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Pulpeiro: "Se sobrevive con la fórmula de la profesionalidad y la independencia"

Juan Carlos Fernández Pulpeiro, en uno de los pasillos de la Diputación. VICTORIA RODRÍGUEZ
Juan Carlos Fernández Pulpeiro, en uno de los pasillos de la Diputación. VICTORIA RODRÍGUEZ
Uno de los primeros titulados en Ciencias de la Información que dio Lugo, Juan Carlos Fernández Pulpeiro abarcó todos los caminos de la comunicación en sus casi 40 años en la Diputación

Se acaba de estrenar en la jubilación el pasado lunes y, de momento, casi no le dio tiempo a aterrizar en su nuevo estado. Sin embargo, él —hombre organizado y previsor— trabajó en la idea de esta nueva etapa vital desde hace meses. Por eso, ya tiene planes como, por ejemplo, hacer más ejercicio, cocinar, leer y —pandemia mediante— viajar.

Empecemos por el principio. ¿Cómo se convirtió en periodista?
Hice el Bachillerato entre Foz, donde nací, y Lugo, pero COU, en Madrid. Allí tenía dos opciones que me gustaban: idiomas o periodismo y decidí escoger estos últimos estudios. Tuve de compañeros a gente tan conocida como Manuel Cerdán o Nieves Herrero. Formaba parte también de un grupo de gallegos en Madrid. De hecho, estudié con Antón Galocha y casi con Paco Campos.

Lleva prácticamente toda su vida en la Diputación, desde 1981. ¿Trabajó antes en otros sitios?
Mi primer sueldo fue en Madrid, en TVE, cuando todavía estaba haciendo tercero, en plena carrera. Luego, estuve en el centro regional de TVE en Galicia, hice algo de cine independiente con Eloy Lozano, fui el primer corresponsal de La Voz de Galicia en A Mariña y enviado especial de El Progreso también en A Mariña. Mi primer reportaje fue sobre la fiesta de San Lorenzo en Foz. Y era corresponsal de El Ideal Gallego cuando me llamó Luis Cordeiro.

¿Cómo entró en la Diputación?
Fue una carambola. Cordeiro era de Palas pero tenía raíces familiares en Foz, de donde soy yo. Hasta entonces, él era el que hacía sus propias notas de prensa. Me llamó y empecé a trabajar.

Casi 40 años es mucho tiempo. ¿Hizo carrera en la Diputación?
Empecé como jefe de prensa de Luis Cordeiro pero luego fui creando departamentos como el de Publicidad, el de Servicios Tecnológicos, Relaciones Públicas y Protocolo, Publicaciones... y también fui responsable del Archivo, de Turismo y de Cultura.

¿Cumplió sus expectativas como periodista allí?
Mis expectativas siempre fueron provincialistas porque, al fin y al cabo, yo tenía contactos para quedarme en TVE en Madrid. Pero tuve siempre claro que que- ría dejar mi granito de arena en la provincia de Lugo y vi la oportunidad de mi vida con Cordeiro. Y tengo que decir que tuve siempre una absoluta libertad y que en la Diputación vi una evolución tanto democrática como tecnológica ya que cuando llegué la imprenta aún era una linotipia.

Cordeiro, trabajador; Cacharro, visionario; Besteiro, creativo; Candia, no dio tiempo; Campos, humilde, y Tomé, receptivo

Estaba usted hecho para la Diputación entonces...
Estaba hecho para la provincia y, como Administración provincial que es, evidentemente también para la Diputación.

Fue un afortunado, dado que este oficio no garantiza generalmente muy buenos empleos...
Bueno, los principios fueron duros. No había tanta salida profesional. Empecé más por la faceta técnica que por la literaria. Mis padres me compraron una cámara y ese fue mi despegue, como técnico de cámara. Incluso trabajé en la TVG. Más tarde, vendría la faceta literaria con la edición de veinte guías de ayuntamientos.

Condujo el primer gabinete de prensa que hubo en Lugo, ¿no?
Sí, fui pionero en muchas facetas pero fue porque coincidió. A nivel del protocolo, el de la Diputación fue de los primeros de España.

¿Se cuecen muchas habas en la Diputación, pese a que mucha gente no sabe ni qué funciones cumple esta administración?
Claro que se cuecen habas. No tiene el ritmo administrativo del Ayuntamiento pero la Diputación genera mucho movimiento ciudadano. En los últimos años, llevé Atención Ciudadana y es ahí donde ves los trámites administrativos que hace la gente.

