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Ahmet Üzumcü recibe el Premio Nobel de la Paz

Ahmet Üzumcü, tras recibir el galardón (EFE)
Ahmet Üzumcü, tras recibir el galardón (EFE)

El director de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), Ahmet Üzumcü, renovó hoy, al recibir el Premio Nobel de la Paz, la meta de lograr un mundo sin ese tipo de armamento, una visión que, dijo, está camino de convertirse en realidad.

"La OPAQ ha verificado la destrucción de un 80 % de todas las armas químicas declaradas y hay 190 estados que se han sumado a la prohibición; estamos avanzando para que la visión de un mundo sin armas químicas se haga realidad", dijo Üzumcü en su discurso pronunciado en el ayuntamiento de Oslo.

Uno de los retos de la organización ahora, según el director general, es trabajar por que ese tipo de armamento no tenga un resurgimiento.

Üzumcü valoró el que la reacción de la comunidad internacional haya llevado a Siria a sumarse a la convención sobre las armas químicas que ya cuenta con 190 estados, y dijo que otro de los retos es unir a ella a los seis estados que todavía están ausentes.

El director general de la OPAQ advirtió de que el trabajo del organismo en Siria es algo que, aunque corresponde a la acostumbrada labor de verificación, desborda la rutina habitual por las condiciones especiales de ese país.

"Verificar la declaración sobre las armas químicas de un estado miembro de la convención es algo rutinario para la OPAQ. Pero es claro que nada puede ser rutina en ese país, debido a las circunstancias en que trabajamos, dijo al recibir el Nobel de la Paz en Oslo.

En ese sentido, Siria ha sido un reto para la organización que ha tenido que mostrar que está en condiciones de trabajar en circunstancias cambiantes.

Üzumcü recordó hoy la huella de muerte que dejaron las armas químicas a lo largo del siglo XX y "lamentablemente también en el siglo XXI", desde su primer uso a gran escala en la batalla de Flandes, durante la I Guerra Mundial.

Según advirtió, aunque "ningún tipo de armamento tiene el monopolio de la crueldad", las armas químicas presentan una serie de características que las hacen especialmente nefastas.

"Las armas químicas apuntan al miedo profundamente arraigado de todos los humanos de ser envenenados. No distinguen entre combatientes y civiles, entre una ciudad y un campo de batalla. No se pueden ver, no se pueden oler y no dan aviso", dijo.

"Sus efectos sin embargo son devastadores, queman, ciegan o sofocan a sus víctimas. La muerte rara vez es instantánea y nunca sin dolor. Y cuando no matan, estas armas causan un daño a la gente y su medio ambiente sin dar oportunidad a que se repare una vez termine el conflicto", agregó.

Üzumcü recordó además que aunque su organización se fundó en 1997, el primer esfuerzo por prohibir el uso de armas químicas data de 1899, cuando se firmó la Convención de La Haya, que no fue respetada durante la I Guerra Mundial.

Luego vino el Protocolo de Ginebra de 1925, que prohibía el uso de las armas químicas pero no su fabricación y su posesión.

Pese a ello, dijo Üzumcü, "las armas químicas se siguieron usando en todo el mundo, también contra la población civil, y durante la Guerra Fría surgieron arsenales más grandes y más temibles".

Sólo en la década de 1980 se empezaron a hacer esfuerzos por un tratado más riguroso, en parte debido a la impresión que causaron los ataques del régimen iraní de la época contra su propia población.

Entonces se empezó un proceso en el que muchos estados se fueron uniendo a la idea de convertir las armas químicas en cosa del pasado, aunque esto conllevó, dijo Üzumcü, años de difíciles negociaciones.

"Le rindo ahora tributo a todos quienes han contribuido a este proceso exitoso de desarme químico y le agradezco a los gobiernos que tuvieron el coraje de dar los primeros pasos", dijo.

El resultado fue la actual convención que ya tiene 190 estados miembros que se han comprometido a la destrucción de sus armas químicas y de las instalaciones para fabricarlas.

La convención, además, según Üzumcü, tiene un mecanismo de verificación efectivo en el que la OPAQ hace las veces de una especie de "guardián".

El último estado en sumarse ha sido Siria, en circunstancias trágicas, después de que se usasen armas químicas en medio de la guerra civil

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