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Un Lugo para no perderse

El río Miño, a la altura del puente romano. VICTORIA RODRÍGUEZ
El río Miño, a la altura del puente romano. VICTORIA RODRÍGUEZ

La capital, con tres bienes Patrimonio de la Humanidad, permite respirar Historia e invita a disfrutar con placidez de la vida

En Lugo coinciden tres Patrimonios de la Humanidad: la muralla, la catedral y el Camino Primitivo. Hay, por tanto, mucha historia que saborear. Pero Lugo es también una ciudad para dejarse llevar por el sosiego y disfrutar de los pequeños placeres de la vida.

La muralla es, por su carácter excepcional, una visita ineludible. Las vistas a veces enseñan ruinas, pero el recorrido permite darse el lujo de caminar por la única muralla romana completa que se conserva y también apreciar perfectamente cómo fue creciendo la ciudad dentro de ese recinto defensivo que Roma levantó cuando el imperio decaía y había que protegerse de los bárbaros.

La catedral, cuyo valor está también reconocido por la Unesco, es la segunda visita ineludible. Alrededor del templo orbitan las procesiones de la Semana Santa, pero hay mucho más que ver.

Para empezar, en la seo se condensa también buena parte de la historia de Lugo, antigua ciudad episcopal. Por tanto, en la catedral se encuentra un catálogo de los distintos estilos artísticos, desde el románico al neoclásico. No hay que perderse las restauradas pinturas del altar mayor, considerado el mejor conjunto de pintura barroca de Galicia, o una visita a la capilla de la Virgen de los Ojos Grandes, también barroca.

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Merece mucho la pena la visita al Museo Catedralicio, el más antiguo de Galicia, y el paseo por los tejados permite un estimulante paseo por la historia y por el arte. Esa visita acaba en el claustro, una joya diseñada, en su mayor parte, por el arquitecto Fernando de Casas Novoa, autor del Obradoiro,

En el claustro, levantado hace 300 años, uno además puede recrearse con algunas de esas anécdotas del pasado que permiten que vuele la imaginación. Es el caso de las grietas que abrió el terremoto de Lisboa y que nunca se repararon. Imposible evitar una sonrisa viendo los curiosos urinarios de los canónigos.

La catedral es uno de los ejes capitales del Camino Primitivo, el que recorrió el rey Alfonso II desde Oviedo hasta Santiago cuando tuvo conocimiento de la aparición de los restos del Apóstol. Fue el primer peregrino.

Hay mucho Camino que ver en Lugo, pero para los viajeros que no busquen ponerse en ruta una buena opción puede ser bajar hasta el río y disfrutar del entorno del puente romano.

En Lugo, Roma asoma por todas partes y el puente es una pieza excepcional de esa herencia. Fue durante siglos el único viaducto de la ciudad y hoy, restaurado, se ha convertido en el centro una de las zonas de ocio más plácidas.

Bastan dos rayos de sol para que los lucenses se echen a andar junto al río y en el puente confluyen paseos y locales donde ver la vida pasar tranquilamente.

Es un buen punto, además, para disfrutar del Miño. El gran río gallego en Lugo ya se ha hecho mayor y brinda grandes paisajes y obras singulares, como los caneiros, construcciones desde las que tradicionalmente se pudieron aprovechar los recursos fluviales. Si se quiere, volviendo al centro hay mucha más herencia romana que ver. La esencia se puede disfrutar en los pequeños museos arqueológicos, como la Casa dos Mosaicos,, construida en parte de una gran vivienda romana, o la Domus de Mitreo, donde se localizó el templo de Mitra más occidental de la península.

A pocos kilómetros, en Santa Eulalia de Bóveda, en una aldea con mucho encanto, se puede ver un templo tardorromano que está cargado de misterio y de magia. Se reabrió hace poco y la escapada merece la pena.

Un Lugo para no perderse
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