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Los vecinos aplauden la clausura de dos bares latinos en Camiño Real y Río Avia

Uno de los bares sancionados, Chin, en Camiño Real. VICTORIA RODRÍGUEZ
Uno de los bares sancionados, Chin, en Camiño Real. VICTORIA RODRÍGUEZ
La Policía Local cierra dos locales que acumulaban multitud de quejas y más de una veintena de actas de infracción

Hartos de denunciar una y otra vez las molestias generadas por varios establecimientos de hostelería de la zona, los vecinos de Camiño Real y Río Avia respiran por fin un poco más tranquilos tras la clausura de dos locales de ocio nocturno, que acumulaban más de una veintena de sanciones por diferentes motivos.

La Policía Local realizó en los últimos meses multitud de inspecciones en los establecimientos y detectó todo tipo de infracciones, tanto en lo relativo a los horarios de apertura y al volumen de la música, como en lo referente a las medidas de seguridad. Los agentes tramitaron más de una veintena de actas y su trabajo no cayó en saco roto, ya que el Concello acabó ordenando la suspensión de la actividad y el cierre de los bares.

Los agentes ordenan la retirada del equipo de música de otro establecimiento de la Rúa Nova multado varias veces

Los agentes de la Unidad Territorial de Policía de Barrio le notificaron la resolución al propietario del bar Chin, sito en el número 54 de Camiño Real. El local acumulaba numerosas propuestas de sanción por abrir fuera del horario permitido, poner música que impedía dormir a los vecinos, carecer de luces de emergencia, tener instalado el cableado sobre superficies combustibles o no disponer de la señalización de seguridad obligatoria, entre otras muchas deficiencias. Los policías comunicaron también el cierre obligatorio al dueño del bar Nagua, sito en Río Avia. En este caso, además de la suspensión de la actividad se le impuso una multa de 900 euros, ya que el establecimiento ni tan siquiera tenía licencia.

En ambos supuestos, los responsables tendrán que cerrar sus puertas al público y la Policía Local vigilará que se cumplan las medidas cautelares, aunque la clausura podría no ser definitiva. Para volver a abrir, los dueños de estos locales tienen que subsanar todas las deficiencias que detectaron los técnicos y solicitar de nuevo una autorización al Concello, que revisará las instalaciones para comprobar si cumple todas las normas.

[El Black, en la Rúa Nova. VICTORIA RODRÍGUEZ]

Los vecinos temen que los establecimientos clausurados se vuelvan a convertir en su mayor pesadilla, pero aplauden el cierre y consideran que puede servir para disuadir a otros locales que también generan multitud de quejas vecinales. "Por fin se toman medidas contundentes y esperamos que no vuelvan a abrir en dos días. Pero hay que tener en cuenta que estos locales no son los únicos que crean molestias, así que le pedimos a la Policía Local que no baje la guardia y que siga inspeccionando los bares que generan problemas de convivencia", dicen.

MÚSICA. Los agentes tuvieron otra intervención en el bar Black, en la Rúa Nova, donde instaron a los dueños a retirar el equipo de reproducción musical. Los agentes ya tramitaron varias actas de infracción en este establecimiento a lo largo de las últimas semanas, pero los responsables se resisten a acatar la normativa.

A finales de mayo, la Policía Local ya detectó en el local "una actividad inusual" para las circunstancias de aquel momento, en plena desescalada por la pandemia de Covid-19 y aún con notables restricciones para el funcionamiento de los locales de hostelería. Ante ese panorama, los agentes realizaron una inspección y detectaron la ausencia de geles hidroalcohólicos obligatorios, la falta de mascarillas en los trabajadores y la presencia de clientes sin mantener la distancia de seguridad. Además, el establecimiento superaba el aforo máximo establecido por la normativa sanitaria y estaba funcionando fuera del horario permitido. Y por si no fuera suficiente, tenía instalada debajo de la pantalla de LCD una barra potenciadora de sonido, también permitía a los clientes fumar en el interior y utilizaba un local anexo como terraza sin contar con autorización municipal.

En este caso, la normativa le ofrece al responsable del establecimiento la posibilidad de reconocer las infracciones que se le imputan, por lo que le impondrían una sanción de suspensión de actividad durante cuatro meses. Para volver a abrir, tendría que subsanar las deficiencias y solicitar autorización al Concello. Si no admite las infracciones, el procedimiento sancionador seguirá su curso.

En su afán por controlar la actividad de los locales de ocio nocturno y velar por la tranquilidad vecinal, la Policía Local realizó el pasado fin de semana otra inspección en un bar de la calle Salvador de Madariaga. Los agentes comprobaron que el local tenía sus puertas abiertas al público fuera del horario permitido, por lo que levantaron un acta de infracción.

[El bar Nagua, en Río Avia]

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