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Roma trajo a Lugo los perros y gatos domésticos y consolidó el cerdo

El historiador Carlos Fernández ofrece este viernes una charla en O Vello Cárcere

La romanización del noroeste de la península trajo cambios de todo tipo. La invasión trajo nuevas especies, nuevos hábitos de consumo y la creación de urbes con clases pudientes. El profesor de prehistoria de la Universidad de León, Carlos Fernández Rodríguez, ofrece una charla en la vieja cárcel, este viernes a las 20.00 horas, sobre todos los detalles de la ganadería y caza en la Galicia romana.

Los huesos tienen mucho que contar. Fernández trabaja como zooarqueólogo, un campo que investiga los huesos y restos duros de animales que han sido consumidos o han convivido con pueblos antiguos. De esta forma se pueden realizar lecturas sobre sus hábitos de consumo, alimentación y día a día.

A través de los hallazgos se sabe que una de las mayores novedades que introdujo Roma fueron las nuevas "variedades" caninas, desde perros pequeñitos hasta enanos. "Son perros que pueden tener en la cruz entre 25 y 30 centímetros", destaca Fernández como una particularidad.

El historiador Carlos Fernández. AEP

Estos mismos animales no tendrían ninguna otra función más que como mascotas, un gran contraste con los perros empleados en el rural para el pastoreo y la protección. Su presencia se debió ver asociada al surgimiento de una clase acomodada en zonas urbanas. "También puede que asistamos al momento de la primera llegada de gatos domésticos en el noroeste de la península", añade el historiador como curiosidad.

Esta misma clase acomodada y urbana, como la de Lucus Augusti, disfrutaba de la caza de forma lúdica, especialmente la de ciervo, corzo y jabalí. Esta misma práctica estaba asociada con el estatus y el prestigio.

Carlos Fernández Rodríguez: "Los poblados indígenas que se mantuvieron en los castros siguieron con la misma tónica de antes"

La presencia de las clases pudientes significaba también la llegada de productos inimaginables para los nativos. "Es el caso de productos marinos que llegan a zonas de interior", comenta el experto, que describe la influencia necesaria para que se mandasen productos romanos como telas, alimentos y otras comodidades al interior de la antigua provincia romana.

En las zonas rurales del noroeste peninsular la situación era muy diferente. "Los poblados indígenas que se mantuvieron en los castros siguieron con la misma tónica que antes", explica Fernández. La alimentación se mantuvo casi intacta, aunque sí que emplearon tecnología y productos romanos en sus poblaciones.

LA PRESENCIA DEL CERDO. La ganadería sí se vio influida por los invasores mediterráneos. Los pueblos indígenas solían criar ovejas y cabras en las zonas costeras, dónde los pastos eran menos abundantes, y vacas en el interior. Los nativos también contaban con cerdos, pero en menor medida. La romanización trajo consigo el gusto por una carne estrella en la gastronomía gallega actual.

"Los romanos tienen una prefrencia por la carne de cerdo frente a la de oveja y cabra", destaca Fernández, que añade que puede que no fuese solo cuestión de gustos. La llegada de los romanos significó la creación de asentamientos rurales como villas y granjas, algo que facilitaba enormemente la cría de estos animales y su potencial para ser vendidos.

Roma trajo a Lugo los perros y gatos domésticos y consolidó el cerdo
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