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HISTORIAS DE LUGO

Represión en formato multa

Parte del fin de la Guerra Civil publicado en la portada de El Progreso. PEPE TEJERO
Parte del fin de la Guerra Civil publicado en la portada de El Progreso. PEPE TEJERO

Ochenta años después del fin de la Guerra, se puede decir que no toda la represión franquista fue política. También existió la represión económica a través de incautaciones, multas, confiscaciones, pillajes, suscripciones patrióticas o responsabilidades civiles.

Sellos procombatientes emitidos en Lugo. EPSimpatizar con la República no solo costó vidas, también costó dinero. Incluso se podría decir que arruinó familias. En Lugo, este tipo de represión —de cariz económico— fue especialmente fuerte ya desde el mismo inicio de la guerra. El historiador y profesor de la Universidad de Vigo Julio Prado Rodríguez cifra —tras consultar los archivos del Banco de España— en 471.520 pesetas la cuantía que los lucenses pagaron en multas desde el inicio de la Guerra Civil, en julio de 1936, hasta finales de ese mismo año.

"A cantidade que se pagou en multas en Lugo, nos primeiros seis meses da Guerra Civil, foi enorme. Daquela, o salario dun xornaleiro agrícola era de 5 pesetas diarias. Polo tanto, as 471.520 recadadas nese tempo é moito diñeiro para a época. Impoñíanas o gobernador militar ou o gobernador civil. Eran sancións por desafecto ao Movimiento Nacional, relacionadas co pasado político e social dos lucenses, por ter sospeita de ter votado ao Frente Popular (de esquerdas) ou por participar en sindicatos", explica Julio Prado, que acaba de publicar el resultado de siete años de investigación y cuatro más de compilación de datos en Marcharon con todo. La represión económica en Galicia.

El dinero que se pagó en Lugo en multas supera con creces al de otras provincias gallegas.  En Ourense, en el mismo periodo de tiempo, el importe de las sanciones fue de 33.000 pesetas

"As chamadas suscricións patrióticas eran, en teoría, voluntarias pero, en realidade, non era así. A xente que se negaba a contribuír ou que contribuía pouco arriscábase ao pago dunha multa moito máis grande que o que iba dar", explica Julio Prado.

Otro motivo de multa eran las ofensas al bando franquista. "Un ‘me cago no Generalísimo’ era considerado como unha ofensa aos símbolos do Estado e iso iba en contra da constitución da nova orde política e social", comenta el historiador.

Este sistema de imposición de sanciones tenía una finalidad claramente recaudatoria para contribuir al sostenimiento de la retaguardia del bando franquista. "Había unhas milicias armadas e falanxistas que cobraban un salario persoal", cuenta Prado.

También se ejercía presión sobre el pago de donativos para el Ejército franquista. En la mayoría de los casos, no eran voluntarios. No pagarlos era castigado con multa.

Esta masiva imposición de multas en Lugo comenzó a descender en enero de 1937, cuando se regulamentó el procedimiento de sanción.

"Xeralmente, o comandante militar recibía un informe do cura ou dun falanxista sobre outra persoa e impoñía unha multa. Estas sancións non eran recurridas. Se non se ingresaban os cartos, embargábaselles", explica Julio Prada.

El importe de las multas fue variando a lo largo del tiempo según el tipo de infracción cometida y los bienes que tenía la persona que iba a ser sancionada.

FUXIDOS. La razón por la que el bando franquista fue especialmente duro con las multas en Lugo en los primeros meses de la contienda es debido, entre otras cosas, a que fue una provincia en la que hubo un gran número de fuxidos.

"En Lugo, especialmente nos concellos limítrofes con Asturias e na Montaña , houbo moitos fuxidos. Entón, aquí, os comandantes militares fixeron o seguinte razoamento: Se alguén fuxiu ante a chegada das tropas iso débese a que esta persoa é unha desafecta ao bando franquista, razón pola que deberá ser multada e pola que, tamén, se lle deben incautar os bens", explica el historiador Julio Prada.

COMANDANTE. Otro motivo por el que hubo tanta multa en Lugo puede estar relacionado, en su opinión, con la personalidad del comandante militar destinado en cada zona.

"Non actúa igual o comandante militar de Lugo có de Ribadeo ou Monforte. Nos primeiros meses da Guerra Civil, as autoridades militares de cada provincia actúan sen directrices. Por iso, en cada sitio é diferente a aplicación destas medidas sancionadoras", apunta Julio Prada.

La situación variaba dependiendo de las ciudades, según los datos recopilados por el profesor de Historia de la Universidad de Vigo. En Ourense, por ejemplo, se ponían menos multas pero estas eran más grandes.

En Ferrol, las sanciones eran similares a las de Lugo pero el motivo era distinto: no había fuxidos pero sí, en cambio, había personas que alguna vez habían asistido a mítines de izquierdas.

Los lucenses, los más reacios de Galicia a pagar las suscripciones patrióticas
En la sucursal del Banco de España en Lugo había una cuenta a nombre del Tesoro. En esa cuenta, se reflejó que solo en el mes de abril de 1937 los lucenses aportaron 2,4  millones de pesetas a la guerra a través del bando franquista, que dominaba esta zona.
Aunque la cantidad era importante para la época y también para el nivel económico de la mayoría de la gente, los lucenses fueron los gallegos más reacios a contribuir con este tipo de donativos, también llamados suscripciones patrióticas. De hecho, ese mismo mes de abril de 1937 la recaudación en Ourense fue el doble: 5 millones de pesetas.

Incautaciones
La misma cuenta del Tesoro que había en el Banco de España refleja otro dato: la incautación del dinero a las sociedades obreras lucenses, en el inicio de la guerra, que ascendió a 26.232 pesetas.
Pero no solo se incautaba dinero, también se incautaban propiedades y ganado. "En Lugo e A Coruña, incautouse moito gando á xente considerada esquerdista, e tamén se requisionou para suministrar de carne as tropas", explica el historiador Julio Prada.

Requisas
Pese a que pueda parecer lo contrario, las requisas no fueron una medida de represión económica, ni tampoco un castigo político dado que los bienes solían ser devueltos. Se requisaba de todo en función de las necesidades del Ejército: coches, ganado, pisos para el alojamiento de las tropas, hospitales para los heridos...
"Moitas viúvas víronse obrigadas a arrendar o piso ou parte do piso nestas requisas. Non obstante, nestes casos non houbo represión porque os bens foron devoltos trala Guerra e tamén os propietarios dos edificios eran indemnizados co pago dun aluguer, aínda que moitas propiedades sufriron danos", dice Julio Prada.

Represión en formato multa
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