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Al fin aire para las eólicas

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SI EN ESTE MAR mar de incertidumbres que nos ha traído la crisis hay un sector en el que la inseguridad jurídica ha golpeado con más fuerza, al tiempo que más expectativas ofrecía para la creación de riqueza, ese es el de la energía eólica. Y no solo en Galicia. El fin de las primas a la producción generada por el recurso del viento, que ya se atisbaba cuando el Gobierno de Rodríguez Zapatero creó un registro de preasignaciones para filtrar la avalancha de megavatios adjudicados por las comunidades autónomas, se cruzó definitivamente en el camino de un tortuoso proceso iniciado por el bipartito, y enmendado por la Xunta del PP después, que entre un lío y otro ha hecho perder a Galicia nada menos que tres años y pico. Y, con ello, las expectativas de desarrollar algo más de 2.300 megavatios a través del concurso eólico.

En el camino nos hemos topado también con un revolcón legislativo de difícil definición, con medio sector puesto patas arriba por el actual ministro de Industria, a quien igual le da por colocar a las centrales de ciclo combinado en «hibernación» tras multimillonarias inversiones como por gravar otras fuentes, como la hidráulica, sin más explicación que la de recortar el eterno déficit de tarifa del sector eléctrico. Es justo reconocer que, al calor de las primas, algunas fuentes como la solar fotovoltaica generaron toda una burbuja que atrajo de todo menos empresarios afines al sector, que vieron esta energía alternativa como un producto financiero más, con alta rentabilidad. Y, casi sin darnos cuenta, en medio de todo este marasmo, Galicia perdía puestos en el desarrollo de lo que mejor sabía y podía hacer: explotar el viento.

Con la reactivación del concurso eólico del 2010, a través de la autorización de los primeros parques, la Consellería de Economía retoma con timidez una senda de la que nunca debió desviarse, víctima de una perífrasis legislativa y judicial que ha provocado que incluso Andalucía cuente actualmente con mayor potencia instalada que Galicia. Pero de poco sirve mirar atrás. Retomado queda el concurso eólico, con la autorización de sesenta megavatios de potencia instalada a tres grupos y una inversión de setenta millones de euros. Y con un escenario por delante que, si nos atenemos al anuncio de Núñez Feijóo, conllevará la autorización para la instalación de «decenas de parques» durante este año. Sobre la mesa pueden estar hasta quinientos megavatios a desarrollar. Y llega el momento de sacar algunas conclusiones. Veamos.

La apuesta de tres grupos por levantar parques eólicos sin saltar con la red de las primas es una clara demostración de que, con buen recurso de viento y en determinadas ubicaciones, es posible generar empleos, desarrollar el sector, invertir en planes industriales y ganar dinero, aunque no tanto como antes. Esa es quizá la primera lección: es viable la energía eólica sin primas en Galicia. La segunda lectura de todo esto es que son precisamente empresas que saben lo que tienen entre manos las que deciden apostar y seguir adelante. Hablamos del propio sector, de compañías como Norvento, con Pablo Fernández Castro al frente, que es el primer grupo de capital gallego, con unos activos de 176 millones de euros y un beneficio de explotación de 24,7 millones solo en 2012. También son del gremio los propietarios de los otros parques autorizados, como los portugueses de Esus, o Nieblagen, perteneciente a una distribuidora gallega independiente que suministra electricidad en los ayuntamientos de As Somozas, As Pontes y San Sadurniño.

Frente a estas apuestas, queda por resolver otra ecuación. Con el anuncio de su decisión de reactivar el concurso, la Xunta abre la puerta también a facilitar el desestimiento para la puesta en marcha de los parques adjudicados en el 2010 a las propias empresas, además de articular otras facilidades a la hora de presentar los avales necesarios. Y aquí comienzan las incógnitas: ¿qué hará con sus megavatios adjudicados, nada menos que 339, Gas Natural-Fenosa, que fue la ganadora del concurso de 2010? ¿Y la resultante de las extintas cajas, Novagalicia, que con su grupo industrial accedió a otros 131 megavatios y fue una de las grandes sorpresas? ¿Está en condiciones NCG de embarcarse en la aventura? ¿Y la misteriosa Estela Eólica, otra gran beneficiada, sobre la que pesan expedientes sancionadores impulsados desde Industria?

