El secreto más famoso de Albeiros

A Fina no le ha hecho falta estar en una guía gastronómica para ser conocida. Sus vinos y tapas son un reclamo en media provincia.
Fina, con las bandejas de pinchos que la han hecho popular. SEBAS SENANDE
photo_camera Fina, con las bandejas de pinchos que la han hecho popular. SEBAS SENANDE

Si preguntan por la calle Pintarroxo es posible que pocos sepan decirle en Lugo cómo llegar. Pero no tengan miedo a perderse. Solo con pedir indicaciones para ir al bar Fina se van a ir encontrando con vecinos que sin dudar les dirán a la primera cómo dar con una taberna que, pese a su modestia, es conocida en media provincia. "Fina es más conocida que el pupas", resume un cliente.

Los torreznos de Fina, que a buen seguro no se perdería uno de Soria, son tal reclamo que hasta en Google aparecen no pocas referencias elogiosas. Pero a Fina –La Fina para buena parte de sus clientes y amigos– la fama no le ha llegado por las reseñas en internet, sino por un trabajo de cuarenta años que la han hecho, sobre todo, querida. Sus clientes son muchos y la mayoría son, antes que nada, amigos.

Fina sirviendo pinchos a sus clientes. SEBAS SENANDE
Fina sirviendo pinchos a sus clientes. SEBAS SENANDE

"Tengo clientes de cuando empecé, de hace cuarenta años", cuenta Fina. Y lo confirma Manuel Lozano, que ha pasado a mediodía a tomar algo en el bar que frecuenta desde hace décadas y que detalla que él, como otros amigos, viene habitualmente desde Castro de Rei a tomar un vino en ese bar escondido del barrio de Albeiros.

No es el único. Al rato llega un vilalbés, Javier, que cuenta que fue a Baralla con un amigo y, de vuelta a casa, decidieron "parar a tomarle un vino a Fina".

A los clientes les gusta el vino de Fina, traído de la zona de Chantada, que "es natural, sin sulfitos, cosechero, de bodega, auténtico", dice Javier, que, bromeando sobre el lenguaje de moda, apunta que "esto sí que son vinos de autor".

A la gente le gusta el vino que traigo, que procede de la zona de Chantada. Voy con mi hermana a buscarlo.

Y mientras van pasando clientes que proceden de distintas localidades de la provincia solo por estar un rato en el bar de Fina, al local llega también Antonio Díaz Calvario, un vecino de la zona de As Gándaras que es fijo en el bar desde hace cuarenta años y va todos los días. "La queremos mucho", dice Antonio para explicar la fidelidad de la clientela.

Y Fina confirma que la quieren y que los clientes, "que son amigos", no quieren pasar sin poder ir un rato a su taberna. De hecho, cuenta, hace poco la operaron de una catarata y tuvo que reabrir el bar a los quince días, aunque los médicos le recomendaban más tiempo de reposo. Adelantó el alta porque tanto ella como los clientes necesitaban volver a respirar ese ambiente de camaradería. Eso sí, ella abrió, pero son esos clientes-amigos los que se encargan de mover cualquier mercancía que pese. Saben que ella, para proteger el ojo, no puede hacer esfuerzos y asumen las tareas que ella no se puede permitir con tal de que el establecimiento esté abierto.

Se habla de todo, de política o de fútbol, pero no me acuerdo de que dos hombres hayan discutido aquí

En el bar se respira una confianza que, dice Fina, siempre va acompañada de respeto. "Aquí se habla de todo, de política o de fútbol y unos son del Madrid y otros del Barcelona, pero yo no me acuerdo de que dos hombres hayan discutido aquí", presume.

Y es de ese ambiente de confianza y respeto de lo único que alardea esta mujer, que llegó a Albeiros hace 40 años y está contenta de seguir con su "taberna de barrio del año catapún".

Confiesa que le han ofrecido locales céntricos, pero ella no quiere irse de este de la calle Pintarroxo, que hoy es suyo. Al fin y al cabo, clientes no le faltan y puede presumir de tener muy buenos vecinos, dice.

Me han ofrecido locales céntricos, pero yo estoy contenta con mi taberna del año catapún

Pese a ser un lugar escondido, a la taberna de la calle Pintarroxo, al fin y al cabo, llega gente de todas partes, recuerda Fina, que ha acabado siendo una especie de emblema de Albeiros pese a que llegó al barrio un poco por casualidad.

Y es que Fina Leiras Geada nació en Vilalba y llegó a Lugo desde A Coruña, donde trabajaba en casa de un médico, porque se casó con un bombero lucense. En su taberna acabó construyendo algo muy parecido a un hogar, hasta el punto de que en las paredes no faltan, por ejemplo, las fotos del marido, fallecido hace años.