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Sale a la luz el estudio de los quince esqueletos hallados en la catedral de Lugo

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Dos de los esqueletos hallados en 2007. ARCHIVO
La investigación ha sido publiada en la revista científica International Journal of Osteoarchaeology

Quince esqueletos y 955 huesos. Ese fue el material con el que contaron tres investigadoras —Olalla López-Costas, de la USC, Gundula Müldner, de la Universidad de Reading, en el Reino Unido, y Kerstin Lidén, de la Universidad de Estocolmo, Suecia— para tratar de descifrar, siete siglos después, quiénes eran los dueños de esos cuerpos y qué forma de vida tuvieron en Lugo. Los hallazgos salieron a la luz en 2007, en una excavación arqueológica llevada a cabo con motivo de las obras en la capilla del Pilar, en la catedral.

Desde entonces hasta ahora, se sucedieron distintos estudios históricos, antropológicos y geoquímicos con el fin de reconstruir las historias biológicas de estos lucenses enterrados en la catedral. Una investigación compleja cuyos resultados acaban de ser publicados este mes en la revista científica International Journal of Osteoarchaeology, basada en un estudio macroscópico y radiológico de los 955 huesos, un análisis multiisótopo de muestras humanas y animales y la revisión de 1.407 documentos de los archivos de la catedral lucense.

Las heridas traumatológicas de los esqueletos podrían también ser causadas por actividades diarias

Estos estudios determinaron que, de los quince esqueletos, seis eran de niños, siete de hombres adultos y uno, de una mujer. Todos ellos tenían varias heridas traumatológicas. Las investigadoras concluyen que estas lesiones podrían haber sido provocadas durante las distintas revueltas que hubo en el Lugo del siglo XIV en las que, al menos, tres obispos se enfrentaron al Ayuntamiento por las llaves de la ciudad y también en el asedio de Lugo por el rey Enrique II en una guerra civil contra su hermano Pedro, apoyado por el consejo de la catedral.

Pero, además, la investigación añade que las heridas traumatológicas de los esqueletos podrían también ser causadas por actividades diarias —fundamentalmente, porque había fracturas de costillas y de falanges de los dedos—, aunque también hay constancia de lesiones cerebrales más propias de episodios violentos.

La memoria de estos huesos informa, por otra parte, de una curación de varias de estas lesiones, de lo que se deduce que estas personas eran de una alta clase social ya que tuvieron acceso a cuidados médicos. En uno de los casos, sin embargo, los huesos determinaron que su dueño había sufrido una infección pulmonar de carácter crónico.

La dieta también se refleja en el esqueleto. Los huesos de los hombres delatan que estos consumían proteína animal procedente no solo de carne, sino también de pescado. Pero su alimentación pudo haber sido más amplia ya que documentos catedralicios revelan que los foros se pagaban con centeno, huevos, aves de corral, ovejas, cerdos y anguilas , de ahí la ingesta proteica de los dueños de esos cuerpos. Los huesos de la mujer, en cambio, desvelan que su ingesta de proteínas fue menor que la de los hombres.

Todos los individuos —excepto uno que es 200 años más antiguo— vivieron entre los siglos XIV y XV

No hay restos, sin embargo, del consumo de polisacáridos como el azúcar de caña, lo que se debe a que este alimento —abundante en el sur de la península por la conquista árabe— tardó en llegar al noroeste de la península.

Todos los individuos —excepto uno que es 200 años más antiguo— vivieron entre los siglos XIV y XV y sus huesos hablan de una alta calidad de vida. Es probable que los hombres fuesen miembros del cabildo catedralicio, pero no obispos, o también parientes nobles del prelado Pedro López de Aguiar, que construyó la capilla del Pilar, de acuerdo con el registro documental catedralicio.

En cuanto a los niños, el artículo publicado por estas tres investigadoras en el International Journal of Osteoarchaeology apunta que estarían vinculados a la nobleza. También se piensa que podrían formar parte de la escuela de la catedral o, incluso, que podrían ser hijos de sacerdotes.

Los estudios isotópicos y paleopatológicos sugieren que todos ellos tuvieron una vida activa, en la que viajaron mucho y, al menos uno de ellos, iba frecuentemente al centro de la península.

Por lo que respecta a su origen, los huesos revelan que la mujer y uno de los hombres eran de Lugo pero cuatro individuos vivieron cerca de la costa, quizá en las Rías Baixas o Portugal. El consumo alto de vino, del que da fe su esqueleto, los delata ya que esta bebida procedía de esas áreas geográficas.

Todos ellos sufrían de artritis
Una de las conclusiones más generales de este estudio multidisciplinar es que prácticamente todos los adultos sufrían de osteoartritis, lo que también dejó huella en sus huesos. Los dueños de estos cuerpos no se murieron demasiado viejos, aunque en la época sí comenzarían a serlo ya. De esta forma, los análisis demostraron que todos ellos superaban los 40 años y solo uno de ellos andaría por los 30.
Estatura
Siete de los esqueletos de adultos machos demuestran, por otra parte, que los enterrados no eran, en vida, muy altos. Su estatura rondaba 1,68 metros, oscilando cuatro centímetros arriba o abajo.

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