"Terapia" para un 24-J "dantesco"

El subinspector lucense de la Policía Manuel Arias rememora cómo participó hace 10 años en el rescate de pasajeros del Alvia en Angrois
El subinspector Manuel Arias Veiga, con la instantánea de su auxilio a un pasajero del tren. SABELA FREIRE
photo_camera El subinspector Manuel Arias Veiga, con la instantánea de su auxilio a un pasajero del tren. SABELA FREIRE

Este lunes se cumple el décimo aniversario del que fue uno de los accidentes ferroviarios más graves en la historia de España, el de Angrois en Santiago de Compostela, en el que perdieron la vida 80 pasajeros y otros 145 resultaron heridos. Ese mal recuerdo no le va a desaparecer nunca al subinspector de la Policía Nacional Manuel Arias Veiga. Desde ese 24 de julio de 2013, cuando se acercan estas fechas, este agente lucense cuelga todos los años en sus redes sociales una instantánea que captó un reportero gráfico en la que aparece auxiliando a un viajero, un ciudadano norteamericano que a duras penas podía caminar.

Dice que "ese perfil provisional" supone para él "una terapia" que le permite sobrellevar ese trágico aniversario. "Me llegan muchos mensajes de ánimo y de cariño y me reconfortan un montón", afirma este subinspector.

"Siempre me quedará la espina clavada de si pude hacer algo más para ayudar a más gente", reflexiona este agente, que es actualmente el portavoz de la Policía Nacional en Lugo.

Manuel Arias estaba destinado entonces en la Unidad de Intervención Policial (UIP) de A Coruña. Esos días se encontraba en Santiago participando en el dispositivo de seguridad con motivo de las fiestas del Apóstol. A media tarde de ese 24 de julio había salido con su unidad del hotel de Padrón en el que estaban hospedados hacia la capital gallega para vigilar la Praza do Obradoiro y la Porta do Camiño.

Cuando estaba llegando a Santiago ya les informaron del descarrilamiento de un tren Alvia en la curva A Grandeira, a unos tres kilómetros de la estación compostelana. En vez de ir hacia el Obradoiro, como tenía programado, se encaminó con la unidad que dirigía, integrada por 14 agentes, a Angrois. La imagen con la que se encontró, según recuerda, fue "dantesca".

"Trataba de explicarme qué había pasado, si un atentado o un accidente, pero en 0,2, como dicen los jóvenes, reaccioné y me di cuenta de que había que ponerse en marcha para ayudar", dice este subinspector, que añade que "nos dedicamos a rescatar pasajeros, recoger materiales y mantas y habilitar un lugar donde los sanitarios pudieran atenderlos y las ambulancias trasladarlos a los hospitales. La carretera de acceso era muy estrecha y se producían problemas de tráfico".

"Aplicamos una especie de triaje a los pasajeros, de mayor a menor gravedad. Los trasladábamos a la explanada que acondicionamos para que recibiesen asistencia médica", señala.

El grupo de la UIP que dirigía Manuel Arias no solo prestó ayuda a los heridos. "Los pasajeros que salieron por su propio pie iban desorientados. No sabían dónde estaban. También les tuvimos que guiar. Invertimos parte de nuestros esfuerzos en ello", explica.

Recuerda que también asistieron a los técnicos de Adif para recuperar la caja negra de la locomotora, que quedó escorada al lado de la vía, para entregársela al juez que se personó en el lugar de la tragedia.

Manuel Arias hace votos para que el juicio por este caso que está a punto de concluir pueda reconfortar en parte a las familias de las víctimas, aunque es consciente de lo complicado que es superar las secuelas de esta desgracia.

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