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Así vivieron el 11-S tres lucenses: "Huimos de casa y caminamos entre zombies"

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Manhattan, tras el derrumbe de las torres. EFE

Así fue el día que cambió el curso de la historia hace 20 años

 

Tres lucenses y un neoyorquino de padres gallegos cuentan cómo vivieron el 11-S

Era un día particularmente apacible y soleado. El 11 de septiembre de 2001 el corazón de la Gran Manzana (Nueva York) amanecía entre el ajetreo y bullicio habitual sin tener la mínima sospecha de que sería testigo de un brutal acontecimiento que cambiaría para siempre la historia reciente.

Cuatro aviones secuestrados por miembros de Al Qaeda fueron utilizados esa mañana para atentar contra edificios simbólicos del poder de Estados Unidos. Fueron 149 minutos de pánico en los que 25.000 personas resultaron heridas, casi 3.000 perdieron la vida y otras miles fueron testigo del horror, un horror que marcaría para siempre sus vidas.

Entre los testigos de la masacre vivida en la Zona Cero se encontraban lucenses a los que aún se les eriza la piel al recordar lo vivido ese fatídico día. Las heridas siguen muy abiertas para los supervivientes 20 años después de la masacre. A continuación recogemos cuatro relatos conmovedores que nos acercan más si cabe a la inmensa tragedia que marcaría un antes y un después y que aún sigue estremeciendo al mundo.

"Lo vivimos como una película de terror"

Generated by  IJG JPEG LibraryEl periodista lucense Gonzalo de Cora (en la imagen) mantiene una estrecha relación con Nueva York desde su adolescencia y recuerda que vivió el ataque a su ciudad de residencia desde el año 2012 con gran angustia. "Justo el año del atentado no estaba en Manhattan, me había trasladado a vivir Madrid. Pero viví todo con angustia. Recuerdo estar en constante contacto con mucha gente neoyorquina y gallega para saber cómo estaban y qué había pasado".

De Cora señala que las imágenes que le llegaban de la Gran Manzana le dejaron impactado. "No te lo podías creer, lo vivimos como una película de terror; era impresionante. Pienso que si fuese hoy en día con las nuevas tecnologías y el WhatsApp sería todavía más intenso".

"Me acuerdo perfectamente —prosigue— de que en ese momento yo estaba en la Puerta del Sol, donde instalaron pantallas gigantes. Creo que todo el mundo recuerda en qué sitio le pilló ese fatídico momento". El periodista recalca que fue un hecho que impactó al mundo. "Creo que el hecho de vivir en Nueva York hace que yo lo viviese de forma más emotiva, pero fue algo tan potente, que desde cualquier parte del planeta, cada persona lo llegó a sentir en su propia carne. Aunque no conocieses a nadie te impactaría igual. Todos fuimos conscientes de que era algo que no se había vivido jamás".

El lucense afirma que la ciudad volvió poco a poco a la normalidad —"aún reabrieron no hace mucho el metro de la zona"— pero precisa que el 11-S quedará por siempre grabado en la retina.

"Cundió el pánico, huimos de casa y caminamos entre zombies"

Generated by  IJG JPEG Library"Era un día de calor, tenía las ventanas de casa abiertas y estaba durmiendo. De repente escuché el ruido de un avión que pasaba por encima del edificio e inmediatamente oí una gran explosión. Salí a la ventana y vi el terrible impacto", rememora el artista lucense Antonio Murado (en la imagen), quien presenció desde su vivienda, situada enfrente a las Torres Gemelas, el atentado.

"De inmediato cundió el pánico. Todo el mundo salió a la calle, se escucharon sirenas... De repente vimos embestir al otro avión y ya el pánico fue generalizado".

El artista vivió la terrible tragedia junto a su mujer Cristina y su hija Sara en el hogar en el que llevaban viviendo desde el año 1996. "Nos cortaron la luz y el agua y nos pidieron que nos marcháramos de casa. Los tres huimos sin mirar atrás y sin saber muy bien adónde ir, caminando entre lo que parecía un pueblo de zombies, gente que no sabía que pasaba ni adónde ir ni qué hacer".

