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Un banco lleno de excrementos de estorninos en el parque de Frigsa. ANA SOMOZA
Un banco lleno de excrementos de estorninos en el parque de Frigsa de Lugo. ANA SOMOZA
Vecinos de zonas arboladas de Lugo vuelven a sufrir la presencia de los estorninos, que son señal de un entorno sano

Como cada otoño-invierno, Lugo vuelve a sufrir los efectos negativos de la llegada de los estorninos pintos, los procedentes del norte y el centro de Europa, que se desplazan al sur en busca de mejores temperaturas y más comida. Unos efectos que se dejan notar especialmente en las principales zonas arboladas de la ciudad, las elegidas por estas bandadas de aves para descansar.

Además del ruido, la principal queja de los vecinos tiene que ver con los excrementos: los bancos, los elementos de los parques infantiles y de los cardiosaludables y, sobre todo, los coches aparcados en el entorno de las zonas elegidas por los estorninos quedan cubiertos de excrementos y, en muchos casos, inutilizados por la suciedad. Bien lo saben estos días los lucenses que viven o aparcan cerca del parque de Rosalía, del de Frigsa o de Ramón Ferreiro.

El Ayuntamiento adjudica cada año un contrato por miles de euros para el control de estas aves, para lo que se suele emplear una técnica combinada: sonidos grabados que las asustan, junto a grabaciones de los tonos de alarma de los propios estorninos y vuelos de aves rapaces.

No obstante, se trata de soluciones parciales, ya que generalmente lo único que se consigue es que desplacen su lugar de operaciones de un lugar a otro.

La clave de su presencia en la ciudad, como en prácticamente todas las de la península y el Mediterráneo, es que en su entorno, unos 50 o 60 kilómetros alrededor de la misma, encuentran suficiente comida. Y cuando la agotan, se van, aunque pueden regresar tantas veces como vean necesario y encuentren comida de nuevo.

Mientras existan recursos alimenticios en el entorno de la ciudad, los pájaros regresarán a Lugo cada tarde para descansar

En el caso de Lugo, los prados cultivados del entorno, muchos abonados con purines, son el hábitat perfecto para las larvas de tipula, uno de los insectos favoritos de los estorninos.

Por eso, mientras existan recursos alimenticios en el entorno de la ciudad, los pájaros regresarán a Lugo cada tarde para descansar, ya que la ciudad les proporciona más calor y más seguridad, ya que aquí no hay depredadores naturales como las jinetas, las martas o las garduñas. Las medidas que pueden aplicarse contra ellos son, por tanto, muy parciales.

CALIDAD DE VIDA. La contrapartida a todas esas molestias es que su presencia en la ciudad es un indicativo de que el entorno todavía es saludable medioambientalmente. De hecho, en muchos países la presencia de pájaros en las ciudades es un índice más a tener en cuenta para medir el bienestar, como lo son el acceso a la sanidad o a la educación.

En este sentido, hay algunos expertos que abogan por buscar otras fórmulas de convivencia con los estorninos y de destinar los recursos públicos a minimizar las molestias que puedan causar entre los vecinos en lugar de a ahuyentarlos ineficazmente.

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