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Marta Otero: "Viendo el trato a la música en España tenía claro que quería estudiar fuera"

Marta Otero, en el centro universitario de Linz donde estudia. EP
Marta Otero, en el centro universitario de Linz donde estudia. EP

La lucense Marta Otero, premio de la Xunta en la modalidad de música, se forma en Austria

Marta Otero Rodríguez es una apasionada de la música, a la que ha dedicado ya muchas horas de su vida a pesar de tener solo 18 años. Esta pasión la ha conducido a Austria, donde cursa en la actualidad los estudios superiores de música en la especialidad de viola. Estando ya en su primer año de estudios, se enteró de que había ganado uno de los tres galardones que concedió la Consellería de Educación en la modalidad musical dentro de los Premios Extraordinarios nas Ensinanzas Artísticas Profesionais, un broche de honor para las enseñanzas que cursó en el Conservatorio Profesional Xoán Montes de Lugo. 

Llegar a este premio no fue fácil y supuso mucho trabajo, sobre todo el último curso, porque compatibilizó el año final del grado profesional con segundo de Bac, ya de por sí bastante estresante. "Durante la secundaria, lo llevé bien; primero de Bac también fue bien, pero segundo fue una locura desde el momento en que entré en el aula hasta que el último día", asegura. Describe jornadas agotadoras de siete de la mañana a una de la madrugada con todas las horas milimetradas para atender a los estudios del instituto y del conservatorio. "Fueron días sin parar, quitándole horas al sueño para intentar sacarlo todo", añade.

Aunque  en el conservatorio se sintió muy apoyada, "era presión por los dos lados y yo no quería elegir", reconoce. No tuvo que hacerlo y el esfuerzo le fue recompensado: acabó las dos enseñanzas con excelentes resultados y en la selectividad, a la que se presentó por dejarla hecha aunque no le hacía falta, sacó un 11 sobre 14.

ELECCIÓN. Marta adora la música y tenía claro que seguiría formándose en ese campo. Cuando pensaba qué hacer al terminar el bachillerato "las opciones que barajaba siempre eran Música e Historia del Arte o Música y Matemáticas; me interesan muchas cosas, pero lo que sentía con la música no me pasaba con nada más", dice. Así que llegado el momento, la única duda era dónde estudiaría. "Viendo como está la cultura en España y cómo se trata la música tenía claro que quería irme fuera", cuenta ahora. Así se lo comentó a sus padres, que al principio dudaron. "Imagínate, la hija pequeña que, con 18 años, dice que quiere irse al extranjero", cuenta Marta con mucha gracia. Dudaron, pero accedieron. 

El destino elegido fue Austria porque un profesor al que había conocido en un curso en el conservatorio y cuyas clases le habían encantado le ofreció la posibilidad de estudiar en ese país. Marta se plantó en Linz con un curso básico de alemán que le permitió conocer las frases imprescindibles. Ahora que está sobre el terreno, hacerse con el idioma "está siendo más fácil". La mayoría de las clases son en esa lengua, explica, salvo las de viola porque el profesor es serbio y le habla en inglés, pero nada de eso es un problema insalvable. "La mayoría de los alumnos son extranjeros: de Italia, Grecia, también latinoamericanos y algunos españoles; somos muchos en la misma situación y eso facilita las cosas", apunta. 

Además del ambiente internacional, Marta alaba de su destino las facilidades que se da a los estudiantes. "Existe la idea de que estudiar en Austria es caro, pero es más barato de lo que se piensa. Hay muchas ayudas y las residencias, por ejemplo, son mucho más baratas". También encuentra diferencias en la actitud hacia la música. "La cultura musical que hay aquí es muy superior a la que hay en España" y a los músicos se les aprecia. "Aquí eres un universitario normal", dice Marta, a quien le enfada que en España los estudios superiores de música sean equivalentes a un grado universitario, pero ni estén adscritos a las universidades ni se les pueda denominar directamente grado. "Es frustrante porque estudias muchas horas, prácticamente tienes un examen cada semana y el nivel de exigencia es muy alto". 

De cara al futuro, le gustaría ser intérprete de cámara, aunque lo ve difícil porque "son muchas horas de trabajo en grupo e individual y aún así puede no funcionar" y también le seduce la enseñanza. En cualquier caso, siempre con la música en el horizonte.
 

850 euros y una distinción en el expediente
El premio extraordinario que concede la Consellería de Cultura conlleva un galardón de 850 euros  y un diploma acreditativo. Además, la distinción se refleja en el expediente del alumno y se hace constar en las certificaciones académicas. el galardón también abre la puerta a concurrir al correspondiente premio nacional.

Para participar en la convocatoria de la Xunta es necesario tener una nota media igual o superior al 8,75 en los dos últimos cursos del grado profesional.

Audición 
La nota media es el requisito mínimo para entrar en la convocatoria, pero además los aspirantes deben presentar una grabación de vídeo en la que interpreten tres piezas de diferentes estilos, de una dificultad no inferior al nivel de sexto curso de las enseñanzas profesionales de música. También cuentan otros méritos académicos y artísticos.

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