El lucense recuerda con especial emoción el momento en el que se derrumbó la segunda torre. "Ahí supimos verdaderamente la magnitud de lo que pasaba. Fue una sensación de que ya no había vuelta atrás. Con el primer choque tenías esperanza, psicológicamente lo ves como algo transitorio, un accidente provocado que causaría daños que ya se repararían, que habría que evacuar a la gente y ojalá no hubiese fallecidos... Pero al desplomarse los edificios pensé: ‘Ya está, se terminó’. Fue absolutamente desolador el ruido, la famosa nube de humo... Sentí una sensación de completo vacío».

"Lo que primero pensé es que había sido una bomba, pero no me cuadraba que el impacto estuviese tan alto"

El artista señala que jamás se imaginó vivir un suceso así, pero asegura que desde el primer momento sí que se imaginó que era un atentado. "Lo que primero pensé es que había sido una bomba, pero no me cuadraba que el impacto estuviese tan alto. Lo que sí tenía claro es que había sido a propósito, no era un accidente. Sabía que era un acto terrorista".

Tras pasar varios días realojada, la familia Murado pudo volver a su vivienda. "Afortunadamente nuestra casa no se vio afectada por la gran nube tóxica y pudimos regresar pronto. Mucha gente no pudo volver por mucho tiempo por el peligro del amianto. Recuerdo perfectamente que al volver a la zona se respiraba un ambiente de sobriedad, sentimos una sensación de no saber qué decir ni qué hacer".

Veinte años después de esa fatídica experiencia Murado reconoce que, aunque la ciudad volvió «demasiado pronto a la actividad normal», se quedó tocada para siempre. "Al poco tiempo Nueva York continuó actuando como si fuese una máquina que no podía parar. Lo que sí es cierto es que en los años posteriores se percibía un pánico enorme por si volvía a suceder algo parecido. Que fuese un atentado sincronizado creó una incertidumbre constante de preguntarte: ‘¿Dónde estará el siguiente?’. Tanto fue así que mucha gente optó por marcharse de Nueva York".

"Era irreal, acabábamos de subir a las torres"

Generated by  IJG JPEG LibraryPablo, José Luis y Carlos Carballo (en la imagen) son tres hermanos lucenses que llegaron a Nueva York el 5 de septiembre de 2001 junto a un amigo para conocer la ciudad. Al poco de aterrizar su primera visita fue a las icónicas Torres Gemelas, que les dejaron "totalmente impactados", sin tener ni idea de que cinco días después presenciarían su brutal derrumbe. "Cuando sucedió todo estábamos en la ciudad, en el hotel. Escuchamos rumores de que una avioneta había chocado contra una torre. A los pocos minutos dicen que otro avión ha chocado contra la otra. La sensación era de estar viviendo un sueño. Una película de ciencia ficción. No podía ser real. Era imposible que estuviese pasando eso. Acababa de subir a las torres", precisa Carlos.

Al ser conscientes de la magnitud de lo que estaban viviendo los hermanos se acordaron de inmediato de su familia. "Hablé con mamá y estaba llorando, en ese momento se cayó la segunda torre y se me acabó el saldo. Necesitábamos seguir hablando con nuestros padres por lo que salí corriendo, crucé la calle para pillar una tarjeta y vi una imagen que no podré olvidar: una gran nube de polvo se levantaba al sur de Manhattan".

En ese momento los tres turistas reflexionaron sobre lo acontecido. "Nos fuimos haciendo conscientes de las dimensiones de lo que estaba sucediendo bajo nuestro pies. Las calles estaban desiertas y quedábamos cuatro turistas que no teníamos para dónde escapar. Mirábamos constantemente al cielo bajo el temor de otro ataque de aviones sin control. Se nos vinieron a la cabeza las personas con las que habíamos estado en las torres 5 días antes: camareros y otros trabajadores, que había un alto porcentaje de posibilidades de que hubiesen fallecido".

