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Adiós a las cuotas lácteas

EL CAMPO gallego es el escenario de una particular contrarreloj en la que nos jugados mucho. En abril de 2015 desaparece el sistema de cuotas lácteas. Es el punto final a un mecanismo de control de la producción instaurado en los años ochenta y con el que hemos convivido, pero sobre todo, nos hemos modernizado. Esa liberalización total, para la que parecen más preparados los productores que las propias administraciones públicas, viene precedida de un proceso que los expertos denominan de «aterrizaje suave», con un incremento gradual del volumen de cuotas desde 2008. El contexto en el que se inició esta última campaña con limitaciones a la producción era mejor, tanto en Galicia como en Europa, frente a las penurias de años anteriores. Los precios en origen, así, parecían marcar una senda de crecimiento que solo se ha visto alterada de forma un tanto brusca este verano. Inicio de un nuevo ciclo bajista o simple oscilación estacional derivada de la caída de las cotizaciones internacionales de las denominadas commodities lácteas (mantequilla, leche en polvo y otros derivados), conviene detenerse en saber si Galicia está preparada para esa liberalización total de la producción que traerá el 2015.

Desde luego, en la última campaña, las entregas a la industria no solo se han incrementado en Galicia, sino también en toda Europa, en lo que se interpreta como una respuesta a la coyuntura de los precios, pero también refleja el comportamiento de unas explotaciones que están adelantado y descontando la desaparición de las cuotas. De ahí que ahora, en el último minuto, sobrevuele la amenaza de la supertasa, la multa por exceso de producción asignada. Seis de cada diez explotaciones gallegas han sido señaladas por este ultimátum en forma de multa, que Galicia no asume desde la campaña 2005-2006.

Esa barra libre que traerá la liberalización láctea marcará un antes y un después que ya ha sido adelantado en numerosos estudios: en un horizonte sin cuotas la producción láctea de la Unión Europea va a tender a concentrarse en aquellas zonas con mayores ventajas competitivas, como definen el escenario los autores del informe A Economía Galega, de la obra social de Abanca. En otras palabras, la recurrente cantinela de las «ventajas competitivas» implica que ganará la partida quien tenga menores costes de producción, bien por la proximidad a los centros de consumo, por contar con una industria más sólida o una mejor organización de la cadena.

Son muchos los análisis que alertan de un desafío inminente para el sector lácteo gallego con el fin de las cuotas, que tiene ante sí una situación de fuertes fluctuaciones en los precios y una eventual burbuja de tráfico transfronterizo de excedentes. ¿Está preparada Galicia para ello? Desde luego, como potencia láctea sí. Y eso debería hacer reflexionar a los responsables políticos del ramo, ya sea en Madrid o San Caetano. Con datos del arranque de la campaña actual, del mes de abril, Galicia concentra ya el 39% de la producción total española, más que triplicando el registro de su más directo competidor, Castilla y León.

Con las cuotas se va un sistema implantado desde Bruselas que lleva a pensar que alguien quiso convertirnos en un país de consumidores, no de productores. Y si repasamos el contexto nacional, a punto estuvo de conseguirlo, a decir por los datos. Esto es así porque España consume tres millones de toneladas de leche más de la que produce, visto que el cupo de la UE para la producción, la cuota, se sitúa algo por encima de los 6,4 millones y consumimos aproximadamente 9 millones.

Y la gran pregunta es hasta dónde habría llegado Galicia sin limitaciones a la producción. Porque lo cierto es que, entre tanta cuota e imposición comunitaria, el sector lácteo gallego nunca ha dejado de crecer. ¿Qué ha sucedido? Pues que los ganaderos invirtieron mucho dinero en comprar cuota, con lo que se generó una cultura de adquisición mientras que en el resto de España se optó por cobrar las primas y renunciar a la producción. Es unánime en todo el sector la valoración de que los ganaderos gallegos están en mejor posición que en el arranque de los años noventa, cuando comenzó a aplicarse la supertasa. Se trata, probablemente, del único caso de una región europea que, bajo un sistema de limitaciones, logró incrementar en prácticamente un 50% su producción. Sin embargo, muchos de los deberes siguen pendientes: contratos estables, equilibrio en la cadena alimentaria, solidez industrial, proyectos de I+D que generen valor... El fin de las cuotas será, sin duda, otro quebradero de cabeza para el sector lácteo y para toda Galicia.


