Ramón Rozadillas, la voz del monte en mano común

Ramón es de barrio, acera y billar con futbolín y Mahou; de ese modo madrileño de ser de barrio. Una mañana se despertó en A Fonsagrada "enamorado del monte en común". Esa figura germánica de propiedad rural, tan gallega, fue como un rayo que partió en dos su convicción profesional de ingeniero técnico forestal.
Ramón Rozadillas /XESÚS PONTE
photo_camera Ramón Rozadillas. XESÚS PONTE

Su hermano intentó emprender una carrera como cantante."Se presentó a concurso televisivo La gran ocasión, pero cantaba como Serrat y le decían que había uno". Ramón también era aficionado a cantar, pero le gustaba la música de empaque. "Desde muy pequeño cantaba ópera. Recuerdo que con 6 años o así las chicas mayores del barrio me pedían que les cantase "Fiel espada triunfadora...".

Los hermanos Rozadillas son "gatos" de varias generaciones, pero ambos salieron al extrarradio. Uno hizo Agrónomos y el otro, Forestales. En 1993 a Ramón le surgió un trabajo en servicio de extinción de fuegos de Becerreá. "Todo lo que sabía de incendios era haber visto la película 'El coloso en llamas', pero siempre he sido valiente y me vine".

"¡Descubrí el butelo y la cachola!"

Rondando Becerreá descubrió un lugar con un puñado de casas, Monteseiro, en A Fonsagrada. Pasó de vivir entre cinco millones de personas a hacerlo en un parroquia con 43 vecinos asentados en 11 núcleos. "Un 1 de noviembre intenté abrir la puerta de casa y no pude por culpa de la nevada. Tuve que salir por el tejado". Le aconsejaron que se lo tomase con calma, que la pala tardaría un par de semanas en despejar el camino. "Tenía un yogur en la nevera, pero me fueron invitando a comer de casa en casa. ¡Descubrí el butelo y la cachola!", expresa maravillado, con la misma emoción con la que te improvisa un área de Puccini o te desarrolla una explicación de las ventajas del monte en mano común para las políticas forestales. "Teníamos un pastizal muy grande en el que trabajábamos todos, pero después comíamos en el Teleclub unas tortillas inmensas".

Hubo una mañana en la que Ramón se despertó en Monteseiro y otra, hace tres años, en la que supo de la escuela de canto de Lourdes Santos, en San Roque. "Cuando era pequeño sabía que tenía algo en el pecho que me ayudaba a cantar si lo movía bien. Lourdes me enseñó que era el diafragma y que tenía que trabajarlo". Esa técnica le permite cantar fragmentos de Nessum dorma de Puccini. "Ahora estoy preparando E lucevan le estelle, que es difícil porque varían los tonos". El coro de Meira le permite mostrar sus avances. "Me tienen mimado, alguna vez me dejan cantar algún solo de Aleluya".

Un grupo de rock, el Habana 7

Pero antes de la lírica estuvo Habana 7, un grupo de rock y blues de A Fonsagrada que tocó el zenit de la gloria local con varios conciertos. Y regresa más atrás, a los tiempos de Madrid, en el que "iba a cantar a los piano bar, el antecedente del karaoke. Les pedía 'Feelings' de Paul Anka porque era la que mejor me sabía. También pedía algunas de Serrat, como Mediterráneo o Esas pequeñas cosas", pero nunca se apuntó a un certamen para probarse.

Durante unos meses de su juventud tuvo un videoclub, que es  otra negocio muy definitorio de los años 80, como los piano bar. Estaba en Segovia. La Granja queda a 11 kilómetros. "En La Granja había unha discoteca, El Chuletín. El dueño me preguntó si sabía pinchar. Le dije que sí". El Chuletín fue su coloso en llamas musical. "No sabía pinchar, pero tenía oído y tardé poco en aprender".

Ramón Rozadillas tiene 65 años, está a tres pasos de jubilarse. Se abre un tiempo nuevo en su vida para dedicárselo a su voz. Acaba el café, que se le ha quedado frío entre tanto ardor por la ópera y el monte. "Me hubiese encantado ir de gira con una compañía lírica interpretando Tosca, aunque fuese de coro".