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CARLOS GARCÍA PORRÚA

"En la unidad de daño cerebral se puede ver mejoría en dos meses"

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Carlos García Porrúa. SEBAS SENANDE

Carlos García Porrúa, es el director médico del hospital Polusa, que está creando una unidad de daño cerebral adquirido para tratar de forma multidisciplinar, integral e intensiva a pacientes con lesiones neurológicas que hayan sufrido un ictus, con secuelas post-covid o tras una intervención quirúrgica

Como director médico del Hospital Polusa de Lugo, recientemente adquirido por el grupo Ribera Salud, Carlos García Porrúa se encargará también de coordinar al amplio equipo de especialistas que trabajarán en la unidad de daño cerebral adquirido y recuperación funcional, que pretende ofrecer una esperanza a pacientes en una situación desesperada.

El Hospital Polusa va a crear una unidad de daño cerebral adquirido para el tratamiento integral y permanente de estos pacientes. ¿Cuándo la tendrá en marcha?

Queremos que entre en funcionamiento a mediados de marzo, y lo haga ya a pleno rendimiento. En Galicia no hay prácticamente ningún centro así, y queremos que el Hospital Polusa sea la referencia.

¿Qué diferenciará esta unidad de la de otros centros?

Es una unidad de recuperación funcional. Está dirigida a pacientes con daño cerebral adquirido. Se trata sobre todo de personas que han sufrido un ictus, para ayudar en la recuperación de secuelas físicas, de movilidad, en el habla, en la deglución... También víctimas de traumatismos, como en accidentes de tráfico, o de personas mayores que se caen, se golpean la cabeza y presentan algún déficit. Cuando esto pasa, los pacientes van al hospital, y allíse les trata la fase aguda, se les da una primera asistencia para controlar el sangrado o los síntomas de isquemia hasta que se consigue estabilizar el cuadro agudo. Esa fase de hospitalización puede durar doce o quince días. En nuestra unidad los trataremos a partir de esa fase. Hay que intentar reeducar al paciente para que mejore lo suficiente como para que pueda tener una vida que le permita volver a reintegrarse en la sociedad, en su familia, siendo lo más independiente posible, que se pueda mover o mantener una conversación. El paciente permanece ingresado mientras dure la rehabilitación.

¿Con qué medios contarán?

Para ello en la unidad contamos con un equipo integral, con especialistas en rehabilitación, neurofisioterapia, neuropsicología, neurologopedia y terapia ocupacional. El apoyo neuropsicológico es muy importante, porque hay que evitar los periodos de decaimiento en el ánimo del paciente. También el logopeda para reforzar la articulación del habla, algo que va también ligado al riesgo de atragantamientos por la deglución. Y con la terapia ocupacional el paciente entrena pequeños truquillos para poder ir solo al baño, vestirse, completar su aseo, peinarse... para que tenga autonomía.

Aseguran ustedes que la mejora con esta terapia puede ser muy notable en uno o dos meses. ¿No es una periodo muy optimista para unas secuelas que suelen de evolución muy lenta?

Pensamos que en uno o dos meses se pueden obtener grandes avances en esta unidad. Lo primero es diagnosticar el problema, identificar los déficits motores, cognitivos y de habla para poder establecer un tratamiento personalizado. Y se trata también de establecer objetivos realistas, no de crear falsas expectativas, y de hacerlo de la mano de la familia. El tiempo siempre corre en contra del paciente, por eso es importante empezar la rehabilitación lo antes posible, en cuanto supere la fase aguda, para evitar atrofias musculares y también para impedir que el paciente se hunda, que vea que aunque al final del día acabe cansado eso es bueno porque ha hecho esfuerzos y está consiguiendo algo. Creemos que en un mes y medio o dos meses se pueden cumplir esos objetivos realistas, la familia tiene que entender que su abuelo, su padre o quien sea tiene unos déficits y que estos solo son mejorables hasta un punto. No queremos que salga un atleta o un agente de bolsa.

Para ello van contar también con tecnología de realidad virtual. ¿Qué esperan de ella?

En esta unidad, el grupo Ribera Salud, junto con la empresa Neurodigital Techonologies, va a poner a prueba una terapia con realidad virtual, para realizar también un estudio piloto a nivel nacional. Utilizaremos con el paciente unas gafas virtuales con las que podemos crear diversos escenarios: el baño, la cocina, la habitación... realidades que tendrá en su día a día y con las que podrá interactuar. Unos guantes con sensores le permitirá percibir cuándo lo está haciendo bien y cuándo mal.

¿Qué resultados ha obtenido hasta ahora con esta fórmula?

Hasta ahora nunca se ha aplicado esta terapia, pero confiamos en que dará buenos resultados. Creemos que ayudará a los pacientes y además servirá para recopilar datos y mejorar la terapia. Para pacientes con alzhéimer y con deterioros congnitivos podemos contar con aplicaciones que podrían ayudarlos a mejorar.

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