INDITEX y su ''zaradependencia'', a menos

NO debería asustar que cuando el primer grupo textil del mundo estornuda ligeramente, la Bolsa registre algún temblor y el entorno empresarial resople con cierta preocupación. Es lo que tiene ser una multinacional líder, vender en casi noventa mercados (6.460 tiendas) y convivir con un euro sobrevalorado. Inditex ha mantenido el ritmo de sus ingresos, pero su beneficio se ha resentido en estos primeros seis meses del año. El ritmo de aperturas sigue y la inversión que completará en diciembre asciende a nada menos que 1.350 millones, un 8% más sobre la realizada en 2013.

Bajo la epidermis de los resultados semestrales, algunos datos muestran cuáles son los objetivos y su alcance marcados desde Arteixo. Por ejemplo, en estos dos últimos años, si hacemos la comparación por semestres, Inditex ha conseguido reducir lo que se puede denominar como su «zaradependencia». El peso en las ventas de la cadena estrella sobre el total del grupo ha pasado de un 66,7% en la primera mitad del 2012 a un 64,3% a julio de este año. Europa se consolida como su mercado de referencia, y gana cada vez más peso, con el 45,6% de las ventas, sin contar con España, mercado estable en cuanto su aportación al negocio, al igual que Asia.

Con la excepción de Uterqüe, todas las cadenas del grupo logran este año vender más, pero algunas lo hacen a mucho menor ritmo que el año pasado. Es el caso de Massimo Dutti, Pull & Bear, Bershka o Zara Home. De todo esto seguro que toman buena nota los mercados, pero mucho más en Arteixo, donde la competencia entre los directores de cadena es norma de la casa.

Jacinto Rey
San José logra al límite refinanciar su deuda con la banca

SI una gran empresa gallega ha estado al límite este verano, esa es sin duda San José. La constructora presidida por Jacinto Rey ha asistido en estos últimos meses a varias deserciones ilustres de su consejo de administración, fuga que avanzaba casi en paralelo a las negociaciones con el pool bancario que financió la fatídica compra de la inmobiliaria vallisoletana Parquesol en los años previos a la crisis, es decir, en el peor momento. Jacinto Rey está ahora a punto de cerrar un acuerdo con la banca para refinanciar una deuda que, en su totalidad, suma 1.778 millones de euros. La Bolsa ha recibido con cierto entusiasmo el principio de acuerdo, a la espera de unos flecos que conllevarán la entrada de la banca en el capital de la división inmobiliaria, a través de un canje de deuda por acciones al que Jacinto Rey se ha resistido durante los largos meses de negociaciones. Al final, habrá que amputar una parte para que el herido sobreviva.

José María Castellano
Un paso atrás en su grupo patrimonial, y su esposa al frente

TRAS una salida de la presidencia de la antigua Novagalicia que podría haber sido mucho más lustrosa, José María Castellano se afanó en retomar sus negocios, entre ellos la venta de la operadora de cable ONO a los británicos de Vodafone. La operación, despejada con inicial éxito, parece torcerse ahora por asuntos fiscales, mientras está pendiente el cobro de los bonus a los directivos. Tenga o no relación, Castellano ha dado un paso atrás en su sólido grupo patrimonial, poniendo a su mujer, María Teresa Vázquez Abad, al frente de las sociedades clave del conglomerado familiar. Caste deja la administración de firmas como Nakadama, Alazady España, Inversiones Alazady 2007 y Bosque de Xaz Inmobiliaria, que pasan a tener un administrador único, su mujer. El catedrático nunca dio puntada sin hilo, y es de suponer que ahora también acertará.

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