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Obama comienza a trabajar desde fuera de la Casa Blanca

Aún quedan 76 días para que Barack Obama jure el cargo, pero el futuro inquilino de la Casa Blanca ya se ha lanzado, sin demora, a sus tareas presidenciales, acuciado por la grave situación económica y las necesidades sociales de EEUU.

Sin tiempo para deleitarse en su histórico triunfo, Obama ha mantenido en las últimas horas contactos con mandatarios de todo el mundo, entre ellos el propio George W. Bush, en un anticipo de lo que será el día a día a partir del 20 de enero. También se ha embarcado de lleno en la formación de su equipo y en prepara la transición gubernamental.

El primer nombramiento será previsiblemente el de su jefe de Gabinete, puesto clave para el que podría elegir al congresista de Illinois Rahm Emanuel.

Para el jueves ha sido convocado por el director de la CIA, Mike McConnell, para mantener una primera sesión informativa sobre asuntos de inteligencia junto al futuro vicepresidente, Joe Biden.

La crisis, objetivo principal del cambio
Sin tiempo que perder, el equipo Obama-Biden debe comenzar a forjar el programa de Gobierno para los próximos cuatro años, conscientes de que las expectativas son muy altas y de que la crisis le impedirá desarrollar totalmente sus planes de bajar los impuestos e invertir en programas sociales.

Durante la campaña, el senador afroamericano se ha apoyado en el mensaje de cambio, y ha convencido a los electores de que es la persona apropiada para dar una nueva dirección al país y devolver la prosperidad y el prestigio que la primera potencial mundial merece.

Cuando Obama se siente por primera vez en el Despacho Oval se encontrará con una economía inmersa en la peor crisis financiera de los últimos 80 años, con un crecimiento negativo que puede ser del 2,5 en el cuarto trimestre, con un grave deterioro del mercado inmobiliario y con la correción de los mercados tras el crash financiero.

Además, industrias enteras se habrán visto abocadas a un proceso de reconversión sin precedentes. Entre ellas, la banca, abocada a tener que depender de las ayudas estatales, y la industria del automóvil, que se enfrenta a un futuro incierto, lo que deja a millones de trabajadores y a sus familias en la cuerda floja. La industria entera clama por un plan de rescate.

Además, Obama tendrá que decidir si sigue adelante con su plan de bajar los impuestos a la clase media, lo que reducirá los ingresos del estado, y qué hacer con los propietarios morosos que pueden perder sus casas, y que supone el 9 por ciento del total.

La importancia del secretario del Tesoro
Una de las medidas que podría tomar Obama en los próximos días es nombrar un secretario del Tesoro con peso, pues será el responsable de completar el plan de rescate financiero aprobado por el Congreso por valor de 700.000 millones de dólares (unos 540.000 millones de euros). Entre los candidatos se baraja el nombre de Lawrence Summers, que ocupó el cargo con Bill Clinton, o el ex presidente de la Reserva Federal Paul Volcker.

Un tercer nombre que suena en los foros financieros es Timothy Geithner, presidente de la Reserva Federal de Nueva York, cuya gestión de la crisis entre la banca de Wall Street le valió todo tipo de elogios.

Antes de tomar posesión como presidente el 20 de enero, Obama se involucrará en las negociaciones de un nuevo plan de estímulo económico en el Congreso, donde el partido demócrata ha reforzado su posición mayoritaria.

La presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, quiere un nuevo programa de 100.000 millones de dólares (77.000 millones de euros) para que los estados puedan invertir en infraestructuras, escuelas y servicios públicos, con la confianza de que creará empleos.

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