Son todavía tantos los interrogantes como grandes las expectativas que se abren para todo el sector eólico con la decisión de la Xunta. El camino es largo, los pasos serán cortos, pero hay que celebrar que la energía eólica vuelve a Galicia. A cuentagotas, sí, pero al fin sopla el viento otra vez.

Una despedida agridulce en Novagalicia

AL FONDO de Reestructuración Ordenada de la Banca, que es como hablar del Banco de España y, por elevación, del Ministerio de Economía, le matan las formas. Y cuando se cierra una etapa y se abre otra hay cuestiones que se deben cuidar, precisamente para facilitar digestiones, como la que tendrá que hacer el venezolano Juan Carlos Escotet en Novagalicia. Pero resulta que esta transición está llena de zonas en sombra. Y de tropiezos por parte del organismo público. Como lo ha sido justificar el reemplazo de todo el consejo de la entidad hasta esta semana presidida por José María Castellano en aras de «facilitar y garantizar la adecuada efectividad de la compraventa y, por ende, del plan de resolución de Novagalicia». ¿Acaso Castellano no estaba en disposición de ello? ¿Tiene sentido que se quisiera aferrar a un puesto a sabiendas de que ya no es su guerra? Resulta difícil de creer, conociendo su trayectoria y perfil.

Es cierto que desde el entorno de Castellano nunca se ocultó que las relaciones con el FROB no eran idílicas, precisamente por un intento de mantener cierta autonomía de decisión, pero de ahí a lo deslizado por el organismo presidido por Fernando Resto y en una nota pública hay un largo trecho. Lo cierto es que Escotet y Banesco no eran la apuesta de Castellano. Como también lo es el hecho de que ni siquiera haya habido la socorrida foto entre ambos con el traspaso de poderes, que es lo civilizado en estos casos. Es otro elemento que tiñe de cierta amargura e incógnitas este fin de etapa. Toca ahora mirar hacia adelante. Y, por el bien de miles de familias (trabajadores y ahorradores), que el barco llegue a puerto.

TOMÁS PASCUAL ♦ Leche Pascual se olvida de la planta  de Outeiro de Rei

NI DE SU propio nombre se quieren acordar los directivos de lo que hasta ahora conocíamos como Leche Pascual. Mucho menos lo harán con respecto a su planta de Outeiro de Rei, que estaba alquilada al malogrado proyecto de Alimentos Lácteos. Y es que el grupo presidido por Tomás Pascual, hijo del fundador, se llamará a partir de ahora Calidad Pascual, en una operación de marketing para desligarse de todo lo que tenga que ver con el negocio lácteo. «Somos mucho más que leche», advierte el grupo, cuyos ingresos dependen en un 56% de dicho sector. Bezoya, Vive Soy y Bio Frutas son las marcas que quieren poner en valor. Ante este plan, como para acordarse de la planta lucense, en su día germen de un grupo lácteo que se desvanece en la memoria entre decenas de proyectos frustrados. La subasta de las marcas de Alimentos Lácteos (Deleite y Muuu) quedó ayer desierta en el juzgado. Y ahora solo queda malvender los equipos.

TINO FERNÁNDEZ ♦ Altia, una empresa  emergente en la nueva vida del Dépor

LO SUYO era el baloncesto, pero acabó en el fútbol. Y nada menos que en la presidencia del Deportivo. Tino Fernández es, a sus 48 años, uno de los empresarios gallegos de más proyección. Lo ha demostrado a base de gestión. La consultora Altia, que controla tras el prematuro fallecimiento de su socio de siempre, es una de las compañías estrella del Mercado Alternativo Bursátil, una minibolsa donde cotizan empresas con recorrido. En 2013 las acciones de Altia se revalorizaron un 70%. La compañía, con presencia en casi toda España, cuenta con unos 500 empleados. Y tras la absorción de Exis,un competidor, sus ingresos anuales se sitúan ya por encima de los 40 millones. Tino Fernández y Altia pueden parecer unos desconocidos para el común, pero empresas y administraciones que son sus clientes saben que el nuevo presidente del Dépor suele cumplir.

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