Y a nivel político, ¿fue testigo de muchas tensiones últimamente?
Sí, pero, en su mayor parte, se buscaba el acuerdo entre ellos. Pocas veces hubo tensiones entre órganos ejecutivos. A los políticos, era frecuente verlos como amigos en sus reuniones internas y ante los medios de otra manera.

Cordeiro, Cacharro, Besteiro, Candia, Campos, Tomé. ¿Cuál es el secreto para resistir a tanto presidente en el tiempo?
Mi tema era la comunicación. Con Besteiro, me vinculé más al protocolo. Se sobrevive con una fórmula: profesionalidad e independencia, por un lado, y servicio público, por otro. Lo primero que le dije a Cordeiro cuando comencé era que quería actuar de forma profesional e independiente y eso me valió el respeto de los compañeros de los medios. Y a los otros presidentes, les dije lo mismo.

Cacharro estuvo veinticuatro años y usted, a su lado. ¿Aún se le ve como su mano derecha?
Con Cacharro, también trabajé con profesionalidad e independencia. Ahí se distingue ser un jefe de protocolo sin más a ser un jefe de protocolo vinculado al partido político del que gobierna.

Así es un poco más difícil ser independiente, ¿no?
Una institución es sagrada y no debe vincularse con el partido político de turno que está en el poder. Así que o ese profesional sabe diferenciar muy bien lo uno de lo otro o puede caer en el error de que no se entienda el mensaje que lanza desde la institución. ¿Es más llevadero el protocolo? Con el protocolo, siempre me regí por la ley pese a que había ciertos políticos que no asumían el lugar que les correspondía.

Está claro que es un complot basado en la venganza, la envidia, los celos y la soberbia

¿Se pegan por salir en la foto?
El político, en principio, no le da importancia al protocolo para nada hasta que llega el acto y descubre que tiene que darse a conocer y salir en los medios. Y los hay de dos tipos: los que quieren ser más protagonistas que nadie y los que se atienen a la ley. Suelen querer salir en la foto y cuanto más cerca del político con más poder, mejor. Este asunto me costó amistades con empresarios amigos míos, que querían colocarse en los actos en mejor posición.

Si tuviese que hacer un ránking de los presidentes de la Diputación, ¿dónde situaría a cada uno?
Cada uno tiene su historia. Cordero era muy popular y trabajador; Cacharro, un visionario y con una personalidad arrolladora; Besteiro era muy creativo y resolutivo; el mandato de Elena Candia fue breve, por lo que apenas dio tiempo para hacer una valoración; Darío destacaba por su sencillez, humildad y por su compromiso, y Tomé es receptivo, le gusta estar informado de todo y es muy decidido. Cada uno tuvo su personalidad y su contexto político diferente. Y esto es como el arte, es difícil decidir entre un Dalí o un Velázquez. El caso es que me llevé siempre bien con todos. 

¿Cuál de los presidentes con los que coincidió tenía más dotes para la comunicación?
Ramón Gómez Besteiro.

Sería por planta...
La planta influye. De hecho, en Protocolo sabemos de la importancia de la imagen, pero también era el equipo que tenía en torno y su creatividad en el cargo por la cantidad de programación que tenía en marcha. 

¿Esa creatividad pudo haber sido apagada por una jueza llamada Pilar de Lara?
Es el momento de que hablen los tribunales. Sobre esto no voy a hablar ni con respecto a mi caso, ni al de otras personas. Solo diré que las responsabilidades que asume uno en su cargo llevan, en algunos casos, a tener que defenderse y demostrar su inocencia en los tribunales. Para mí, está claro que esto es un complot basado en tres cosas: la venganza, la envidia y los celos y la soberbia.

¿Le costó muchos disgustos verse envuelto, en los últimos años, en una denuncia por acoso laboral y en el llamado caso Pulpo, en el que se le acusa de quedarse con dinero público del programa Kilómetro Cero?
Cuando surgen problemas, hay que afrontarlos de manera serena. También es importante, por otra parte, que haya un respaldo de la verdad y las pruebas. Puedo decir, además, que estoy muy agradecido a mis compañeros por todos estos años en la Diputación. 

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