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Un total de 497 aldeas en la provincia de Lugo cuentan con un único habitante

Lino vive solo a sus 94 años.
Lino vive solo a sus 94 años.
Lugo concentra más de la mitad de los casos de Galicia, y cada 15 días registra la pérdida de una población

UN VALLE. Enfocamos un poco más: una aldea. Una aldea abrigada por las montañas. No es una imagen infrecuente, en Galicia están casi el 40% de las aldeas de todo el Estado, dato que revela la peculiaridad de la geografía humana del país de los mil ríos, del que hablaba Otero Pedrayo. Pero nos acercamos un poco más: un hombre, una mujer. Un único vecino para soportar tanta tierra. Y tanta soledad.

Esta situación no es algo infrecuente. Galicia despidió el 2016 con 918 aldeas con un único habitante, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (Ine). La provincia de Lugo concentra más de la mitad, con un total de 497 aldeas con un solo vecino (299 hombres y 196 mujeres), lo que supone el 5% sobre el total de la provincia. La agonía del mundo rural: despoblación, emigración, sangría demográfica y abandono institucional. Así se explican estos números, esta realidad que cada año se hace mayor en la provincia
de Lugo, la más castigada debido a la "forte pegada e presenza da sociedade rural tradicional, e un histórico proceso de urbanización lento e insuficiente", según indica Carlos Ferrás, profesor en el área de Geografía Humana de la USC y director del Grupo de Investigación Socio Territorial de esta universidad.

La comarca de Terra Chá es la que más núcleos concentra con estas características, con 102, lo que tiene su razón de ser, para Ferrás, en la forma tradicional de asentamiento, "que na montaña sempre foi menos denso en número de entidades".

La cifra de aldeas con un único habitante crece cada año. Desde el 2006, 128 fueron las que se sumaron a esa cantidad en la provincia. A su vez, esa cifra está relacionada con las 752 aldeas deshabitadas esparcidas en los municipios lucenses. Desde el 2006 hasta hoy, cada 15 días desaparece una aldea en la provincia. Una gota de la sangría demográfica que sufre Galicia y cae con dolor en la tierra, debido también al envejecimiento de la población y la alta mortalidad. "Hoxe temos aldeas de pensionistas que resisten, pero con data de caducidade. Imos asistir a un abandono e desaparción progresiva de milleiros de asentamentos rurais", indica Ferrás.

VECINOS-ALDEA. Cuando uno de estos vecinos desaparece, lo hace también una cultura y una lengua, y se resquebraja esa estructura que fue Galicia hasta los años 60 y 70, sin suficiente atención por parte de las instituciones.

El perfil de estas personas responde sobre todo a "xubilados, que viven illados en lugares rurais excéntricos, con moitos problemas para a comunicación e a relación social. Son o derradeiro eslabón dun proceso de abandono e desestruturación do mundo rural tradicional, que se extingue. Maioritariamente son propietarios da vivenda e dunhas terras que paseniñamente van abandonando e deixando de traballar. No proceso de abandono son as mulleres as que primeiro marchan debido ás difíciles condicións de vida e ao seu rol no seo dunha cultura familiar profundamente patriarcal", explica Ferrás.

Pero además de la soledad, muchas veces elegida ante opciones como vivir con los hijos en una ciudad o trasladarse a una residencia, los vecinos se quejan de los numerosos problemas que les genera la carencia de servicios. De la falta de médicos disponibles, o de secretaría de Extensión Agraria. De que el panadero o el cartero no lleguen hasta su aldea, del camino que ya nadie asfalta o que la máquina quitanieves no limpia, de la falta de luz, de los fallos en la línea telefónica, o de que, en caso de que les pasase algo, no tuviesen cobertura para avisar. Los trámites burocráticos, que normalmente exigen varias visitas a las oficinas de la administración, se vuelven aún más problemáticos. Y aunque los miedos a los robos están en un segundo plano, en este reportaje se evitan los topónimos de estos lugares donde vive un solo vecino o vecina.

A veces es una suerte que haya una cantina, para muchas personas el único punto de contacto en muchos kilómetros a la redonda; un verdadero centro social cuyo cierre supondría una pérdida enorme de calidad de vida para los vecinos. Lo mismo sucede en el caso del transporte público, tanto para quien supone un gasto excesivo la gasolina diaria como para aquellos que no pueden conducir.

La gestión de los servicios públicos sanitarios y sociales es un reto en estos lugares. Para Carlos Ferrás, la solución pasa por "construír un sistema de asentamentos eficiente e atractivo para os mozos e familias novas, que incentive a creación de milleiros de empregos en servizos e atención ás persoas maiores, que por xustiza social non deben vivir sos e illados ata a súa morte na aldea", indica. Pero esta urgencia queda aún lejos, como la aldea que se pierde en uno de los mil valles de Galicia.

Un total de 497 aldeas en la provincia de Lugo cuentan con un único...