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La represión crece en Irán en vísperas del 31 aniversario de la Revolución

Sumida en su peor crisis interna y en abierto desafío a la comunidad internacional, la República Islámica de Irán celebra el jueves el 31 aniversario de la revolución divida y acuciada por unos problemas económicos y un descontento popular que proyectan incertidumbre sobre futuro.

El 22 de Bahman de 1357 (11 de febrero de 1979, según el calendario cristiano) ha pasado a la historia como la fecha en la que definitivamente colapsó la monarquía del último Sha de Persia, Mohamad Reza Pahlevi. Ese día, el Ejército iraní se declaró ''neutral'' tras luchar en defensa de un rey que los había abandonado y marchado al exilio diez días antes.

Desde entonces, el 11 de febrero se ha convertido en la fecha del triunfo del alzamiento y en una jornada festiva que durante tres décadas ha servido al régimen iraní para mostrar su unidad y su fortaleza.

Ahmadineyad rompe la cohesión
Una cohesión que estalló en pedazos el pasado 13 de junio, día en el que cientos de miles de personas salieron a las calles del país para protestar contra la reelección del presidente del país, Mahmud Ahmadineyad, que la oposición denuncia como ''fraudulenta''.

El supuesto amaño liberó la frustración latente de un amplio sector de la población, que desde hace años exige una apertura que permita a la República Islámica abrirse al exterior y mejorar sus perspectivas de vida.

La violenta represión posterior propició que una parte dirigiera a su antojo el régimen, e incluso se comenzó a discutir algunos pilares del sistema teocrático.

Las protestas se agravaron el pasado 27 de diciembre, durante la gran fiesta nacional de Ashura, pese a la agresiva campaña de acoso policial a los partidarios de la oposición.

Represión interna
En los últimos siete meses de inestabilidad interna, han muerto al menos una cuarentena de personas -ocho de ellas en los disturbios del día de Ashura- y millares de iraníes han sido arrestados por las Fuerzas de Seguridad. Casi un centenar han sido juzgados y condenados a diferentes penas de cárcel, entre ellos ex altos cargos del anterior Gobierno reformista y dirigentes de la oposición.

Además, una docena de personas, acusadas de ser ''enemigos de Dios'', han sido condenadas a muerte por su presunta relación con grupos de oposición en el exilio, como los 'Muyahidin Jalq' o la 'Asociación Monárquica', a los que el régimen acusa de incendiar las protestas.

Teherán asegura que ambos colaboran con los servicios secretos de países como el Reino Unido y Estados Unidos, a los que acusa de urdir una conspiración para causar un cambio de régimen. Los líderes opositores reiteraron la semana pasada que su movimiento nada tiene que ver con los extranjeros e insistieron en que defiende la reforma dentro de los principios de la República Islámica. Los arrestos se han intensificado en los últimos días, en víspera de la celebración del 22 de Bahman.

Trabas a internet
Las autoridades han reducido, además, la velocidad de internet para intentar que los opositores no puedan utilizar una de sus mejores armas para la coordinación y el envío de imágenes al exterior. Aun así, todo apunta a que el jueves saldrán de nuevo a las calles del país, donde también están convocadas marchas de apoyo al Gobierno.

Junto a la compleja coyuntura interna, la difícil situación económica que atraviesa el país y el deterioro del conflicto que Irán mantiene con la comunidad internacional a causa de su polémico programa nuclear arrojan interrogantes sobre su futuro.

Con una población en su mayoría joven, menor de treinta años, el país afronta una alta tasa de paro y una fuerte inflación que ha abierto la brecha social. Además, la industria petrolera, principal fuente de ingresos del país, se halla en una complicada situación, con necesidad de inversiones millonarias a corto plazo, como advirtió esta semana un alto responsable iraní del ramo.

Expertos y analistas coinciden en apuntar que la nueva ley de sustitución de los subsidios por ayudas directas a la población podría agravar estos problemas sociales.

Problemas con la 'comunidad internacional'
Externamente, Irán hace frente a un posible mayor aislamiento y a una nueva batería de sanciones económicas y políticas por su decisión esta semana de comenzar a enriquecer uranio al 20% pese a las advertencias de las grandes potencias.

El martes, el presidente norteamericano, Barack Obama, reveló que su Gobierno elabora un ''importante régimen de sanciones'' contra Irán, ''que les demostrará lo aislados que están en la comunidad internacional''.

Hace exactamente un año, el mensaje era otro muy distinto: poco después de acceder a la Casa Blanca, el mandatario ofreció una mano tendida a cambio de que el régimen de los ayatolá ''abriera el puño''.

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