Terrazas vacías hasta el ocaso

La ola de calor deja sin clientela en las horas centrales del día a los bares, que empiezan a llenarse según van bajando las temperaturas
Terrazas de la Praza de Campo Castelo a última hora de la tarde. SABELA FREIRE
photo_camera Terrazas de la Praza de Campo Castelo a última hora de la tarde. SABELA FREIRE

Los termómetros lucenses superan los 35 grados durante esta semana, dejando la ciudad desierta en las horas centrales del día. Desde el mediodía hasta pasadas las ocho de la tarde, se vive la parte más dura de la ola de calor, que según lo avanzado por la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), tendrá una duración incierta.

Las altas temperaturas cambian los hábitos de los lucenses, que lejos de escoger el clásico terraceo, optan por planes que les permitan sobrellevar la ola de calor. "De las dos a las seis de la tarde el consumo es prácticamente nulo. A partir de las ocho es cuando se empiezan a llenar las terrazas", comentan desde el Café del Centro, situado en la Praza Maior. En los bares contiguos, se repite esta misma situación, la cual esperan que finalice lo antes posible.

Durante las seis horas que siguen al mediodía, la visión de terrazas y calles vacías se repite en estos días. Un estado poco habitual en la temporada estival de la ciudad. "Antes sí que había gente, pero es que ahora no hay nadie, ni en terraza ni dentro. Como no hay gente, aprovechamos para limpiar u otras cosas", explican desde la cafetería del parque Rosalía de Castro.

El calor también ha afectado a las comidas fuera de casa, ya que los clientes prefieren permanecer en sus domicilios para resguardarse. Por lo que, bares y restaurantes ven reducirse una fuente importante de ingresos.

A medida que se va poniendo el sol y van bajando las temperaturas, estableciéndose entre los 20 y 25 grados, las calles se van llenando, recuperando la vida habitual de los bares. "A partir de las ocho y media o nueve de la noche comienza a llegar la gente a las terrazas, que es donde más trabajamos en verano", dice uno de los trabajadores de la cafetería El Castillo, cuya terraza se extiende sobre la Praza de Campo Castelo. "Que coincide con el momento en el que mejor se trabaja", añade.

Los camareros y camareras de estos establecimientos sufren, además de la bajada de beneficios, el trabajo con temperaturas que, en algunos momentos, se acercan a los 40 grados. "Tratamos de beber mucha agua, refrescarnos como podamos y esperando a que acabe lo antes posible", explican desde la cafetería del parque Rosalía de Castro.

En el intento de paliar la situación, desde algunos establecimientos, como en el bar Dotmas del barrio de A Milagrosa, tratan de bajar algo las temperaturas. En este, riegan la calle, durante la mañana, para tratar de refrescar el ambiente. Si el calor continúa, la hostelería puede plantearse la instalación de ventiladores o pulverizadores de agua copiando a las terrazas del sur de la península. Con todo, no existe la convicción de su rentabilidad, "con el precio de la electricidad y de todo en general, no creo que compense meterse en más gastos", explica desde el bar El Castillo José López. Aunque, sí se llega a plantear un cambio de horarios ante un verano caluroso: "No descartamos cerrar de cuatro a siete de la tarde por la falta de clientes", añade.