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Aprender a amar la música

NACER EN UNA familia de músicos marca, y sino que les pregunten a Jaime y a Dina. El conservatorio es ya su segunda casa. Es una elección personal, sí, pero no casual, porque sus padres son profesores de Lenguaje Musical en el centro. Sus primeros pasos fueron guiados y ahora, incluso, se lo plantean como su opción de futuro.

Dina tiene 13 años y toca el contrabajo. Su padre, Borja Durán, es pianista y confiesa haber abocado a su hija hacia la música. A él le ocurrió lo mismo y, orgulloso, cuenta la historia de su familia, una familia en la que a todas horas se entonaban notas musicales, acompañadas por un piano que siempre estuvo ahí. «Mi padre debutó en Radio Vigo con 16 años», recuerda. Llegó a ganar el Micrófono de Oro en Lugo y el primer Festival del Landro. Su madre también tenía una voz muy especial. Después llegaron sus dos hermanos y ninguno rompió moldes. Borja, cómo no podía ser de otra manera, apenas tuvo opción. «Los domingos por la tarde en mi casa se cantaban zarzuelas», cuenta. Ahora no se puede imaginar siendo otra cosa distinta a músico.

Dina mira a su padre con orgullo. Ella también llegó de su mano al conservatorio, y hoy tampoco se plantea otra cosa que no sea convertirse en profesora de Lenguaje Musical de contrabajo. Acompañada por su padre al piano, disfruta en cada una de las audiciones que protagoniza. «Él me da seguridad», reconoce.

POR LA MISMA SENDA

Jaime, al contrario que Dina, sí ha decidido seguir los pasos de su madre Vicky Díaz como pianista. Siendo bebé ya le encantaba escuchar a su progenitora cuando hacía sonar el piano y así, poco a poco, fueron despertándose sus dotes musicales. Cuando con ocho años se presentó a las pruebas de acceso al conservatorio, no tenía ojos más que para el violonchelo. Aún no sabe por qué, pero finalmente terminó decantándose por el piano.

Ahora cursa sexto de Grado Profesional y tiene que decidir por dónde encaminará su futuro. Vicky no quiere influir en su decisión. En su caso, recuerda, ella llegó por casualidad a la música. Empezó tocando la bandurria en el colegio y de ahí pasó a compaginar sus estudios con los del conservatorio. Por aquel entonces había enseñanza libre y solo iba a los exámenes. Aquello fue a más y cuando llegó el momento se lo comunicó a sus padres: la música iba a ser su profesión. En este mismo punto se encuentra hoy su hijo. Jaime tiene claro que quiere continuar su formación musical, lo que le falta por decidir es cómo va a dar continuidad a esos estudios.

Dos generaciones diferentes de músicos, nacidas cada una de sus propias circunstancias, pero que comparten algo más que una afición. Dina y Jaime han crecido amando la música, como sus progenitores, pero lo que comenzó como simple admiración por sus mayores se ha transformado en una opción de futuro.

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