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El salón no pasa la prueba del algodón

Kiosko cerrado de la Praza Maior. X.C
Kiosko cerrado de la Praza Maior. X.C

La Praza Maior presenta un aspecto descuidado debido a las deficiencias en el mobiliario urbano y el pavimento

Centenares de lucenses y visitantes pasan a diario por la Praza Maior, que es la encargada de causar una buena primera impresión. El salón de estar de los vecinos —el mismo en el que se celebran fiestas, actividades deportivas, manifestaciones, conciertos y desfiles— está lejos de estar presentable. La plaza principal no pasaría la popular prueba del algodón y presenta numerosas deficiencias, arreglos e improvisaciones poco propias de la portada del libro que es Lugo.

Un paseo por la Praza Maior permite ver muy rápido las reparaciones necesarias. Falta una parte de la base de un arco de la casa consistorial, un recuerdo que dejó un camión en las últimas fiestas de San Froilán. Delante de la sede del Concello se encuentra una terraza apilada alrededor de una farola y el cristal reventado no ayuda a dar armonía al espacio.

Las vallas advierten a los paseantes despistados sobre los peligros de la plaza. Al lado de los soportales laterales, el cordón evita que los vecinos pisen sobre unas losetas levantadas y en la zona del jardín otras vallas evitan que nadie pise sobre una alcantarilla dañada.

No todos estos peligros están señalizados. El pavimento se levanta en otros puntos de la céntrica plaza sin ninguna advertencia, lo que puede llevar a tropezones. Tampoco en la zona ajardinada se pueden evitar los traspiés, la falta de arena hace muy fácil chocar con los registros y bordes, y hasta algunos alcorques están rotos.

MÁS MEJORAS. Los turistas pasan a diario por la Praza Maior ante un kiosko que lleva años inactivo pero con unos aseos que podrían aprovecharse. Sin embargo, ni se retira ni se abren los baños por lo que solo sirve para generar sensación de abandono. También tienen dificultades para leer los textos de alguno de los monumentos en honor a escritores gallegos, ya que el color de las letras se ha gastado.

Una mano de pintura sería necesaria además en los bancos de la plaza, gastados tras años bajo el sol y la lluvia, e incluso las bases de algunas papeleras, que podrían estar más cuidadas.

El salón no pasa la prueba del algodón
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