tarde unos cúmulo-nimbos de aspecto algodonoso comenzaron a crecer como champiñones sobre la línea del horizonte en Pontevedra. Media hora más tarde el cielo estaba ya oscuro, como un tejado de uralita parcheado, e incluso escuchamos en la lejanía unos truenos que anunciaban una posible tormenta. No pude evitar frotarme las manos. Por eso, y aunque poco después volvería a abrir el cielo con un sol radiante, cuando empezaron a caer literalmente cuatro gotas sobre el capó no pude evitar decir para mi mismo: «Al final yo tenía razón».

(Publicado en la edición impresa el 22 de septiembre de 2014)

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