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Angrois, la rebelión del dolor

El enfado de parte de las víctimas y de los vecinos es el producto de que nadie dimitiese y de la constatación de que, más allá de la evidente culpabilidad del maquinista, la seguridad falló.

La Audiencia Provincial de A Coruña tomará en los próximos días la transcendente decisión de confirmar la imputación de una docena de altos cargos de Adif de la época del PSOE o levantarla, como ya hizo el año pasado cuando fueron encausados por primera vez estos directivos y los de la actual etapa, nombrados por el PP. Lo que está en juego es si el jueves, el día del primer aniversario de la catástrofe de Angrois, el maquinista José Francisco Garzón Amo será el único imputado o si lo van a seguir estando también algunos de los responsables del diseño y de la seguridad de la nueva línea ferroviaria Santiago-Ourense, esa que José Blanco y Núñez Feijóo inauguraron diciendo que el AVE llegaba a Galicia, para después desmentirse a sí mismos justo después del accidente.El intento de salvar el prestigio internacional de la alta velocidad española marcó toda la respuesta política a la tragedia y fue la base del pacto de no agresión que, tácitamente, suscribieron en la misma tarde del 25 de julio en Angrois la ministra Ana Pastor y el líder del PSOE, Pérez Rubalcaba. Era la continuación de la posición que mantuvo el Gobierno desde la misma noche del 24, la de centrar toda la responsabilidad en el maquinista.“Me despisté (...) tenía que pasar a 80 y pasé a 190 o una cosa así”. De este modo reconoció Garzón su terrible error en su conversación con el centro de control de Atocha, apenas cinco minutos después del descarrilamiento. “Vaya...”, le contestaron desde el centro de control. “Esto ya se lo dije al de seguridad, ya que eso, que eso era peligroso, que un día nos íbamos a despistar y, y, y nos la íbamos a tragar”, añadió Garzón.

El maquinista cometió la fatal negligencia de desatender la conducción mientras hablaba por el móvil con el revisor sobre una cuestión nada urgente, sobre la parada de Pontedeume de hora y media después. Pero en estos doce meses se ha agotado la estrategia de culparle sólo a él. En enero se supo que hubo una voz de alarma que Renfe desatendió, la del jefe de maquinistas de Ourense, que en diciembre del 2011 avisó del peligro de la curva. Además, el perito judicial César Mariñas dictaminó que si desde el 2012 los trenes Alvias no estuviesen desconectados en este tramo del sistema de seguridad Ertms, éste habría alertado al maquinista 4 kilómetros antes de Angrois. En caso no de haber habido una respuesta de Garzón, el tren se hubiese frenado automáticamente. Esta misma tesis está incluida en el informe de la comisión de accidentes del Ministerio de Fomento, a pesar de su carácter progubernamental. El aniversario se produce en el escenario político surgido de las europeas, de inédito cuestionamiento del sistema bipartidista. En este ambiente la Plataforma Víctimas Alvia 04155 pidió que PP y PSOE no acudan al homenaje del jueves por la tarde en Angrois. Después la Xunta les concedió la medalla de oro de Galicia a las víctimas, a los vecinos y al personal de emergencias. La Plataforma rechaza la medalla, mientras que la otra asociación de afectados, Apafas, sí irá a recogerla en el acto oficial del jueves por la mañana. Los vecinos de Angrois tampoco participarán e incluso hay miembros de la Plataforma que anuncian que irán a manifestarse.

Ninguna de las dos asociaciones cuestiona la actuación de la Xunta en la gestión de la emergencia y ambas elogian la atención recibida en los hospitales gallegos. El conflicto reside en la posición del PP de avalar la gestión del Ministerio de Fomento y de, al igual que el PSOE, no apoyar la creación de una comisión de investigación parlamentaria. Un año después del siniestro, negar que existen más responsabilidades que la del maquinista supone negar la evidencia.

El último ridículo de Caamaño, la gran decepción del PSdeG

Fran Caamaño lo tuvo todo a su favor para ser el líder del PSdeG. Pero falló él mismo, por incoherente. Caamaño es el galleguista que se alió con los restos del ‘vazquismo’ y el progresista que pactó con el ‘socialbaltarismo’ de Pachi. Ayer hizo el ridículo al perder en el congreso provincial coruñés. En vez de irse para casa, anunció unas primarias. Es una pena que no fuese quien parecía ser.

El Parlamento gallego se instala en la parodia

El éxito de Ocho apellidos vascos, la película de moda en España, es en el fondo el triunfo de Vaya Semanita, el programa de ETB de humor político, que tuvo su equivalente catalán en Polònia, de TV3. En Galicia nunca hubo nada parecido, aunque quizá no haga falta, porque, como se confirmó esta semana, el Parlamento gallego es en sí mismo una parodia.

“Eu era un xubilado. Moi activo, pero activo ao meu xeito. Eu pola mañá non tiña que madrugar”. Así se expresaba Beiras sobre su vuelta a la política en la entrevista que le hicieron los periodistas Manuel Darriba y Daniel Salgado para su libro sobre AGE. Es muy infrecuente que Beiras esté en su escaño a primera hora. El lunes sí compareció al inicio de la sesión, porque comenzó a las 12, dos horas más tarde lo habitual. No estaba prevista su intervención, así que, una vez que se hallaba en el hemiciclo, tuvo que hacerse notar a su manera, gritando desde su escaño para llamarle “canalla” al portavoz del PP, Pedro Puy, por una referencia a Filgueira Valverde, el controvertido protagonista del Día das Letras Galegas del 2015.

El lunes Beiras hizo su gag y al día siguiente le tocó el turno a un Feijóo que, como licenciado en leyes que es, no deja de sorprender por las innovaciones que introduce en el Derecho Político. Hace ocho días defendió en Ferrol que algún día el presidente del Gobierno español será ¡elegido a doble vuelta! Es un procedimiento que no existe en ninguna parte, pues ese cargo depende siempre de la confianza del Parlamento. Israel ensayó a finales del siglo pasado un sistema de elección directa del jefe del Gobierno, a una vuelta, pero tuvo que abolirlo por disparatado. A quien sí se elije directamente, en ocasiones a doble vuelta, es al presidente de la república, aunque nada indica que Feijóo se haya hecho republicano.

Al presidente de la Xunta se le ve confundido tras el varapalo de las europeas. El martes se escandalizó porque Yolanda Díaz, la líder de Esquerda Unida, aludió al ejercicio de la violencia por parte del Estado. Feijóo recurrió a la actuación de Beiras del día anterior para proclamar, en una de sus peculiares mezclas, que AGE practica la mayor violencia política “en 30 anos”. En realidad la frase de Díaz era una cita, a medias y también algo confusa, de la clásica definición de Max Weber del estado como la organización que se reserva el monopolio de la violencia legítima. Parecía como si Díaz también quisiese parodiarse a sí misma buscando el guión que antes le hacía aquel asesor que ahora está muy ocupado en su propia carrera política, un tal Pablo Iglesias Turrión.

El número cómico del PSOE llegó también el martes, a través de un comunicado en el que confirmó a los exconselleiros de Touriño Méndez Romeu y Carmen Gallego como sus principales referentes en el Parlamento. Resulta difícil encontrar a políticos con menos credibilidad que Gallego y Romeu, el comprador de los coches y muebles del bipartito.

Y el Bloque también se sumó a esta fiesta del humor al anunciar que está dispuesto a renunciar a lo único que le queda, su nombre.

Angrois, la rebelión del dolor
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