"Si se cuida el aspecto emocional en la Uci, la gente se recupera antes"

El intensivista Gabriel Heras presentó en las jornadas de la Escola de Enfermería un proyecto de investigación que pretende humanizar las unidades hospitalarias de cuidados intensivos
Asistentes a las jornadas de enfermería.
photo_camera Asistentes a las jornadas de enfermería.

Las unidades de cuidados intensivos tienen una trayectoria «relativamente corta» en la historia de la medicina. Existen desde hace aproximadamente medio siglo y muchas ideas que rigen su funcionamiento, como los estrictos horarios de visitas, no tienen ningún fundamento científico. Eso concluyen algunos estudios que recoge el proyecto Hu-ci, una iniciativa surgida en España que ha dado pie a una red internacional de profesionales sanitarios que investigan sobre la humanización de los cuidados. Algunos de esos estudios demuestran que si se cuida el aspecto emocional -flexibilizando, por ejemplo, las visitas de familiares- «la gente se recupera antes, está más satisfecha y se gastan menos recursos», indicó Gabriel Heras, el médico intensivista que, con una reflexión sobre la atención sanitaria en este ámbito, puso en marcha el proyecto en febrero de 2014. Lo presentó por primera vez en Galicia en el marco de las jornadas que organizó en el Hula la Escola Universitaria de Enfermería de Lugo.

En su medio siglo de existencia, las Ucis han experimentado «un desarrollo tecnológico muy importante que ha permitido prolongar la vida de los pacientes y que enfermedades que eran sentencias de muerte puedan ser resueltas con facilidad, pero el ser humano ha quedado relegado detrás de las máquinas. Es hora de invertir los términos y poner a las personas en el centro, no solo a los pacientes, sino también poner en valor lo que hacen los médicos y las familias», explicó el doctor Heras. A su vez, también quiso dejar claro que aunque estas unidades se asocian con «sufrimiento, dolor e incluso muerte, el 90 de los pacientes sobreviven; en realidad son fuentes de vida».

El proyecto propone una serie de medidas para humanizar esta área de cuidados. Además de flexibilidar los horarios de visita, se plantea también cuidar a los profesionales, especialmente la prevención, diagnóstico y tratamiento del síndrome de burn-out; investigar las consecuencias emocionales y psicológicas de las estancias en los pacientes; mejorar la atención al final de la vida; recuperar la escucha en la consulta; hacer una arquitectura más humanizada; contemplar el cuidado emocional, con la integración de psicólogos en las ucis, tanto para pacientes y familias como para los profesionales, y dar formación a estos últimos para mejorar la comunicación, tanto con los enfermos como con sus allegados.

En los protocolos actuales sigue vigente un modo «paternalista» de ver el cuidado, en el que el médico decide qué es lo mejor para el paciente. Por eso, por ejemplo, las visitas están tan restringidas porque se considera que «es lo mejor para que esté tranquilo o para evitar infecciones, pero está demostrado que no es así», indicó Gabriel Heras, que considera que la familia «forma parte del proceso de curación», por eso las visitas deberían adecuarse a cada caso, como con los tratamientos.

También considera que hay aspectos poco tenidos en cuenta, como el control del ruido o la iluminación o facilitar el ritmo de sueño y vigilia. «Pequeñas cosas de las que no nos damos cuenta», pero que contribuyen a mejorar la curación, apuntó.

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