'Nadie quiere la Guerra Fría; todos la buscan'

¿Quién manda en la crisis georgiana?
photo_camera ¿Quién manda en la crisis georgiana?

En las últimas semanas, la expresión 'Guerra Fría' parece decidida a salir de los libros de Historia para revivir sus quince minutillos de fama. Sea por marcar el territorio o por buscar un golpe de efecto publicitario, la frase rebota del Cáucaso a la Casa Blanca como si fuese una pelota de ping-pong. Decía Santayana que ''quien olvida el pasado está condenado a repetirlo''. Queda por saber qué ocurre con quien lo banaliza.

Desde que se inició la crisis de Georgia la frase estuvo en boca de su presidente Mijail Saakashvili, del jefe del Pentágono Robert Gates, de la secretaria de Estado Condolezza Rice o del ministro de Exteriores ruso Sergei Lavrov. Este martes, llegó el turno de Dmitri Medvedev, tras reconocer la independencia de Osetia del Sur y Abjasia. 

En todos ellos hay un denominador común, rechazándola de plano y acusando a la otra parte de estar alimentándola. ''No tenemos miedo a nada, ni siquiera a una nueva guerra Fría'', afirma Medvedev. ''Eso sí, no la queremos. Si nuestros socios optan por la confrontación, pues bien, hemos vivido distintas situaciones, también viviremos esta''.

''No la queremos pero no la tememos''
Mismo tono desde Washington. Un día antes de firmar con Polonia la colocación de misiles en la misma puerta de Rusia, el jefe del Pentágono, Robert Gates,  señalaba que Estados Unidos no tiene "ni deseos ni intenciones de que se reanude una confrontación con Moscú como la guerra fría, tal y como parece buscar Rusia".

El último episodio de este enfrentamiento tensa aún más la situación. Las respuestas al reconocimiento ruso de la independencia de Osetia del Sur y Abjasia no se hicieron esperar. Bush las califica de ''inaceptables'', Rice de ''intolerables'',  la UE, siempre tan rotunda, señala que ''la condena firmemente'' mientras todos los vecinos de Georgia piden respeto para su integridad territorial.

Entre la espada y la pared
El órdago de Medvedev y Putin tiene sus riesgos, pero obliga a Occidente a dar un paso adelante. Hasta ahora, Washington y sus alíados podían obviar sin demasiado problema que Rusia actuara como si estas regiones fuesen independientes 'de facto', financiando sus sistemas sanitarios y educativos o repartiendo pasaportes.

Sin embargo, el reconocimiento formal llevará la discusión de su estatus tarde o temprano a una mesa de debate en la ONU, precisamente donde Estados Unidos no quiere llegar por temor a tener que retratarse.

Pese al apoyo incondicional a Georgia desde comienzos de los años 90, la Casa Blanca necesita un frente común con Rusia ante los 'nuevos enemigos' como Irán, Libia o Corea. En este contexto, sacudir la bandera de la 'Guerra Fría' no deja de ser un buen recurso publicitario que recuerda que cualquier tiempo pasado no tuvo por qué ser mejor.

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