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Vivir a cuerpo de puerco

Ramón Velo, Manuel Rodríguez, Dolores Fernández, Juan Antonio Ortega, Tamara Arango y Roberto Besteiro
Ramón Velo, Manuel Rodríguez, Dolores Fernández, Juan Antonio Ortega, Tamara Arango y Roberto Besteiro
La temperatura, el CO2, la humedad y el amoníaco condicionan la vida de los cerdos en las explotaciones y, por tanto, su productividad. Un grupo de la Escola Politécnica estudia cómo controlar estas variables para mejorar su bienestar, a la par que su rendimiento

El cerdo tiene fama de animal poco remilgado y de vivir en condiciones sanitarias poco exigentes, pero en realidad es un animal de salud frágil cuyo cebo precisa de mucho cuidado para evitar pérdidas descomunales. Un equipo de la Escola Politécnica Superior de Lugo estudia desde hace cuatro años cómo mejorar el modelo de explotaciones porcinas para hacerlas más sostenibles desde el punto de vista económico, medioambiental y de bienestar animal. La razón de esta fragilidad es que un cerdo de cebo «ten un nivel de inmunización moi baixo. Vive arredor de 200 días e inmunizalo ben neste tempo sería moi caro», explica Manuel Ramiro Rodríguez, uno de los coordinadores del equipo, que pertenece al grupo de Enerxía, Mecanización e Modelización Agroforestal, dirigido por Ramón Velo.

Debido a esa debilidad inmunológica, las condiciones de vida de los cerdos determinan en gran medida su bienestar, salud y productividad. Y también por esa misma razón, las granjas porcinas tienen un elevado nivel de bioseguridad, para evitar la entrada de virus, que harían estragos en la cabaña y provocarían un vaciado sanitario, es decir, significaría parar la producción, sacrificar todos los animales y desinfectar a fondo hasta el último rincón de las instalaciones. «Ter un nivel alto de bioseguridade tamén reduce o emprego de medicamentos», matiza María Dolores Fernández Rodríguez, la otra coordinadora del equipo.

Las explotaciones tienen distintas áreas, y las más sensibles son las de parideras y destete, donde se crían los lechones desde que nacen hasta que alcanzan el peso óptimo para ir al matadero. En la primera pasan 21 días, y en la segunda, se desarrollan entre los seis los veinte kilos de peso. En estas fases, necesitan unas condiciones de climatización y ventilación muy concretas, que han de estar muy controladas. Por un lado, la temperatura ha de ser la óptima -en destete se empieza en los 26 grados y se va bajando paulatinamente hasta los 18 grados que se alcanzan a lo 40 días-, pero debe haber ventilación suficiente para mantener los niveles de CO2, amoníaco y humedad dentro de unos límites adecuados. Sin embargo, a su vez, hay que evitar a toda costa las corrientes.

TEMPERATURA. Uno de los miembros del equipo, Juan Ortega, acaba de leer una tesis en la que desarrolla un sistema para controlar la climatización de la sala de destete. Ortega estudió la temperatura y otras variables y la interacción entre ellas y les aplicó luego un modelo estadístico basado en Arima (que también se usa para hacer modelos de las fluctuaciones de la bolsa) que permite anticiparse a los cambios.

Con este sistema, «tenemos la certeza de qué temperatura va a hacer en los siguientes 10 minutos y se pueden tomar las decisiones más adecuadas».

El equipo de investigación busca dilucidar cuál es la relación entre la temperatura, la variable más fácil de medir, y el resto, porque colocar sensores específicos para cada una de ellas en todas las dependencias resultaría caro e improductivo.

Con este fin, Tamara Arango trabaja sobre la medición y estudio del amoníaco, que en niveles superiores a los recomendados puede crear problemas sanitarios, como la irritación de las mucosas y, por lo tanto, mayor sensibilidad a la acción de patógenos. La humedad, por otra parte, también puede contribuir a que se presenten problemas respiratorios, como neumonías, mientras que el CO2 en niveles altos «atonta» a los cerdos, hace que tengan menos actividad y puede suponer dificultades para respirar. Aunque algunos parámetros no suponen riesgo alto de enfermedades, sí influyen en el bienestar y si este no es óptimo, los animales comen menos, engordan menos, son más proclives a las enfermedades y la productividad baja.

Por su parte, Roberto Besteiro, que tiene una beca predoctoral, se encargará de estudiar la actividad, una variable especialmente difícil de medir, pero que está directamente vinculada al bienestar y al estado sanitario de los lechones.

Los investigadores están convencidos de que el del porcino es un sector que aún tiene posibilidades de crecimiento en Galicia. Sin embargo, el volumen de estudios científicos es bajo en comparación con otros sectores ganaderos y muchas veces las respuestas a sus problemas le llegan de mano de las casas comerciales, que tienen sus intereses particulares, indica María Dolores Fernández Rodríguez.

El equipo también pretende, con su labor, mejorar la consideración social de los ganaderos de porcino. «A xente ten a idea de que é un señor que traballa nunha corte e está moi errada, son profesionais que saben o que fan, que lle preocupan os custes e as repercusións ambientais da súa actividade. Están máis profesionalizados do que a xente pensa», indica.

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