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Un sondeo en la muralla muestra un cinturón defensivo de unos 60 metros

Los arqueólogos despejarán, por primera vez, la parte del foso más próximo a la muralla. SEBAS SEANANDE
Los arqueólogos despejarán, por primera vez, la parte del foso más próximo a la muralla. SEBAS SEANANDE
La cata arqueológica realizaba en A Mosqueira descubre la existencia de uno de los sistemas de ingeniería militar más avanzados del siglo III. El foso alcanzaría los 25 metros de anchura

Diecisiete siglos después de su construcción, la muralla todavía mantiene ocultos algunos de sus secretos. Pero estos días desvela algunos. La ingeniería militar romana más avanzada del siglo III fue puesta a disposición de los intereses de defensa de la urbe y el gran parapeto defensivo de Lugo se rodeaba de un cinturón de protección de unos 60 metros.

Así lo corrobora el sondeo arqueológico en A Mosqueira encargado por el área de infraestructuras, al amparo de las obras de humanización, que despejarán, por primera vez, la parte del foso más cercano a la muralla.

Este proyecto de documentación y catalogación, está dirigido por Roberto Bartolomé, de la firma Engobe Arqueología, quien asevera que el sistema defensivo contaba con una superficie o cinturón de 60 metros de ancho, y se iniciaría junto a las domus cercanas al recinto amurallado.

Esta gran cinturón es la suma de un foso que pudo superar los 25 metros de anchura, el intervallum o ronda interior de la muralla, que rozaría los 9 metros, los 7 del lienzo y los 6 del cubo. Actualmente, y aunque la cata arqueológica alcanzó una profundidad de poco más de un metro, ya se aprecia el interior del foso, relata Bartolomé.

"Esta situación obligaría a que el agua del foso estuviese limpia, para facilitar su evacuación, lo que implicaría unos cierres para el suministro"

Pese a ese avance en el conocimiento de la muralla, por el momento la excavación no aportó otros grandes hallazgos. Se han encontrado restos de cerámica de tradición popular de Bonxe y Sargadelos, fragmentos de ladrillos de la época romana, algunas monedas acuñadas en 1975 con la efigie de Juan Carlos I, e incluso bolsas de pipas de la década de los 70 del pasado siglo.

El investigador principal de esta exploración arqueológica cuenta a pie de obra que la muralla, hoy considera un monumento, es mucho más. Se trata de "una obra de ingeniería defensiva", remarca.

Bartolomé hace está afirmación apoyado en el hallazgo de las canalizaciones interiores utilizadas para la evacuación del agua, lo que pondría de manifiesto la existencia de agua en el foso defensivo. Ese hecho dificultaría cualquier ataque al enclave romano, pues contaría con una profundidad en torno a los 4 o 5 metros.

"Esta situación obligaría a que el agua del foso estuviese limpia, para facilitar su evacuación, lo que implicaría unos cierres para el suministro", cuenta Roberto Bartolomé.

CATA TRANSVERSAL. La muralla y su entorno han sido el centro de numerosas catas arqueológicas a lo largo del tiempo, pero esta tiene una particularidad: es la primera ocasión que se realiza una cata transversal. Un corte que dará a los arqueólogos una aproximación muy real de los distintos estratos de esta zona y de dónde se halla el inicio del foso.

Los trabajos de documentación y catalogación de los restos se prolongarán hasta la próxima semana.
 

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