La Uci del Hula se abrirá a las visitas de menores a pacientes de larga estancia

El intensivista Miguel Ángel Fernández se hizo con la jefatura de sección y centró su proyecto en la humanización

El intensivista Miguel Ángel Fernández (centro) con el tribunal que acordó su jefatura de sección. EP
photo_camera El intensivista Miguel Ángel Fernández (centro) con el tribunal que acordó su jefatura de sección. EP

Los menores de 14 años podrán visitar a un familiar en la Uci del Hula cuando se trate de un paciente con una estancia prolongada. Esa es una de las propuestas incluidas en el proyecto con el que el intensivista Miguel Ángel Fernández optó a la jefatura de sección, puesto con el que se hizo la pasada semana.

Esa memoria que tuvo que presentar ante el tribunal se centró en gran medida en incidir en la humanización del servicio. El especialista admitió que las visitas de niños ya se han producido en algunos casos puntuales, tras conversaciones con las familias e incluso el asesoramiento de psicólogos clínicos, pero ahora se pretende extender a todos los pacientes que se puedan beneficiar. Admite que supondrá la ruptura de un cierto tabú, el que estimaba que los niños se verían abrumados por un lugar con una unidad de cuidados intensivos y, a la vez, que el paciente reposa mejor sin esas visitas.

Sin embargo, se ha comprobado que, en realidad, pueden resultar positivas para ambos. El acompañamiento de los pacientes que pasan largo tiempo en la Uci es beneficioso. Tal y como recuerda el doctor Fernández, elementos como las tablets con las que hacer alguna videollamada son ya comunes en estas unidades precisamente por el provecho que obtienen del contacto con sus familiares.

La de Lugo es una unidad abierta desde antes de la pandemia, según apuntó el intensivista, permitiendo el acceso de visitas en diferentes horas a lo largo de la tarde y no ciñéndose a una hora en exclusiva. La intención del servicio es ahondar en ese concepto, de manera que otra de las iniciativas que se quieren implantar es la de involucrar a las familias en el plan de cuidados, facilitando su presencia, por ejemplo, a las horas de las comidas.

Para ayudar a que los pacientes rompan con esa percepción de la Uci como lugar en el que no se distingue el día de la noche, cada uno de ellos tendrá a la vista en su box un reloj digital. Al mismo tiempo, el intensivista asegura que se trabaja para reducir los ruidos, especialmente en horario nocturno, y adecuar las luces, pese a que es una unidad que, evidentemente, puede recibir un ingreso en cualquier momento o puede precisar la atención a alguno que sufre un agravamiento y que, además, exige que sus profesionales estén pendientes y alerta en todo momento.

El doctor Fernández destaca que la Uci del Hula es una unidad multidisciplinar en la que todos los profesionales implicados tienen un papel clave. "Aquí somos como una familia", señala y recuerda que esa buena coordinación redunda "en una mejor calidad asistencial". Por este motivo, otra de las propuestas incluidas en su memoria es la petición de que se limite al mínimo la rotación del personal, de manera que se pueda fidelizar al máximo a aquellos trabajadores que llegan, se forman y especializan en la atención al paciente crítico y que además tienen interés en continuar en la unidad.

Además, su proyecto —que tal y como recuerda el intensivista está totalmente alineado con el implantado por la jefa de servicio, Ana Ferreiro— apuesta también por la extensión de la atención crítica a otros servicios del hospital. El Hula no cuenta con unidad de cuidados intermedios, pero los ucistas se coordinarán con otros servicios para ver a diario a pacientes que, tras una larga estancia en la unidad, puedan pasar a planta si cuentan con la supervisión compartida del intensivista y del especialista de su patología, evitando así prolongar el ingreso en Uci todavía más tiempo.

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