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Una rutina entre el paritorio y la cancha

Cristian Martín Vázquez. SEBAS SENANDE
Cristian Martín Vázquez. SEBAS SENANDE
Tanto se le puede ver asistiendo un parto como pitando en un partido de baloncesto. Matrón y árbitro a la vez, Cristian Martín, sobrevive, con gusto a dos oficios sometidos a mucha presión

Si por su gusto fuese, no lo presentaríamos en esta sección como matrón sino como matrona, pero el diccionario admite los dos géneros. Él, Cristian Martín Vázquez, se decanta por definirse como matrona porque considera que esta profesión estuvo, durante toda la historia, en manos de mujeres. Lo que no quita, por otra parte, que los hombres también puedan ejercerla. De hecho, ahí está él.

Este chico de 29 años es matrón. O matrona, como él y ustedes prefieran. Por sus manos pasaron, por ahora, unos 300 niños a los que ayudó a nacer en el antiguo Materno, en el Hula y en el Hospital Universitario de El Bierzo, donde buenamente toque cuando lo llamen para cubrir una plaza eventual. Enfermero de formación, Cristian descubrió la que sería su vocación cuando un día de su etapa de residente en el antiguo Materno le tocó ir al paritorio.

"Me impresionó la fuerza de la mujer al partir y el nacimiento. Y me di cuenta de que era el trabajo más bonito"

"Aquel día me convencí de que quería ser matrona. Me impresionó la fuerza de la mujer al parir y el nacimiento. Y me di cuenta de que era el trabajo más bonito del hospital porque allí, en el paritorio, trabajamos con dos vidas: la de la madre y la del bebé. Nunca había visto un parto en directo y es algo que impacta. Los partos son bonitos. Especialmente, si la mujer está empoderada y logra parir sin epidural, siguiendo el ritmo de las contracciones. En ese momento, es como si la mujer estuviese en el planeta Parto y tú estás allí como espectador. También es muy bonito entrar en el libro de vida de la pareja, que te agradece tu trabajo de haber ayudado a nacer a su hijo,como sucede muchas veces", explica.

Este matrón comenzó su formación como residente en 2017 en el Hula, después de cinco años preparando el acceso y trabajando como enfermero. Un día se plantó y, tras haber ahorrado lo suficiente, decidió dejar de trabajar y preparar durante un año, de forma intensiva, el examen del EIR (Enfermero Interno Residente). Un examen duro cuya preparación lo ocupaba ocho horas diarias. Su plan funcionó: aprobó ese mismo año quedando en el puesto número 200 de toda España y, desde entonces, va a donde lo llamen.

"Desde que aprobé siempre estuve trabajando pero pasé por muchos sitios: por el Hula, pero también por los centros de salud de San Roque, Fingoi, Vilalba, Viveiro, Mondoñedo y Castro de Ribeiras de Lea. El último destino, en el que ya terminé, fue el Hospital Universitario de El Bierzo, donde logré un contrato estable de tres meses", comenta.

No hay más matrones en Lugo que él. No fue el primero aunque, quizás, sea el segundo. "En Lugo, ahora mismo, soy el único pero sé que en los 80 hubo otro", matiza.

"En el paritorio, hay dos vidas en juego y hay mucha presión. En la cancha, también la hay de otra manera, pero la hay"

Cristian es matrón de lunes a viernes pero el sábado y el domingo cambia el paritorio por la cancha. Allí arbitra partidos de la liga LEB Oro, la Segunda División del baloncesto. Comenzó con 13 años, cuando todavía jugaba en el Estudiantes. Hasta los 17, jugó y arbitró. También entrenó al Estudiantes y al Rosalía de Castro.

"Busco un equilibrio entre mi trabajo como matrona y los partidos que tengo que arbitrar. Muchas veces me veo obligado a cambiar de turno con una compañera pero quiero seguir siendo árbitro porque esta actividad es un complemento ideal a mi trabajo. Ahora mismo, si me fallasen cualquiera de las dos facetas, me sentiría incompleto", dice.

Como matrón o como árbitro, la presión está permanentemente presente en su cuerpo. Sin embargo, por ahora la asume y con gusto. "En el paritorio, hay dos vidas en juego y hay mucha presión y responsabilidad. En la cancha, también la hay de otra manera, pero la hay. Tanto en un caso como en otro, no me preocupa. Yo mismo me presiono a mí mismo, soy riguroso y tiquismiquis y hago una preparación física de ocho horas a la semana, además de preparar los partidos, ver vídeos o hacer tests de reglas. Pero puedo con todo", afirma Cristian.

Una rutina entre el paritorio y la cancha
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