Pablo, Carlos y José Luis deambularon durante horas sin rumbo por la ciudad. "Se dio la casualidad de que cuando estábamos por la Gran Manzana como pollo sin cabeza encontramos a otros dos lucenses". Finalmente todos lograron ponerse a salvo. Veinte años después del shock, los hermanos tienen muy presente lo sucedido. "Pensamos que seguramente fuimos los tres últimos hermanos lucenses que estuvieron en las torres", concluyen.

"Supuso el fin de la inocencia"

REV1109P2F2Hace 20 años, Marcos Roel (en la imagen, junto a su pareja), neoyorquino hijo de madre pontevedresa y padre coruñés, trabajaba en el banco de inversión Morgan Stanley. El 10 de septiembre, sus jefes, que esa semana asistían a una conferencia mundial en Londres, le mandaron acudir en su lugar a una presentación en las Torres Gemelas a las nueve de la mañana. "Es decir, estuve allí exactamente 24 horas antes del ataque. No pasa un día que no le dé gracias a Dios por hacer esa presentación ese lunes y no ese martes", afirma Marcos, que no volvió a la Zona Cero hasta hace unos días .

"Aquel 11 de septiembre empezó como un día normal en la oficina —recuerda—. Los que no fuimos a Londres estábamos haciendo nuestro trabajo. Tuvimos nuestra reunión de la mañana y luego algunos fuimos a desayunar a la cafetería y luego volvimos a nuestros escritorios. Mi jefa en ese momento tenía una televisión en su oficina y cuando la noticia anunció que algo había sucedido en las torres, todos asumimos que se trataba de una explosión de algún tipo, como gas. Recuerdo que todos fuimos a la oficina donde estaba la televisión y vimos cómo se desarrollaban las noticias. Entonces recuerdo haber visto la segunda torre ser golpeada y de repente supimos que algo estaba pasando. Que esto no era una explosión o accidente. Las oficinas de Morgan Stanley estaban en Times Square, así que imagine la escena cuando todos los edificios de oficinas fueron evacuados al mismo tiempo. Recuerdo haber pensado que era tan surrealista como si fuera parte de una película de Will Smith. Éramos miles y miles de personas, todos mirando hacia el cielo buscando el próximo avión".

"Ahora teníamos que vivir en un mundo que siempre estaba en alerta máxima"

"Nos dijeron que volviéramos a casa —prosigue Roel—. Recuerdo caminar hacia el este de Manhattan para intentar tomar un autobús por el puente hacia Queens, donde vivía y donde tenía mi coche aparcado. Mientras cruzaba el puente en el autobús, vi caer la segunda torre y me quedé mirando en silencio".

Una vez en casa y con la familia ya reunida, "nos quedamos allí en silencio e incrédulos mientras veíamos todo en la televisión. También recuerdo que gente de Galicia, familiares y amigos, intentaban llamar para ver si estábamos bien, y vivos», subraya.

La perplejidad reinó también en los días posteriores, que Roel califica de "surrealistas". "Era como si el mundo se hubiera acabado. Nadie trabajó. Recuerdo haberme encontrado con unos amigos una noche en una parte de Queens que está al otro lado del río de Manhattan, y pudimos oler la carne quemada en el aire. Creo que después de 10 días nos dijeron que regresáramos al trabajo. Me sentí nervioso por tomar el tren al trabajo y no confiaba en nadie, todos para mí, sin importar el color, parecían terroristas", confiesa.

En su opinión, el 11-S supuso "el final de nuestra inocencia. Siempre pensamos que cosas malas y el terrorismo pasaban en otras partes del mundo y no en nuestra casa. Ese fue el día que cambió todas nuestras vidas para siempre y marcó el comienzo de un mundo nuevo. Nada volvería a ser igual. Ahora teníamos que vivir en un mundo que siempre estaba en alerta máxima".

Así vivieron el 11-S tres lucenses: "Huimos de casa y caminamos...
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