Viernes. 21.09.2018 |
El tiempo
Viernes. 21.09.2018
El tiempo

Ahora sí toca

Evoluciona favorablemente la salud de Teresa Romero, la auxiliar de enfermería que se contagió con el virus del ébola en España. Es un éxito de la medicina española y una excelente noticia para todos. También para el Gobierno. Desdramatiza el clima de temor que generó la falta de información y la frivolidad de algunos. La gestión inicial ante la opinión pública del primer contagio de ébola en España fue un desastre. Representó un alto coste para el Gobierno. Probablemente el Ejecutivo se enfrentó a su mayor impacto negativo en la opinión pública. Sucede ahora con las tarjetas, opacas o no, de Caja Madrid. Lo contaba ayer José Antonio Zarzalejos en La Vanguardia, el escándalo de esas tarjetas afecta más al PP, no solo por Rodrigo Rato, que a los partidos de izquierda y sindicatos, también con numerosos beneficiarios de esos generosos sobresueldos, que parece nadie incluyó en su declaración de la renta. Las explicaciones y exculpaciones que formulan algunos de los beneficiarios no incluyen un argumento que entenderíamos todos: está en mi declaración de la renta. Si fuese así, hablaríamos solo de una cuestión ética y de responsabilidad política. Frente a la sensación de caos con el ébola, el Gobierno reaccionó desplazando a Ana Mato. La normalidad se impuso inmediatamente. Pero si en algunos medios del PP hay exceso de prudencia, o temor, para actuar con firmeza frente a los militantes implicados en ese derroche de las tarjetas, se despreciaría lo que parece más importante para la opinión pública en las cuestiones de corrupción que afloran: la debilidad o falta de firmeza en la reacción, o el silencio. La vía judicial es un camino lento, aunque en este caso parece que más rápido que una baja cautelar en el PP. Tocaría, para cerrar la reacción del Gobierno, cesar a Ana Mato como ministra de Sanidad. No se hizo en plena crisis del contagio del ébola, pero ahora empieza el tiempo en que entra en el guion. Como con las tarjetas, para que nadie, ni Pablo Iglesias, tenga la tentación de «tomar el cielo al asalto».

Ahora sí toca
Comentarios