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La última moda, menores que revientan los tabiques del interior de O Garañón

O Garañón, a la espera de su demolición y convertido en vertedero. A.C
O Garañón, a la espera de su demolición y convertido en vertedero. A.C

Un grupo de adolescentes se dedicó este lunes a destrozar los muros de ladrillo

La moda cambia, pero no el riesgo. Adolescentes lucenses se dedicaban antes a subir a la última planta de O Garañón, sito en las inmediaciones del Parque Rosalía de Castro, para hacerse un selfi con el fondo de las espectaculares vistas que se pueden retratar desde la cumbre de este esqueleto de hormigón armado o a descolgarse para realizar pintadas en sus fachadas.

Ahora la moda entre los menores de edad es subir a alguna de las plantas de este fantasmagórico inmueble y peligroso edificio, cuyas obras llevan casi nueve años paralizadas, y dedicarse a reventar sus tabiques interiores de ladrillo golpeándolos con palos, barras metálicas o piedras. Eso fue lo que hizo este lunes, pasadas las siete de la tarde, un grupo de jóvenes lucenses.

Algunos vecinos que residen en las inmediaciones se asomaron a las ventanas de sus casas y comenzaron a gritar "policía, policía", por si así conseguían que los molestos inquilinos se marchasen. Cuando llegó una patrulla policial, los adolescentes ya habían emprendido la huida del edificio.

Con estos actos vandálicos estos jóvenes parecen seguir los pasos de la llamada terapia destructiva, que utilizan en otros lares para desestresarse.  

Una dotación policial acudió a esta urbanización abandonada pero no halló a los gamberros

Sea la moda del selfi, de las pintadas o de reventar los tabiques interiores, cualquiera de ellas entraña un grave riesgo. Para acceder a las plantas de esta torre es preciso subir por una escalera que no dispone de barandilla, ni de ninguna medida de seguridad que evite una caída al vacío en caso de que se produzca un tropezón.

Los riesgos no quedan ahí. Los huecos de las ventanas o de las puertas en las fachadas apenas cuentan con algún tope que impida precipitarse al vacío.

Aunque el recinto de O Garañón tiene un cierre perimetral, resulta fácil saltarlo para los irresponsables visitantes. Además, una de las puertas que impedía el acceso en la Rúa García Portela también fue reventada y ahora está abierta de par en par. Esa zona se ha convertido además en un vertedero incontrolado, que estaba lleno de latas y botellas de plástico de refrescos, entre otros residuos.

Esta interminable lista de actos vandálicos se produce mientras el Concello de Lugo todavía no ha decidido cómo va a acometer la demolición de estas torres, decretada por sentencia judicial. El promotor de la urbanización reclama una compensación económica de 26 millones de euros.

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